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quinta-feira, 18 de outubro de 2018

Mujeres Peninsulares entre Portugal y España. Maria Isabel B. Carneiro. «… con otra hija de los Reyes Católicos, la jovencísima Doña María, que sale de España en 1500. El casamiento se celebra en Alcácer do Sal, a 30 de octubre»

Cortesia de wikipedia e jdact

«(…) Recién llegada a la Corte, la nueva consorte sufre el agravio de que, indiferente a su belleza, el marido pone los ojos en una de sus damas, la portuguesa Guiomar de Castro. Tal rechazo bien podría haber sido la causa de que su hija homónima, nacida en 1462, tuviera por padre a Beltrán de la Cueva. Sea como fuere, el, quizás injustificado, apodo de Beltraneja supuso para la infortunada princesa ver en el trono que le pertenecía a la hermana de su padre. Caro pagó las liviandades de una madre infeliz! Lo cierto es que ni el propio Alfonso V de Portugal pudo ayudar a su sobrina; y la madrileña Doña Juana murió en Lisboa el año 1530, sin renunciar a su condición de reina de Castilla. La madre había dejado de existir en Madrid el 13 de junio de 1475 (se retiró a vivir ejemplarmente en el convento de San Francisco en un cuarto sobre la portería. En 1475, es la primera reina que en Madrid acaba sus días, los Reyes Católicos le hicieron un rico mausoleo de alabastro fino sobre cuya tumba nos informan Quintana, León Pinelo, Argote de Molina, en sus conocidas historias locales. Marañón recuerda que a ella se le debe la introducción del guardainfante para ocultar sus concepciones ilegítimas). En 1465 había ido a Portugal en infructuoso viaje para pedir ayuda contra los nobles que habían proclamado rey al Infante Don Alfonso, en Ávila.
La infanta española Isabel, hija de los Reyes Católicos, sale de España en 1490, para casarse con el Príncipe heredero D. Alfonso, hijo de los reyes de Portugal Juan II el Magno y Doña Leonor. Don Alfonso muere en Santarem el 12 de julio de 1491. Esta muerte y el asesinato de Juan II, en 1495, determinan el acceso al trono de Don Manuel I el Afortunado, que decide tomar por esposa a la infanta viuda. El contrato se firma a 30 de septiembre de 1496; Isabel entra de nuevo en Portugal al año siguiente. Previsiblemente, la providencia parecía destinarla a un papel más importante que el de reina regente. La prematura muerte de su hermano Don Juan, en 1497, sin descendencia, la había convertido en heredera del trono de Castilla y posiblemente de Aragón; cuando menos, su hijo Don Miguel ceñiría las tres coronas. A efectos de este reconocimiento, vuelve a España para verse con sus regios padres. La parca implacable actúa de nuevo y cambia el rumbo de las dinastías portuguesa y española. Isabel muere de parto en Zaragoza, en agosto de 1498; dos años después, el infantito Don Migue.
Manuel I necesita descendencia. Nada mejor que cubrir la vacante con otra hija de los Reyes Católicos, la jovencísima Doña María, que sale de España en 1500. El casamiento se celebra en Alcácer do Sal, a 30 de octubre.

Raras vezes na história dos povos, uma árvore genealógica produziu tantos ramos que se entrelaçaram num sistema de alianças que cobriu totalmente o século XVI. Tem interesse a sua enumeraçao, porque a crise dinástica de 1580 radicou na sucessao dos filhos de D. Manuel e D. María, cuyos herdeiros invocaram entao os mais hábeis argumentos para a obtençao do trono vago. Por isso, a descendência d’O Venturoso merece ser considerada pelas implicaçoes que teve, nao apenas no quadro nacional, mas ainda na história europeia do tempo.

De los siete vástagos que procrea este matrimonio, dos de ellos, Don Juan, el heredero, e Isabel se destinan respectivamente a Catalina y Carlos, hijos ambos de Felipe el Hermoso y Juana la Loca. La vida de la reina Doña María fue breve, pero fructífera e intensa. Quizás convenga también a ella el apodo de afortunada: le cupo en suerte participar de uno de los períodos más gloriosos y prósperos para la historia de Portugal, política y culturalmente. Se vió inmersa en la estética del fausto, una de cuyas plasmaciones artísticas la constituyó el arte manuelino… Digamos que, cuando menos, fue una espectadora privilegiada y a la vez protagonista de lo que en el argot teatral se llama un papel bombón». In Maria Isabel Barbeito Carneiro, Mujeres Peninsulares entre Portugal y España, Doctora en Letras por la Universidad Complutense de Madrid, Península, Revista de Estudos Ibéricos, nº 0, 2003.

Cortesia daPenínsula/RevistaEIbéricos/JDACT

Mujeres Peninsulares entre Portugal y España. Maria Isabel B. Carneiro. «La Infanta Juana, hija de Duarte de Portugal y de Leonor de Aragón (nació en Almada (Portugal), adonde se había trasladado la familia real huyendo de la peste. Hija póstuma de D. Duarte…»

 Cortesia de wikipedia e jdact

«Desde nuestra atalaya del siglo XXI echamos una mirada retrospectiva y las vemos intercambiarse por diversos espacios geográficos de la piel de toro, dejando superpuestas sus huellas femeninas, que diferenciamos bajo el gentilicio de portuguesas o españolas. En realidad, mujeres peninsulares que dejaron su impronta positiva o negativa, como corresponde a la espécie humana. Mi modesto homenaje al Profesor José Adriano Carvalho, consiste en mostrar un reducido a la vez que representativo elenco de mujeres vinculadas a nuestra historia peninsular. Protagonistas de situaciones y actuaciones de diversa índole, sus trayectorias fueron muy diferentes. Algunas, las menos, regresaron a su tierra natal; otras, nunca volvieron a pisar el suelo patrio. Este muestreo, por tanto, lo constituyen mujeres que representan la varia y compleja condición humana, cuya respuesta ante un mismo estímulo es imprevisible. Al hacer recuento de su bien o mal obrar, a veces se resalta la nacionalidad como un rasgo caracterizador. Experimentarían ellas en vida esos prejuicios? A mi modo de ver, las divisiones político-geográficas establecidas por el hombre, no implican una idiosincrasia peculiar; si acaso, pueden influir los factores geográficos determinados por la naturaleza.
En general, las féminas, desde el más bajo al más alto nivel social, fueron objeto de tráfico, moneda de cambio, para satisfacer intereses de todo tipo. Los enlaces dinásticos supusieron un continuo trasegar, no sólo de las mujeres destinadas a reinas consortes sino también de las que éstas llevaban consigo a su servicio. Emigrantes forzosas, presas de saudade, unas; otras, de morriña, cabe considerar más afortunadas a las que no salieron de la Península. Quedan atrás muchas de ellas cuando, en agosto de 1447, Isabel, hija del Infante Don Juan y de Isabel de Barcelos, deja Portugal para unirse al rey Don Juan II de Castilla. La memoria de esta Isabel aparece ensombrecida por dos actuaciones horrendas: la muerte de Don Álvaro de Luna, su mediador matrimonial (el aciago fin de este valido parece responder a las intenciones del propio rey; quizás lo que deba atribuirse a su esposa Isabel sea la maquinación, por cuanto, según refieren las crónicas: como el Rey Don Juan ya tuviese gran desamor al Maestre de Santiago (…), dijo a la Reina que le dijese qué forma le parecía que se debía tener para que la prisión del Maestre se pusiese en obra) y el atroz tormento que inflige a Beatriz Silva, pariente suya selecionada en Portugal para formar parte de su séquito en calidad de dama. Quizás ambos crímenes contaran con el estímulo de una exacerbada celotipia. Se achaca la demencia que acusó tras la muerte de su marido a posibles remordimientos; en realidad, la celotipia ya es síntoma de patologia demencial. Lo paradógico es que la perversión de esta reina engendró una santa y, su vientre, la soberana más paradigmática de España: Isabel la Católica. A ella correspondió cerrar los ojos de tan turbulenta madre el 15 de agosto de 1496, en Arévalo.
En cuanto a Beatriz Silva, hija de Ruy Gómez de Silva e Isabel de Meneses, hay dudas sobre si nació en Ceuta, siendo su padre Alcaide de la ciudad hacia 1424, o en Campo Mayor, de donde también lo fue más adelante. Ejemplo de familia itinerante entre España y Portugal, lo cierto es que Beatriz pasó la infancia y parte de su juventud entre ambas poblaciones, hasta que se traslado a Castilla, como queda dicho, con la temible reina Isabel. A partir de entonces, ya permaneceria en España para siempre, extendiéndose su memoria universalmente, perpetuada en los altares y a través de una nutrida descendencia de concepcionistas franciscanas. No procede que nos detenhamos ahora en la biografía de esta santa; pero sí quiero reflejar una anécdota que relatan las Crónicas de Fray Marcos de Lisboa, al referirse a su huída de la Corte camino de Toledo para refugiarse en el Monasterio de las Dueñas de Santo Domingo el Real.

(…) En este camino fue confortada por el Señor con otro aparescimiento, y oyó que la llamaban en lenguaje Portugués, y volviéndose a ver quién la llamaba, vio venir dos frailes de S. Francisco.

Estos frailes, nada menos que Francisco de Asís y Antonio de Padua (mas bien habría que decir de Lisboa),

saludáronla con palabras de mucha consolación, y no sólo le quitaron todo el temor, y angustia de su alma, mas entre otras muchas palabras le dijeron que fuese muy segura y cierta, que con el favor de la madre de Dios sería ella madre de muchas hijas, muy benditas, y nombradas, y estimadas en el mundo.

La Infanta Juana, hija de Duarte de Portugal y de Leonor de Aragón (nació en Almada (Portugal), adonde se había trasladado la familia real huyendo de la peste. Hija póstuma de D. Duarte, se educó con su madre en Toledo); por ende, hermana de Alfonso V de Portugal, es obligada a contraer matrimonio con Enrique IV de Castilla, que había fracasado en sus primeras nupcias con Blanca de Navarra. La boda se celebra en Córdoba el 21 de mayo de 1455». In Maria Isabel Barbeito Carneiro, Mujeres Peninsulares entre Portugal y España, Doctora en Letras por la Universidad Complutense de Madrid, Península, Revista de Estudos Ibéricos, nº 0, 2003.

Cortesia daPenínsula/RevistaEIbéricos/JDACT

quarta-feira, 29 de março de 2017

À volta do casamento do infante Pedro. Douglas Mota Xavier Lima. «Pedro aparece na “idade adulta” quando resolveu casar (trinta e seis anos), aliás, próximo da “maturidade”»

Cortesia de wikipedia e jdact

«(…) A descrição cronística dessa missão diplomática é oscilante nas informações oferecidas, pois afirma ser o infante Pedro o noivo buscado pela rainha da Sicília, depois indica que Duarte era o objecto da negociação e que o Infante era uma proposta secundária no consórcio (a partir da crónica, é possível inferir que a proposta de envolver Pedro na negociação foi de João I, não da rainha da Sicília, como o próprio Zurara afirma no capítulo anterior, visto que o rei formou a embaixada como uma forma de dissimulação pois sabia os problemas implicados no estatuto do Infante, a qual cousa eu sei pelo requerimento que me ela enviou fazer que me prouvesse de casar meu filho o Infante dom Pedro, a qual cousa eu sei bem que certo ela não há-de fazer; empero a aproveitará muito semelhante cometimento porquanto meus embaixadores terão azo de ir e vir por acerca daquela cidade, Ceuta, onde poderão devisar todo o que lhe por mim for mandado), e finaliza com a menção do descontentamento da rainha perante a proposta de casamento com o secundogénito português (trata-se de dona Branca I de Navarra, esposa de Martin I, o Jovem, rei da Sícília e herdeiro de Aragão; após a morte deste, em 1410, Branca permaneceu à frente do reino da Sicília até 1415).
É possível inferir que alguma proposta de casamento possa ter surgido na cidade de Viena em inícios de 1426, visto que, de acordo com Albert Starzer, o baile oferecido ao Infante, na chamada casa de Praga, foi largamente concorrido pelas damas da cidade. Contudo, com a excepção desta inferência a partir do estudo de Domingos Maurício Santos, não há outra informação que envolva o tema do casamento durante a viagem. Sabe-se que os casamentos entre famílias régias eram, sobretudo, um acto político, comumente lento na condução das negociações, o que se dava em virtude das estratégias políticas das casas reais e das disponibilidades de noivos e noivas das mesmas. Tais dificuldades e frequentes mudanças de políticas matrimoniais possibilitavam vários casos de nobres que não contraíam casamento, sendo emblemático o exemplo do infante Henrique. Todavia, aos trinta e seis anos, Pedro casou-se.
Tal aspecto, a idade do Infante, chama a atenção e demanda uma reflexão pormenorizada, a qual não aparece valorizada na bibliografia que trata do casamento dos infantes avisinos. Perspectivas gerais sobre as idades na Europa do período, trazem a seguinte indicação:













Idades

Segundo este esquema, Pedro aparece na idade adulta quando resolveu casar (trinta e seis anos), aliás, próximo da maturidade. No entanto, para não fundamentar uma posição apenas em perspectivas genéricas, espacial e temporalmente, veja-se a seguinte consideração de Duarte acerca das idades:

Idades segundo Duarte I

Estes apontamentos foram feitos pelo próprio irmão de Pedro que, ao estabelecer esta teoria das idades, permite que a decisão do casamento seja redireccionada para o início da decadência da vida do homem. De qualquer forma, pelos elementos já levantados, mostra-se nítido que o matrimónio do duque de Coimbra foi decidido numa idade avançada da sua vida, facto que também ocorreu com Duarte I, que casou aos trinta e sete anos. Não obstante, antes de finalizar esta observação e a fim de oferecer ainda mais elementos que corroborem a posição tomada, recupera-se um novo levantamento sobre o tema, este feito por Armindo Sousa abordando a média de vida dos reis, rainhas e príncipes:


Idades e médias de vida (1300-1500)

In Douglas Mota Xavier Lima, À volta do casamento do infante Pedro, UFOdoPará, ICE, PCHumanas, Santarém, Brasil, Revista Medievalista, Nº 21, Janeiro-Junho 2017, Universidade Nova de Lisboa, FCS e Humanas, FC e Tecnologia, ISSN 1646-740X.

Cortesia da RMedievalista/FCT/JDACT

À volta do casamento do infante Pedro. Douglas Mota Xavier Lima. «Assim, é importante notar que os quatro casamentos dos filhos legítimos de João I e Filipa ocorreram nos anos de 1420»

Cortesia de wikipedia e jdact

«(…) João I e dona Filipa tiveram oito filhos, dos quais dois faleceram. Dos seis infantes, apenas dois não casaram, Henrique e Fernando, mesmo tendo existido oportunidades nesse sentido. O primeiro a casar-se foi o penúltimo filho, o infante João, em Novembro de 1424, matrimónio que uniu o infante à sua sobrinha, única filha do conde de Barcelos, dona Isabel. No entanto, tal enlace, somado ao de Afonso com a filha do Condestável, representa uma tendência secundária das uniões estabelecidas pelos filhos de João I, visto que de oito filhos (legítimos e bastardos), quatro casaram fora de Portugal. A partir das fontes acerca das negociações matrimoniais de Afonso, dona Beatriz e do infante João, pode-se entrever que estas transacções não conheceram delongas, sendo o casamento da infanta com o conde de Arundel o que mais se protelou. A constatação reitera-se na observação das negociações que envolveram os matrimónios de Duarte I, Pedro (o Regente) e dona Isabel, pois este segundo conjunto de casamentos reafirma a tendência de que a procura de um marido ou de uma esposa por um príncipe era um processo longo e complexo. O estabelecimento de dois conjuntos de casamentos, sendo o primeiro representado por Afonso, dona Beatriz e João, e o segundo por Duarte I, Pedro e dona Isabel, permite ainda que se delimitem distinções entre as consequências de cada um dos grupos de matrimónios para a dinastia de Avis. Acredita-se que ambos reforçaram os laços avisinos dentro e fora de Portugal, contudo também reflectem momentos diferentes do reinado de João I. Os primeiros ocorreram num período de busca de afirmação e legitimação dinástica, para o qual a aliança do rei com os Lancaster (1387) já tinha contribuído, com os problemas internos apresentando-se como difíceis obstáculos, e o segundo conjunto de consórcios deu-se num contexto de consolidação e ampliação das alianças externas existentes até então.
Assim, é importante notar que os quatro casamentos dos filhos legítimos de João I e Filipa ocorreram nos anos de 1420. Chama ainda mais atenção o facto de três casamentos terem ocorrido entre Setembro de 1428 e Janeiro de 1430. Destes, o enlace do herdeiro (1428) foi investigado no citado estudo de Dias Dinis, no qual se expõe a importância do matrimónio para as relações ibéricas do período. O principal consórcio foi o de dona Isabel (1430) com o duque da Borgonha, que consolidou a presença portuguesa no norte europeu. E o casamento de Pedro? Tal como outros aspectos da vida do duque de Coimbra, o enlace mostra-se um obscuro, porém crucial, momento na trajectória biográfica do viajante das Sete Partidas.
Portanto, para finalizar as considerações sobre a política matrimonial de João I, afirmamos que os casamentos dos anos de 1420 foram reflexo de uma nova etapa da diplomacia portuguesa. A posição interna de Avis já estava estabilizada e a aliança inglesa estruturada e reafirmada com o consórcio de Beatriz. A conquista de Ceuta (1415) tinha permitido a construção de uma imagem do reino e da dinastia reinante articulada com os valores cristãos e com a defesa da Cristandade, elementos que favoreciam a honra da família real avisina no cenário das casas principescas. Por fim, os casamentos do período demonstram o esforço do reino de Portugal em consolidar-se no cenário político ibérico, mormente através da aliança com Aragão e, ultrapassando este quadro diplomático tradicional, enrijecer os laços com o mar do Norte, por meio do enlace com o ducado de Borgonha.
A fim de organizar a exposição sobre o enlace do Infante, orientaremos a discussão de acordo com os seguintes tópicos: as anteriores propostas de casamento; o momento do enlace, como etapa da vida de Pedro; a escolha da noiva, dona Isabel de Urgel; o casamento e as suas consequências. As primeiras menções sobre propostas de aliança matrimonial envolvendo o infante Pedro aparecem em dois documentos do rei Martin de Aragão, datados de Aabril de 1410, no qual o monarca expõe o interesse de casar a infanta dona Leonor de Urgel, ou com Duarte ou com o Infante. Novas alusões surgem alguns anos depois, de acordo com o texto da Crónica da Tomada de Ceuta, ao descrever o envio dos embaixadores portugueses à Sicília. Esta missão teve como pretexto tratar do matrimónio proposto pela rainha viúva, dona Branca, com o infante Duarte, ou com Pedro. De acordo com Zurara, após descartarem o avanço das negociações com o príncipe herdeiro, os enviados portugueses afirmaram que João I via com prazer que o casamento da rainha se concretizasse com o secundogénito. Contudo, ainda segundo o cronista, a rainha ficou mui pouco contente com a posição da embaixada, visto que lhe parecia que seu estado receberia abatimento, mandando ela, primeiramente, tratar casamento com o infante Duarte, que era herdeiro do reino, e tornar a casar com o infante Pedro que era sojeito a seu irmão por razão de sua primeira nascença». In Douglas Mota Xavier Lima, À volta do casamento do infante Pedro, UFOdoPará, ICE, PCHumanas, Santarém, Brasil, Revista Medievalista, Nº 21, Janeiro-Junho 2017, Universidade Nova de Lisboa, FCS e Humanas, FC e Tecnologia, ISSN 1646-740X.

Cortesia da RMedievalista/FCT/JDACT

terça-feira, 31 de janeiro de 2017

Cultura no 31. À volta do casamento do infante Pedro. Douglas Mota Xavier Lima. «… entam juntamente com o infante Eduarte seu Irmao requererom a seu Padre licença, a qual lhe de todo foi denegada…»

Cortesia de wikipedia

«(…) Acrescenta-se que, mesmo trazendo mais vestígios acerca das acções de dom Pedro, esta crónica informa pouco sobre a sua juventude. A Crónica do Conde Dom Pedro de Menezes apresenta algumas menções ao Infante, sendo interessante por mostrá-lo ajudando na defesa do reino perante possíveis ataques de Castela, e por indicar um zelo de João I com o filho que queria participar na campanha de socorro enviada a Ceuta (o cronista menciona que dom Pedro foi pelas suas terras levando notícias da organização da campanha de auxílio a Ceuta; o mesmo tinha muita vontade de integrar a campanha, chegando a tentar disfarçar-se para embarcar nos navios que partiriam; no entanto, após ser descoberto o Infante foi requerer permissão do rei para seguir com as tropas; eis a descrição de Zurara sobre a resposta de João I: entam juntamente com o infante Eduarte seu Irmao requererom a seu Padre licença, a qual lhe de todo foi denegada, mandando, que todavia o Infante Dom Enrique partisse logo com a frota, como ante tinha determinado; e que o Infante Eduarte, e o Infante Pedro se fossem ambos ao Algarve, e hy ouvessem seu conselho, e o que lhes parecesse, pozessem em obra; por mais que o trecho indique que somente dom Henrique foi designado para chefiar a campanha, em nenhum momento transparece que o rei visava prejudicar de alguma forma o filho Pedro; antes parece que monarca João I buscou, nesse contexto, proteger os dois filhos mais velhos de qualquer incidente na campanha africana; assim, afirma-se a ideia de zelo do rei que procurava resguardar os herdeiros directos da coroa e manter a protecção militar do reino).
Para além dos textos cronísticos citados, os principais documentos acerca do Infante provêm da chancelaria régia e demarcam a formação do seu património em torno de Coimbra, concentrando-se no período regencial. Todavia, essa especificidade das fontes prejudica uma visão global e mais detalhada, itinerários, contactos, actuação na Corte, do seu percurso de vida (Baquero Moreno, por exemplo, publicou um estudo acerca dos itinerários do Infante, no entanto, se restringiu ao período da regência (Os itinerários do Infante D. Pedro 1438-1449; na mesma obra, Moreno considera que o largo período entre o nascimento e a morte de Duarte I constitui uma etapa da vida do Infante que mal se conhece e tantas vezes se distorce em função de uma atitude raras vezes isenta de algum preconceito, O Infante Pedro e o ducado de Coimbra). Assim como João I e Duarte I, Pedro também se afirmou como escritor de importantes tratados e epístolas, além de actuar como tradutor. A sua obra mais conhecida é a Virtuosa Benfeitoria, e entre os textos destinados ou oferecidos ao irmão e futuro rei, soma-se o Livro dos Ofícios. Por fim, uma das faces mais citadas da intervenção epistolar do Infante, a Carta de Bruges, escrita durante a sua passagem pela Flandres, oferece indícios da sua actuação na corte portuguesa. No início da carta o Infante informa a origem da fonte, ou seja, um pedido enviado por Duarte I, indicando também que a prática de dar conselhos ao irmão era anterior à escrita da epístola (per vos me foy mandado em hu uosso regymento que despois que fose em esta terra uos fizesse hu escrito d aujsamento tal como o outro que me vos destes). A carta mostra a habilidade político-administrativa de dom Pedro e demarca a sua actividade como conselheiro, o que permitiu que fosse visto como um representante mais qualificado deste pré-renascimento cultural em Portugal. Observa-se que a produção das obras se insere num período de quinze anos (1418-1433) e auxilia-nos na inserção histórica do Infante no contexto anterior e subsequente ao casamento. Destarte, tal como Baquero Moreno, reafirma-se que são escassas as informações sobre a instrução recebida e as experiências vivenciadas entre 1392 e 1415, ano do nascimento e da conquista de Ceuta, respectivamente, e mesmo acerca do período que vai até 1438, início da regência de dom Pedro em Portugal.
É ponto comum na historiografia portuguesa, sob o peso das palavras de Oliveira Martins em Os Filhos de D. João I, a defesa de que a primeira metade do século XV foi marcada pela actuação ímpar dos ínclitos infantes de Avis. Nesse quadro laudatório, os casamentos são pouco explorados, com excepção do enlace de dona Isabel, porém permitem-nos observar a política matrimonial do monarca João I. O novo rei português, ainda na posição de Mestre de Avis, fora pai duas vezes, Afonso (c. 1380) e Beatriz (c. 1382), sendo essa descendência ilegítima usada como base para o alargamento da política matrimonial. Nesses anos de afirmação dinástica e ainda sem contar com filhos da rainha dona Filipa em idade nubente, o novo monarca estabeleceu uma estratégia familiar capaz de promover um fortalecimento interno, casamento de Afonso, e uma ampliação das relações externas, consórcio de Beatriz (o casamento de dona Beatriz, filha natural de João I, com Thomas Fitzalan, conde de Arundel, paradigma documental da negociação de uma aliança)». In Douglas Mota Xavier Lima, À volta do casamento do infante Pedro, UFOdoPará, ICE, PCHumanas, Santarém, Brasil, Revista Medievalista, Nº 21, Janeiro-Junho 2017, Universidade Nova de Lisboa, FCS e Humanas, FC e Tecnologia, ISSN 1646-740X.

Cortesia da RMedievalista/FCT/JDACT

sexta-feira, 27 de janeiro de 2017

À Volta do Casamento do Infante Pedro. Douglas Mota X. Lima. «… no entanto, se a memória foi considerada, a face humana do infante Pedro continua um tanto obscura. Carente de um estudo biográfico aprofundado, a biografia do infante foi prometida por Veiga Simões no início do século XX…»

Cortesia de wikipedia

«Há pouco mais de quarenta anos o historiador português António Joaquim Dias Dinis publicava, na Revista Portuguesa de História da Universidade de Coimbra, o célebre artigo À volta do casamento do infante D. Duarte (1409-1428). As páginas de Dias Dinis permanecem como principal reflexão acerca do casamento do Eloquente, expressão ímpar da política ibérica e matrimonial de João I. Ocorrido no mesmo ano, o enlace do infante Pedro também envolveu as relações ibéricas, porém ainda se mostra envolto em lacunas. Dito isso, aproveitamos as quatro décadas do belo estudo de Dias Dinis para tecer alguns apontamentos sobre o casamento do infante Pedro. Todavia, antes de discutir directamente o enlace, é importante apresentar considerações acerca do próprio Infante na historiografia e da política matrimonial de João I.
Mesmo com os inúmeros estudos sobre o período avisino realizados nos últimos séculos, a figura do infante Pedro permanece ofuscada. Sexto filho de João I e quarto da união com dona Filipa de Lancaster, o infante Pedro nasceu em 09 de Dezembro de 1392, e tornou-se duque de Coimbra na sequência da conquista de Ceuta (1415). Foi um dos expoentes da aclamada Ínclita Geração, em grande parte devido à viagem pela Cristandade (1425-1428), aos seus escritos e traduções e à actuação política em Portugal. Foi regente do reino (1439-1448) durante a menoridade de Afonso V, sendo morto na Batalha de Alfarrobeira (1449). Com esta síntese biográfica, verifica-se que a personagem teve a sua vida marcada pelos espaços do poder e que os seus feitos ficaram registados na história portuguesa (foi membro destacado da chamada Ínclita Geração, cultor de mérito no âmbito das ciências e das letras, e elemento preponderante da cultura medieval portuguesa, responsável porventura pelo alvorecer das ideias humanistas em Portugal, na sequência das suas muitas viagens que o tornaram conhecido como Infante das Sete Partidas), no entanto, se a memória foi considerada, a face humana do infante Pedro continua um tanto obscura.
Carente de um estudo biográfico aprofundado (a biografia do infante foi prometida por Veiga Simões no início do século XX, mas não chegou a ser publicada, visto que o autor faleceu em 1954; até o momento, uma obra global da vida de Pedro permanece aguardando seu investigador, existindo apenas a recente e sucinta obra de Alfredo Pinheiro Marques, Vida e Obra do Infante D. Pedro; sabemos, contudo, que a PhD Ana Maria Rodrigues, da Universidade de Lisboa, prepara uma biografia do infante a ser lançada nos próximos anos), os vestígios acerca da vida do infante permanecem muito dispersos. Elementos relativos aos traços físicos e à formação durante a infância e juventude são raros, sendo o recurso frequente a adopção da descrição de Rui Pina, escrita no século XVI (das feições, costumes e virtudes do infante Pedro; neste, assim caracteriza o infante Pedro: o infante D. Pedro por certo foi um singular Principe, dino de louvor entre os bons e louvados Principes que no mundo em seu tempo houve, homem de grande corpo, e de seus membros em todo bem proporcionado, e de poucas carnes; teve o rosto comprido, nariz grosso, olhos um pouco moles, os cabellos da cabeça crespos, e os da barba algum tanto ruivos como inglez; seu andar a pé era vagaroso e com grande repouso, suas palavras eram graciosas, com doce órgão de dizer, e nas sentenças mui graves e sustanciaes, e quando alguma sanha o tocava era sua cara mui temerosa, e porém não lhe durava muito, cá por siso ou condição natural, logo se lembrava de mansidão e temperança; foi algum tanto culpado em credeiro e vingativo, ainda que o desejo de vingança pareceu que não foi n’elle de grande e vicioso ardor, pois dilatou e temperou a que teve em sua mão, que para sua vida fôra mui segura e necessária; a descrição do cronista português é marcante, contudo há outra exposição que não convém ser descartada; trata-se da versão latina da conquista de Ceuta, escrita por Mateus Pisano, por volta de 1460 e somente editada em 1790; no texto, assim o duque de Coimbra é descrito: o infante Pedro, nascido em segundo lugar, foi desde a infância muito dedicado ao estudo das sagradas letras e das outras boas artes, e tanto, ainda em moço, se distinguiu por seu espírito de justiça, por sua liberalidade, comedimento e valor, que atraía sobre si as vistas de todos, dando esperança de vir a ser um grande príncipe). Mesmo com tais carências é possível estabelecer três eixos principais dos estudos sobre Pedro: o primeiro é relativo ao livro de viagens, Libro del Infante D. Pedro de Portugal, o qual lhe proporcionou o epíteto de Infante das Sete Partidas; o segundo está relacionado com os aspectos culturais, traduções e escritos, sendo o livro da Virtuosa Benfeitoria e a Carta de Bruges, os ícones dessa actuação; por fim, o conjunto de sua acção política, que se concentra no período em que o mesmo foi regente de Portugal (1439-1448). Ao longo das nossas pesquisas sobre o Infante, as lacunas relativas à viagem nos chamaram atenção, fazendo ainda notar o silêncio acerca do casamento.
Ao lidar com as crónicas escritas sobre a primeira metade do século XV, poucos são os dados relativos à vida de Pedro. A Crónica de D. João I abarca as primeiras décadas de Quatrocentos, centrando-se no processo da revolução de Avis e nas figuras de João e do Condestável do reino, Nuno Álvares Pereira, informando apenas sobre o nascimento dos filhos do Mestre e a relação familiar. A Chronica do Condestabre de Portugal, por sua vez, fixa-se na figura de Nuno Álvares, citando brevemente o Infante cavalgando ao lado de João I após a conquista de Ceuta. A Chronica dos feitos, vida, e morte do Iffante Sancto Dom Fernando que morreo em Fez não traz informações sobre o duque de Coimbra. As crónicas de Zurara, com destaque para a Crónica da Tomada de Ceuta, apresentam mais relatos sobre Pedro, contudo, pelo facto de o cronista, servidor da casa do infante Henrique, escrever no contexto de Alfarrobeira, o texto limita a participação do infante no ataque de 1415». In Douglas Mota Xavier Lima, À volta do casamento do infante Pedro, UFOdoPará, ICE, PCHumanas, Santarém, Brasil, Revista Medievalista, Nº 21, Janeiro-Junho 2017, Universidade Nova de Lisboa, FCS e Humanas, FC e Tecnologia, ISSN 1646-740X.

Cortesia da RMedievalista/FCT/JDACT

sexta-feira, 2 de setembro de 2016

Os Jerónimos em Portugal. Cândido Augusto Santos. «Mas parece que a simpatia dos humanistas pela figura do escritor, simpatia que leva Erasmo a proclamar que S. Jerónimo deve ser preferido a todos os padres gregos e latinos»

jdact e wikipedia

Das origens aos fins do século XVII
«O fenómeno eremítico é muito antigo na Igreja de Cristo. Assinalável desde os primeiros séculos do cristianismo, conheceu, ao longo do tempo, alguns períodos de mais intenso fervor. Na Itália do século XIV, enquanto a Igreja, ao mais alto nível hierárquico, se debatia com problemas de extrema gravidade, o número dos solitários não cessava de aumentar, a tal ponto que o eremita se tornou o herói da época. .É agora seu ideal e fonte de inspiração a figura de S. Jerónimo no deserto de Calcis, na Síria do Norte. Sob o seu patrocínio florescem várias famílias religiosas como os Jesuatos ou Ordem hospitaleira dos clérigos apostólicos de S. Jerónimo, fundada por João Colombini, em 1335; os frades eremitas de S. Jerónimo fundados por Pedro Gambacorta; de Pisa, que erigiram o primeiro mosteiro em 1380, em Montebello, perto de Urbino, e a Congregação dos eremitas de S. Jerónimo fundada em 1360 por Carlos de Montegranelli, em Fiesole. Com estes núcleos de eremitas vão fundir-se outras pequenas comunidades: assim, os grupos dirigidos por Beltrano de Ferrara, Nicolau de Forca Palena e de Angelo Córsega juntam-se à família de Gambacorta; em 1406, o eremitério fundado em Siena por Gualtero Marso une-se ã Congregação dos eremitas de S. Jerónimo. Mais tarde, no século XV, surge a Congregação da Lombardia, de origem espanhola, resultante de uma cisão da ordem dos Jerónimos em Espanha, provocada pelo segundo Geral, Lope Olmedo (foi eleito, em 1418, segundo Geral da Ordem de S. Jerónimo em Espanha; professo de Guadalupe, foi condiscípulo do futuro papa Martinho V, em Perugia; em 1415 toma parte, como procurador do seu mosteiro, no primeiro capítulo geral; à frente da Ordem em 1418, reflectindo sobre o facto que considerou anómalo de os monges de S. Jerónimo seguirem a Regra de Santo Agostinho dispõe-se a elaborar uma Regra composta de extractos das obras de S. Jerónimo; a sua iniciativa não foi aceite pelos monges; todavia, influente junto do pontífice, consegue deste, em 1424, uma bula que o autoriza a fundar uma nova congregação, dita da observância; em 1428 a sua regra é aprovada; tenta reunir os dois ramos dos hieronimitas, mas em vão; o pontífice permitiu-lhe ainda, em 1428,que passassem a nova observância os monges que o quisessem fazer; contra a orientação de Olmedo reagiram os monges primitivos que conseguiram do papa lhes conservasse as normas primitivas; o ramo fundado por Lope Olmedo veio a ser conhecido por Isidros do nome do mosteiro de Santo Isidoro del Campo de Santiponce; em 1567 os Isidros uniram-se aos Jerónimos por ordem de Filipe II)
Questão legítima e oportuna será agora a de saber qual a razão do despertar do interesse pela figura de S. Jerónimo eremita, no século XIV. É verdade que o santo exegeta nunca fora esquecido ao longo da Idade Média: Abelardo chama-lhe grande Doutor da Igreja, honra da profissão monástica; Vicente de Beauvais no De eruditione filiorum nobilium cita S. Jerónimo 148 vezes. Santo Agostinho 75 e Ovídio 60. Contudo, o outro lado desta personalidade rica e contrastante, o do penitente, o do esceta, surge nesta época de maneira súbita como ideal. Onde estará a razão desta descoberta? De imediato seríamos inclinados a pensar nos humanistas. Mas parece que a simpatia dos humanistas pela figura do escritor, simpatia que leva Erasmo a proclamar que S. Jerónimo deve ser preferido a todos os padres gregos e latinos, é um pouco tardio que a descoberta do penitente.
Sabemos, por outro lado, que atraiu também a atenção dos artistas que o representaram com o chapéu cardinalício, com um seixo para se ferir no peito, com um livro, com a trombeta do juízo final soando sobre a cabeça. Com excepção do livro, estas representações iconográficas, mesmo a do leão domesticado que lhe vem de S. Gerásimo, carecem de fundamento histórico e foram divulgadas pela Legenda áurea de Jacques de Voragine. Todavia, esta ligação súbita à figura do eremita resta por explicar; é anterior e parece-nos que deve ter tido outra origem. O bolandista Joannes Stiltingus explica o facto pela influência que teria exercido uma obra de larga difusão, escrita em 1346 por um célebre jurista de Bolonha, Giovanni del'Andrea. Nessa obra, intitulada Hieronymianus, del'Andrea propõe-se difundir o culto de S. Jerónimo pouco desenvolvido na Península Itálica, do que, aliás, censura os seus compatriotas». In Cândido Augusto Santos, Os Jerónimos em Portugal, Porto, Instituto Nacional de Investigação Científica, Faculdade de Letras do Porto, Dissertação de doutoramento em História Moderna e Contemporânea, 1977.

Cortesia de INIC/FLPorto/JDACT

sexta-feira, 8 de abril de 2016

Sancho II. Da Deposição à Composição das Fontes Literárias dos séculos XIII e XIV. Herlânder Gonçalves Santos. «… subjacentes à elaboração do seu discurso, que parece ter vindo arrebatar, a Sancho II, a legitimação governativa que outrora a bula “Manifestis Probatum” dera a Afonso Henriques»

Cortesia de wikipedia

A Bula. Grandi non immerito (fr. António Brandão)
«Uma semana após o encerramento do décimo terceiro Concílio Ecuménico, célebre por nele se ter pronunciado a deposição do imperador Frederico II da Alemanha e desobrigado seus vassalos ao juramento de fidelidade, Inocêncio IV expedia, a 24 de Julho de 1245, a bula Grandi non immerito, determinando a entrega da administração do reino português ao irmão de Sancho II, o conde de Bolonha. Da matéria do texto inferimos, em linhas gerais, que esta bula procurou justificar a deposição do monarca pelo caos generalizado em que caíra o reino, circunstanciando-se agravos a igrejas, mosteiros e clérigos, denunciando-se desleixo governativo e enfatizando-se resistências de el-rei Sancho II em acolher as recomendações que a Cúria Romana lhe fizera até então. Deste modo, perante as infrutíferas tentativas de chamar o rei à razão no sentido de se manter a ordem e a justiça, e perante a sua reiterada negligência, o Sumo Pontífice ordena que se receba e acolha Afonso, conde de Bolonha, como governador e curador a fim de se organizar o reino e velar pelo bem do rei. Pela importância que veio assumir este documento no devir dos tempos na historiografia e literatura portuguesas, afigura-se-nos pertinente a sua leitura analítica no sentido de contribuir para o entendimento de alguns pressupostos retóricos e conceptuais, subjacentes à elaboração do seu discurso, que parece ter vindo arrebatar, a Sancho II, a legitimação governativa que outrora a bula Manifestis Probatum dera a Afonso Henriques. A peça retórica começa por dirigir-se nos preceitos habituais aos seus destinatários, neste caso, aos barões e comunidades, concelhos de cidades e castelos, cavaleiros e povo do reino de Portugal, exultando todos os reinos da fé cristã onde, para além do culto e o serviço de Deus, reina a paz, a prosperidade e a tranquilidade por aí se observar a ordem e a justiça: com razão exultamos no Senhor com grande alegria, visto que os reinos da fé cristã estão em situação vantajosa, e a Igreja e outras coisas destinadas ao culto e serviço de Deus, as pessoas eclesiásticas e os outros fiéis, que nesses reinos habitam, se alegram com a tranquilidade da paz; nesses reinos a fé católica de cada vez toma maior vigor, observa-se aí a justiça e a todos se impele ali a audácia de se tornarem culpados.
Em contrapartida, revela ser a mágoa grande quando esses reinos se dividem em discórdias, permitindo-se, pelo afrouxamento da devoção e desprezo da justiça, actos ilícitos e reprováveis aos seus concidadãos: não obstante sentimo-nos imensamente magoados quando esses reinos (...) se dividam em discórdias e, afrouxando o ardor da devoção, esfriam no culto da fé, desprezam a justiça e permitem aos seus habitantes praticar coisas ilícitas. Dos segmentos textuais retirados ao preâmbulo, sobressai a importância da justiça e a relação de causa e efeito entre esta e a ordem. Na sequência desse pressuposto, o nexo inverso é naturalmente apresentado como válido, ou seja, o desprezo de justiça, ou a falta dela, tem como efeito a desordem. É neste enfoque de sentidos de causalidade que se prepara e justifica a sentença seguinte: os reinos em situação próspera devem continuar os modos da sua governação; os que se afundam na desordem devem ser corrigidos. Por isso com grande cuidado e maior empenho achamos dever desejar que os reinos cristãos, que estão em situação próspera, continuem a ser nesse estado governados e aqueles que se vêem a afundar-se perigosamente sejam reformados com louvável renovação. Estava lançada a estratégia retórica em torno do primeiro silogismo argumentativo: os reinos com justiça prosperam e vivem em paz; os que a desprezam, vivem em desordem; os que prosperam, devem continuar; logo, os que vivem em desordem, devem ser reformados. Percebe-se para onde o discurso nos quer direccionar.
Nesse sentido, o texto desenvolve-se focalizando agora o caso particular de Sancho II e o seu reino. Enumeram-se queixas, ultrajes, deliberações régias tidas como ofensivas e vexatórias a igrejas e mosteiros, assim como o rol de advertências, excomunhões e sentenças de interdito, epístolas e provisões eclesiásticas que embora pontualmente cumpridas não repararam as ofensas de acordo com as pretensões da Igreja, por ser teimoso o rei e tardo em fazer justiça: na verdade tendo o nosso caríssimo filho em Cristo, ... tomado conta do governo ... oprimiu desmedidamente as igrejas e mosteiros existentes no reino com variados impostos e vexames tanto por si próprio como por intermédio da sua gente e permitiu de bom grado que por outros fossem vexados conforme à vontade destes. (...) E quanto a resgatar a insolvência dos seus crimes, este rei mostra-se tão indiferente que, no seu reino, os bens, tanto eclesiásticos como de leigos, por fraqueza da justiça popular, são roubados à vista de toda a gente por ladrões, espoliadores, usurpadores, incendiários, profanadores públicos e abomináveis homicidas de padres, como superiores de conventos e outros religiosos, clérigos e seculares e até leigos». In Herlânder Gonçalves Santos, D. Sanco II, Da Deposição à Composição das Fontes Literárias dos séculos XIII e XIV, Faculdade de Letras da Universidade do Porto, Dissertação de mestrado em Estudos Literários, Culturais e Interartes, orientação de José Carlos Miranda, Porto, 2009.

Cortesia de FLUPorto/JDACT

quinta-feira, 10 de março de 2016

O Pensamento de Teixeira de Pascoaes. Jorge Coutinho. «… contribuição para o estudo da sua personalidade e para a leitura crítica da sua obra, ao estudar o que considera a ‘estética da saudade’…»

Cortesia de wikipedia e jdact

Estudo hermenêutico e crítico
«(…) Trata-se, porém, em geral, quer em relação à obra como literária quer em relação ao pensamento que veicula, de trabalhos parcelares ou de feição introdutória e timidamente iniciática, e mais com carácter de ensaio que de estudo científico. Diferente é, contudo, o que se passa com os dois últimos autores referidos. Eles têm o particular mérito de terem realizado aturada investigação em ordem a escreverem sobre Pascoaes as suas dissertações de doutoramento. O primeiro, ao estudar o que justamente considerou como fundamental contribuição para o estudo da sua personalidade e para a leitura crítica da sua obra, prestou um valioso serviço a ser tido em conta como preliminar a todo e qualquer estudo que posteriormente se faça sobre este autor. A segunda, por sua vez, ao estudar o que considera a estética da saudade na obra do nosso escritor, conceito que, a nosso ver, permanece, todavia no seu estudo vagamente definido, tem o mérito de ter realizado, com preocupação de rigor científico, uma primeira abordagem global dessa obra enquanto obra literária. Apesar de insistentemente reclamado por diversos críticos, estava ainda por fazer um primeiro estudo global, também com preocupação de cientificidade, sobre o pensamento pascoaesiano. E era mesmo esse, na sequência lógica dos estudos globais com esse carácter, aquele que agora se impunha. A nosso ver, qualquer futuro estudo de aspectos particulares ou de sectores parcelares desse pensamento, bem como qualquer tentativa de novos aprofundamentos e esclarecimentos, e ainda a própria leitura de textos de Pascoaes, só terão a ganhar com a sua compreensão a partir de uma visão panorâmica e integradora do mesmo, que lhe sirva como quadro orgânico de referência, permitindo integrar mais fácil e rigorosamente os aspectos e os temas particulares na sua posição, dependência e função relativas no interior do pensamento global, e os aprofundamentos ou a simples leitura ou releitura de textos, numa primeira base de compreensão englobante. Na série dos estudos sobre a obra de pensamento do poeta amarantino, faltava pois uma primeira síntese ou suma interpretativa e expositiva suficientemente aprofundada e rigorosa que, além do mais, a revelasse como sendo de facto uma obra. Faltava identificar as grandes intuições determinantes, a corrente vital de fundo e as linhas de força que o atravessam, evidenciar a sua unidade e coerência fundamentais, na pluralidade das suas expressões escritas e na dinâmica da sua construção, integrar na sua unidade orgânica as partes que o constituem, enfim, abrir a compreensibilidade de múltiplos passos da sua expressão escrita aparentemente incompreensíveis. Foi a essa tarefa que nos abalançámos. Não temos certamente a pretensão de esgotar, nem de longe, a múltipla problemática nem a compreensão de uma obra tão densa, complexa e rica de significações. Estamos perfeitamente conscientes de que, sem embargo para o contributo, que julgamos positivo, para essa compreensão, o nosso estudo, mais do que trazer respostas últimas e definitivas, poderá servir sobretudo para levantar novos problemas, bem como para deixar sugestões e abrir perspectivas para renovadas pesquisas e ulteriores aprofundamentos. De resto, a própria obra em si mesma, em boa parte, mais levanta problemas e abre perspectivas do que aporta soluções, ao mesmo tempo que, na linha do trabalho hermenêutico, se oferece como riquíssimo tesouro textual, a convidar a sempre novos desvelamentos do sentido. Em boa verdade, a própria natureza deste trabalho impõe os seus limites. Com efeito, se, por um lado, o objectivo formal de uma exposição identificadora, ordenadora, integradora e sistematizadora das grandes linhas da obra de pensamento de Teixeira de Pascoaes se revela importante, e tanto mais quanto é certo que a sua geral ausência de discursividade lógica interna e a quase total ausência de ordem e sistematicidade expositivas nos textos que o veiculam dificultam grandemente a sua compreensão integrada, por outro lado, não podemos perder de vista que a extensão, a profundeza e a densidade do conjunto dos textos são de tal ordem que inviabilizam qualquer projecto de interpretação ainda que só tendencialmente exaustiva. Embora com a consciência de que as grandes obras padecem violência, como o reino dos Céus, e só os violentos as arrebatam até ao fundo, como desta escreveu João Maia, teremos assim necessidade de moderar a nossa violência hermenêutica, para nos movermos entre uma medida razoável de interpretação desveladora de sentido e uma programática preocupação de sistematização e síntese expositivas. Nesse sentido, este estudo constituir-se-á essencialmente como uma introdução e uma iniciação ao pensamento de Teixeira de Pascoaes, ainda que com dimensão mais ampla, científica e completa que as que o precederam». In Jorge Coutinho, O Pensamento de Teixeira de Pascoaes, Estudo hermenêutico e crítico, Dissertação de Doutoramento em Filosofia, Braga, UC Portuguesa, 1994.

Cortesia da UCPortuguesa/Braga/JDACT

sexta-feira, 26 de fevereiro de 2016

Entre a Ficção e a História. A Última Quimera. Rosana A. Harmuch. «… o estudo da literatura sempre implicou um estudo da história, já que sempre concebi a obra de arte literária, como de resto qualquer obra de arte, como o fruto de um processo histórico, de um estado em que a sociedade»

Cortesia de wikipedia

Resumo
«A tendência de criar obras em que a ficção e a história se mesclam é perceptível nas produções literárias contemporâneas brasileiras bem como nas de outros países. Dentro desse interesse pelo passado, uma particularidade vem-se firmando: a de ficcionalizar personalidades da historia da literatura. Este trabalho tem por objectivo analisar A última quimera, obra cuja autora, Ana Miranda, ficcionaliza o poeta Augusto dos Anjos. Para tanto, primeiramente fez-se necessária uma reflexão sobre as semelhanças e diferenças entre os discursos histórico e ficcional. Na tentativa de compreender melhor o texto da autora, o passo seguinte foi o de repensar os conceitos de romance e de romance histórico, principalmente por ser bastante visível o parentesco entre as produções ficcionais de carácter histórico na actualidade e o romance histórico do século XIX. Apesar das similaridades com o romance mais tradicional, obras como A última quimera apresentam inovações no modo de narrar que as aproximam do pós-moderno, por isso receberam por parte de alguns teóricos novas denominações, de modo que tentei compará-la com o que foi proposto como traço distintivo por dois teóricos em especial. Na segunda parte do trabalho, passei ao estudo propriamente dito do texto, buscando compreender como a personagem Augusto dos Anjos havia sido construída. A forma de um mamífero vetusto, modo como o próprio Augusto se caracterizou, e como a crítica literária acabou de certa forma oficializando, não foi contestado na narrativa. Em Os fantasmas hamléticos dispersos estão os três poetas cujas trajectórias se entrecruzam: Augusto, Olavo Bilac e o narrador. A seguir, em A sereia falaciosa, há a análise do discurso histórico presente na obra e, na sequência, o universo feminino do princípio do século delineado pela autora. Percebendo a obra como um leão feito de carneiros assimilados, ou seja, como um discurso composto de vários outros, analisei o modo como esses foram colaborando para a manutenção da visão estereotipada de Augusto dos .Anjos e ao mesmo tempo foram subtilmente nos colocando diante do questionamento da instauração do cânone literário».

Colocando os pés no chão
«Escrever este texto significou, antes de mais nada, enfrentar um desafio pessoal. A paixão pela Literatura, talvez fosse melhor dizer, pela leitura, nasceu cedo, mas sem nenhuma orientação ou reflexão sobre o verdadeiro significado daquele emaranhado de títulos, autores, personagens, mundos construídos era uma forma, talvez, de escapar da realidade que me circundava e que não me satisfazia, ao contrário, me desagradava e muito. Quem sabe? Na introdução de um trabalho que especula sobre as relações entre a literatura e a história seria demais tentar especular sobre a minha própria história. As poucas respostas e as muitas perguntas que esta pesquisa me trouxe são o bastante, já que a totalidade do sentido é inalcançável. Para mim, o estudo da literatura sempre implicou um estudo da história, já que sempre concebi a obra de arte literária, como de resto qualquer obra de arte, como o fruto de um processo histórico, de um estado em que a sociedade que a produziu se encontrava naquele determinado momento. Essa crença tornava o trabalho ainda mais interessante, pois levava necessariamente a reflexões sobre a sociedade na qual me inseria, uma espécie de possibilidade de compreender melhor o passado, buscar nele as causas, os processos que nos permitiram chegar onde estamos. Embora isso me fosse claro, havia inúmeras outras dúvidas a tentar resolver. Acreditava, poder resolver as minhas inquietações a respeito da literatura. Claro está que as minhas ilusões de totalidade, de encontrar todas as respostas não passavam disso, ilusão. Muitas dúvidas foram sanadas, muitas não e inúmeras outras foram surgindo ao longo do caminho, de modo que este trabalho representa apenas o estágio em que estão as minhas reflexões sobre esse salutar jogo que é a literatura, permitindo-me plagiar Barthes. Quanto à questão da retomada do passado, que sempre me interessou, embora de uma forma bastante simplista, seria pedir demais que eu não me sentisse absolutamente fascinada ao perceber o quanto a relação entre a literatura e a história vem-se tornando um dos pontos de maior interesse entre os teóricos, e se há esse interesse é porque as produções artísticas têm-se voltado para ela. Exemplo disso é a farta produção de romances ditos históricos na contemporaneidade. Essa associação explícita entre a ficção e a história parece ter nascido da consciência de que ambas são discursos que servem para tentar dar sentido ao passado, o que me parece ser, em última instância, a função de qualquer construção humana, encontrar um sentido». In Rosana Apolonia Harmuch, A ùltima Quimera, entre a Ficção e a História, Dissertação de Mestrado apresentada na área de Literatura Brasileira, do Sector de Ciências Humanas, Letras e Artes da Universidade Federal do Paraná, Curitiba, 1997.

Cortesia de UFParaná/JDACT

sexta-feira, 19 de fevereiro de 2016

O Pensamento de Teixeira de Pascoaes. Jorge Coutinho. «… certes, le faible rayonnement de l'oeuvre de Pascoaes est injuste. D'un point de vue disons abstraitement critique, elle mériterait sans aucun doute d'être beaucoup plus connue et aimée»

Cortesia de wikipedia e jdact

Estudo hermenêutico e crítico
«Teixeira de Pascoaes constitui um caso estranho na história cultural portuguesa. De facto, a sua obra filosófico-literária, de que já foi dito que pertence, sem dúvida, às obras sagradas pela categoria de magnitude, em tamanho e valia (O poder de símbolo, João Maia 1980; ninguém se surpreenda se daqui a quatro ou cinco séculos a obra extraordinária deste Eremita for soletrada, glosada, interpretada, linha a linha, por mil comentadores e pesquisadores das suas sibilinas riquezas, Santana Dionísio, 1953), tendo mesmo conhecido uma projecção além-fronteiras excepcional para o seu tempo, tem tido entre nós, até hoje, um estranho destino. Mal compreendida e de um golpe arrumada por alguns contemporâneos, esquecida depois por grande parte da intelectualidade portuguesa, a custo tem sobrevivido no apreço e dedicação de alguns raros espíritos mais compreensivos do seu valor ou mais afins do que era o do seu autor. Pensador e escritor profético, o Solitário de Gatão teve assim, até ao presente, a sorte dos profetas. Não nos deteremos aqui na análise das múltiplas razões explicativas deste estranho destino da sua obra ou da sua excomunhão de Maior Número, no modo de dizer de António Quadros, ainda que pudéssemos acrescentar, da nossa parte, alguns elementos novos às referências e explicações já aduzidas a propósito (sobre a impopularidade de Pascoaes, José Régio, 1963). À sorte dos profetas pertence também só serem entendidos na distância temporal, quando as mudadas condições da história, e sobretudo, o paroxismo dos seus desvios, vêm revelar que, no oculto da sua profecia e na essência da sua mensagem, afinal, o profeta tinha razão. Talvez por esta via Teixeira de Pascoaes comece agora a ser melhor compreendido na sua obra de pensador. Quando, no horizonte da História, se anuncia o ocaso da modernidade e se multiplicam as interrogações e os medos sobre o que há-de ser o terceiro milénio da chamada era cristã, talvez, no que há de intemporal naquela obra, possamos encontrar sugestões com valor de actualidade acerca de alguns dos problemas que mais inquietam a humanidade em geral e o homem português em particular. Há assim uma particular razão para que hoje, quando estão passando cem anos sobre o início da sua escrita, em 1895, nos demos à leitura ou à releitura da mesma obra, procurando compreendê-la a partir do contexto do tempo da sua feitura e na perspectiva nova do actual rumo da História, quer dizer, tentando (re)descobrir o que diz a este tempo o espírito da sua profecia.
Ela aí está, pois, qual voz clamando no deserto do esquecimento – que o é, a um tempo, da verdade que o PoetaPensador quis dizer e do seu próprio dizer essa verdade –, por quem desse esquecimento a retire e a faça brilhar no esplendor de uma luz sempre mais reveladora da porventura singela mas profunda verdade que nela anda na meia-luz da sua expressão essencialmente poético-literária. O lamento pelo esquecimento referido e o clamor pela sua superação vêm de longe, encontrando-se já presentes numa discreta faceta da ironia do próprio Poeta. Por parte daqueles que sobre ela se debruçaram um pouco mais seriamente, eles têm-se vindo a repetir quase como um estribilho (já em 1952, José Régio escrevia: certes, le faible rayonnement de l'oeuvre de Pascoaes est injuste. D'un point de vue disons abstraitement critique, elle mériterait  sans aucun doute d'être beaucoup plus connue et aimée). Em relação ao que há aí de incidência particularmente lusa, é verdade, por outro lado, que em tempo relativamente recente parece ter-se começado a descobrir que, se há entre nós algo que possa justamente levar a designação de filosofia portuguesa, a sua quinta essência e a sua fonte primeira se encontram em alguns dos nossos melhores poetas e escritores, sendo a partir deles que alguns dos nossos assumidos filósofos, poucos ainda, a têm procurado trazer à luz e desenvolver pela via do discurso conceptual. Pascoaes vem beneficiando dessa descoberta, pela qual se vem também descobrindo a sua obra como um manancial e uma referência de primeira grandeza, dificilmente ultrapassáveis (com bastante razão observou José Marinho que o tema e problema fundamental da obra pascoaesiana, tema vincadamente português, a saudade ,aflora como algo estranho ou minúsculo para o pensamento educado na lógica aristotélico-tomista, ou em qualquer lógica averiguada e segura de si, algo estranho e minúsculo desatendido por teólogos, filósofos, eruditos e críticos, historiadores e políticos, ou apenas olhado com displicência e mal velado sorriso). Seja nesta linha, seja na do carácter universal do pensamento pascoaesiano, seja em aspectos de menor incidência no mesmo pensamento, sobre a obra de Pascoaes, apesar de tudo, foi já produzido um número razoável de reflexões, comentários e estudos. Sem menosprezo para outros trabalhos, parte dos quais publicados ainda em vida do Autor, merecem especial destaque os realizados por Abílio Martins, António Magalhães, […] Jacinto Prado Coelho, Joaquim Carvalho, […] Dalila Pereira Costa, António Cândido Franco […]» In Jorge Coutinho, O Pensamento de Teixeira de Pascoaes, Estudo hermenêutico e crítico, Dissertação de Doutoramento em Filosofia, Braga, UC Portuguesa, 1994.

Cortesia da UCPortuguesa/Braga/JDACT

domingo, 28 de junho de 2015

Viagem pelo Universo Feminino. Cristina Costa Vieira. «Para evitar conflitos com o registo histórico, aquele tende a focar as áreas obscuras da historiografia. Por outras palavras, restringe-se à exploração temática, de uma forma verosímil, dos espaços em branco, das lacunas deixadas no registo…»

Cortesia de wikipedia e jdact

«Não podemos esquecer..., que a história das mulheres, a verdadeira história das mulheres, conta apenas vinte anos. Todo o resto foi filtrado pelos homens, pelos que escreviam ou mandavam escrever». In A Deusa Sentada

O romance histórico como ponto de fuga
«(…) Devemos ter logo em consideração a sua relação privilegiada com o realismo, não no sentido estrito de escola ou período literário, mas numa concepção trans-histórica do termo: the representation of experience in a manner which approximates closely to description of similar experience in non-literary texts of the same culture. Nesse sentido, podemos dizer que, embora o romance histórico tenha nascido sob o signo do romantismo, Scott não é um autor romântico, mas sim realista. Isto porque se esforçou por criar uma ilusão de realidade com base em factos historiográficos a que acrescentava dados fictícios. Para assegurar tal ilusão, Scott e seus imitadores recorreram a estruturas como a narração heterodiegética omnisciente, o estilo indirecto livre, descrições minuciosas e um grande investimento nos diálogos, onde diferentes pontos de vista são colocados frente a frente. São recursos que dinamizam a acção e constroem uma maior verosimilhança e objectividade. Igualmente determinadoras do realismo característico da forma clássica do romance histórico são as estratégias seguidas por estes romancistas para camuflar a juntura que separa o mundo fictício do mundo real e que constituíam, no fundo, constrangimentos a que se sujeitavam. Brian demonstra que o romance histórico clássico respeita factos relativos a pessoas e eventos históricos. Para evitar conflitos com o registo histórico, aquele tende a focar as áreas obscuras da historiografia. Por outras palavras, restringe-se à exploração temática, de uma forma verosímil, dos espaços em branco, das lacunas deixadas no registo histórico oficial. Manzoni concebia o romance histórico como uma humanização do que a História deixara em silêncio, os sentimentos, as vontades e as palavras dos actores da História. Decorrente da preocupação em ser verosímil, avulta o cuidado em evitar incongruências históricas, respeitando os costumes e mentalidades próprios de cada época, ou seja, evitando a todo o custo anacronismos, regras que os romancistas históricos pós-modernos frequentemente subvertem. Segundo Lukacs, apenas um anacronismo se impunha como nécessaire: a expressão clara dos sentimentos e pensamentos das personagens, sem que isso implique modernização da sua psicologia, para maior entendimento das mesmas, e a modernização da linguagem, para inteligibilidade do texto. O retrato psicológico das personagens não era, aliás, uma tarefa muito árdua, pois na convicção ainda iluminista de Scott, as pessoas ao longo das épocas históricas modificam o seu aspecto exterior, enquanto as suas emoções básicas permanecem. Quanto ao resto, o romancista deveria permanecer fiel à historiografia, criando assim um efeito de autenticidade histórica muito mais profundo do que mera descrição verosímil de ambientes, designada por cor local, só por si insuficiente para ressuscitar uma época histórica.
Adoptando o pensamento de Vanoosthuyse, se um romance histórico procura ser mais substantivo ou mais adjectivo, isto é, ou mais romance ou mais histórico, então o século XIX, na sua globalidade, preferiu manietar os caprichos de Calíope em honra de Clio. Na tipologia dos romances históricos de Joseph Turner com base no tratamento do passado histórico, os romances históricos oitocentistas são ficções históricas documentadas, na medida em que a adaptação de material histórico pretende ser fiel, para o que o romancista concorre documentando-se sobre a época que vai retratar. Precisamente para poder fruir de uma maior liberdade criativa, sem cair no perigo da infidelidade histórica, conjugado com o propósito máximo de operar um acordar poético de uma época transata, Scott escolhia para herói das suas intrigas não uma personalidade histórica, que aparecia apenas em momentos-chave da narrativa, mas um herói não referencial ou semi-histórico, geralmente prosaico, representante de correntes sociais e de forças históricas, e não um herói épico e maniqueisticamente concebido. O usufruto de maior liberdade criadora sem consequências para a verdade histórica, terá pesado na opção scottiana pelo medievalismo». In Cristina Costa Vieira, Viagem pelo Universo Feminino de ‘A Esmeralda Partida’ de Fernando Campos: o romance histórico como ponto de fuga, Bolseira do programa Praxis XXI, Dissertação para a obtenção do grau de Mestre em Estudos Portugueses e Brasileiros, Faculdade de Letras da Universidade do Porto, 2000.

Cortesia da FLP, UPorto/JDACT

quinta-feira, 8 de janeiro de 2015

Propriedade e direito entre os muçulmanos de Portugal. Dos bens comuns à gestão do património do rei. Maria Filomena Barros. «… o monarca incumbiu ao alcaide da comuna de Lisboa a tarefa de juntar ‘mouros letrados e sabedores em sua lei’, para a corrigir e acrescentar no que necessário fosse»

Cortesia de wikipedia e jdact

Sharq Al-Andalus. Estudios Mudéjares y Moriscos
«A propriedade detida ou usufruída pelos muçulmanos do reino português revela características especificas, advindas de uma mescla entre formas de exploração que se impõem no contexto da medievalidade ocidental, como de uma individualidade imputável aos seus traços identitários, emanando do próprio direito islâmico. Vector que, de resto, não surpreende na avaliação global de uma identidade mudéjar, justamente singularizada pela sua dupla adscrição a cultura maioritária, assim como aos valores matriciais que definem a sua etnicidade e consequente alteridade como grupo diferenciado. Dualidade que define uma identidade e um ethos, necessariamente distinta de outras dimensões políticas muçulmanas, configurando o mudéjar do discurso historiográfico, de cuja sujeição aos poderes cristãos não está ausente a sua própria participação nesses mesmos mecanismos de poder. Aspecto bastas vezes preterido em função de uma perspectiva demasiado estática dos processos sociais e de uma noção abstracta de poder. O programa político dos reinos medievais cristãos, necessariamente definido e controlado pelas suas elites, recupera um Islão domado, isto é, submetido aos seus próprios interesses, através de actos escritos de legitimação. Esta remição para a praxis política de comunidades muçulmanas, administrativamente estruturadas e dispondo de autoridades próprias, pressupõe um ininterrupto diálogo (ainda que necessariamente assimétrico), que fluirá entre os dois extremos da escala política, numa assumpção do monarca como o natural protector dos seus muçulmanos. Estes, de resto, no reino português, constituir-se-ão como os agentes sociais mais activos na definição dos parâmetros da sua sujeição, através do seu próprio capital cultural e simbólico, num processo de redefinição constante, adaptado e solicitado pela natural evolução social e politica da medievalidade.

Direito islâmico. Produção vernácula
O direito islâmico constituir-se-á como um dos vectores estruturantes tanto de identidade como de sujeição, aspectos complementares de um mesmo processo. Se, num período formativa, ele enformara necessariamente as condições de permanência das diferentes comunidades muçulmanas peninsulares (correspondendo a uma natural premência dos conquistadores), a sua evolução não deixa de se fazer sentir ao longo das diferentes centúrias, em função dos distintos contextos considerados. Em finais do século XIV e ao longo do XV, é o monarca português que, ao reivindicar a sistematização das cláusulas sobre as heranças dos muçulmanos, estabelece uma apropriação lidimada no próprio direito sucessório islâmico, concitando a produção de textos legais neste sentido. Acção que se estrutura num discurso de legitimação, porque implica um registo de paralelismo com os dirigentes muçulmanos (os pretéritos, mas também os coevos de Terra de Mouros), canalizando para o soberano, os bens que, por falta de herdeiros, seriam dirigidos para o erário publico. De resto, esta perspectiva será expressamente enunciada no prólogo do segundo texto, que se inicia justamente pela justificação ideológica da medida: Porque a herança dos Mouros forros moradores em estes Regnos, e Senhorios pertencem a Nos [Rei] em muitos casos, assy como he devuda aos Reys Mouros em seus Regnos, e Senhorio (…).
Neste sentido, os dois textos elaborados, em português, sobre esta problemática pelos letrados da comuna de Lisboa deixam claro a prioridade subjacente à sua própria produção. O prólogo do mais pretérito, do reinado de João I (1385-1433), refere que o levantamento se constitui como uma resposta à pergunta feita pelo juiz Álvaro Peres, pelo qual o soberano ordenou que se soubesse de que modo ele próprio se constituía como herdeiro dos bens dos muçulmanos. O segundo, de Afonso V (1438-1481), justifica-se em função do soberano considerar a produção anterior pouco legível (imperfeita, e muito escura), o que teria dado origem a muitos debates, e contendas (…) antre elle e os ditos Mouros. Para superar essa situação, o monarca incumbiu ao alcaide da comuna de Lisboa a tarefa de juntar mouros letrados e sabedores em sua lei, para a corrigir e acrescentar no que necessário fosse. O resultado final será o publicado nas Ordenações Gerais do Reino, com o título significativo De como El Rey deve herdar os Mouros forrros moradores em seus Regnos, e Senhorio, num diploma de uma maior abrangência e complexidade, denotando um total domínio da casuística sunnita malikita». In Maria Filomena Lopes Barros, Sharq Al-Andalus, Estudios Mudéjares y Moriscos, Propriedade e direito entre os muçulmanos de Portugal, Dos bens comuns à gestão do património do rei, Separata nº 19, Teruel - Alicante, 2008-2010, CIDEHUS, Universidade de Évora, ISSN 0213-3482.

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