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segunda-feira, 16 de dezembro de 2019

El Director. David Jiménez. «Mientras caminaba hacia la redacción, una vez superado el malentendido con el guardia de seguridad, sentí el mismo hormigueo en el estómago que había precedido a las más estúpidas…»

Cortesia de wikipedia e jdact

El Despacho
«El guardia levantó la mirada y preguntó el motivo de mi visita. Había pasado los últimos 18 años lejos de la redacción como corresponsal y el hombre no me reconocía como uno de los periodistas del diario. Me pidió la identificación y, al llevarme la mano al bolsillo, me di cuenta de que no la llevaba conmigo. Vaya, dije, olvidé la cartera en casa. Si no tiene identificación, no puede entrar. Tiene una cita? Verá… Yo en realidad venía a… Chismes, nuestro redactor jefe de crónica rosa, apareció en ese momento haciendo aspavientos: es el nuevo director! Es el nuevo director! Una de las secretarias corría hacia nosotros para aclarar el malentendido, mientras el vigilante quería que se lo tragara la tierra y yo me preguntaba si aquello no sería una señal de que todo iba a ser más difícil de lo que había imaginado. Después de todo, el tipo al que habían parado en la entrada era el más improbable de los directores de periódico que hubiera tenido el país. A director de un diario nacional se llegaba tras construirse un perfil político en los pasillos del poder o escalando puestos durante toda una vida de intrigas y rivalidades en la redacción. Yo había enviado crónicas desde lugares remotos, cubierto guerras olvidadas y viajado a revoluciones que nunca terminaban de serlo, acompañado por un bloc de notas y mi vieja Nikon. Nunca había gestionado un equipo y no tenía el número de teléfono de ningún político o empresario del país. Siempre había mostrado desdén por los despachos, convencido de que se podía pasar por la vida com relativo éxito sin mandar a nadie y sin que nadie te mandara a ti.
Pero ahí estaba, a punto de ocupar no ya un despacho, sino El Despacho.
Entre las cuatro paredes del rincón más noble del diario se habían tomado decisiones que habían tumbado gobiernos y hundido carreras políticas,resucitado otras, desvelado secretos de Estado y urdido las exclusivas más importantes de las últimas tres décadas. El despacho del director de El Mundo había sido en todo ese tiempo uno de los mayores centros de influencia del país, cortejado por reyes y jueces, ministros y celebridades, escritores y cantantes, caciques y conseguidores. Aunque había perdido peso en los últimos años, seguía siendo uno de los pocos lugares temidos por el poder.
Mi llegada coincidía con el peor momento de la prensa. Nuestra circulación impresa había caído más de un 60 % en los siete años anteriores, ingresábamos la mitad en publicidad y vivíamos bajo una economía de guerra en la que se dejaban de cubrir noticias para no tener que pagar el taxi a los reporteros. El País nos había arrebatado el liderazgo en internet, a pesar de haber sido los pioneros digitales de la prensa nacional. La redacción, desmoralizada, había sufrido años de reducciones de sueldos y despidos, ninguno más traumático que el del fundador del diario y director durante su primer cuarto de siglo de historia, Pedro Jota Ramírez. Casimiro García-Abadillo, durante años apodado el Príncipe Carlos porque nunca terminaba de suceder a Jota, había durado 15 meses en el puesto cuando finalmente ocupó El Despacho. El país vivía, además, el momento de mayor tensión política desde la transición a la democracia, con una economía herida, una elite que se aferraba atemorizada a sus privilegios, nuevos partidos que amenazaban el orden establecido y unos medios de comunicación en su mayoría arrodillados ante el poder, que había aprovechado nuestra fragilidade para organizar el mayor y más coordinado ataque contra la libertad de prensa desde el final de la dictadura del general Franco. Qué podía salir mal?

Mientras caminaba hacia la redacción, una vez superado el malentendido con el guardia de seguridad, sentí el mismo hormigueo en el estómago que había precedido a las más estúpidas y algunas de las mejores decisiones que había tomado en el oficio: al ser enviado a mi primera noticia, Jiménez, manifestación en Carabanchel. Vete para allá, al aterrizar en Hong Kong para inaugurar la corresponsalía en Asia, o cuando marché, con fantasías sacadas de El año que vivimos peligrosamente, chaleco multibolsillo incluido, a mis primeras revueltas, desastres naturales y guerras. No tardé en descubrir que había escogido un trabajo que podía cambiarme y que, si me descuidaba, no podría elegir de qué forma. Si volvía de una masacre en Borneo, me asaltaba la duda: me horrorizaría de la misma forma la siguiente? Si había vivido rodeado de cadáveres tras el Gran Tsunami del Índico y, pasados unos días, su hedor se me hacía soportable, acaso me estaba importando menos la gente cuya tragedia había ido a contar? Si pasaba demasiado tiempo en lugares tomados por la hijoputez, donde vecinos que antes se pedían la sal ahora se degollaban, cuánta de aquella oscuridad me llevaría conmigo de regreso a casa?» In David Jiménez Garcia, El Director, Libros del KO, SLL, 2019, ISBN 978-841-767-809-8.

Cortesia de LibrosdelKOSLL/JDACT

terça-feira, 6 de agosto de 2019

As Escolas de Ruy Jervis Athouguia no Bairro de Alvalade. Mónica Queiroz e Vitória Pinheiro. «… vai desde o palacete de luxo à moradia medíocre passando pelo prédio de rendimento mais incaracterístico o que, segundo a mesma autora conduziu a uma grande variedade volumétrica e de cérceas…»

Cortesia de wikipedia e jdact

Arquitectura Portuguesa do século XX
«O espólio do arquitecto Ruy Athouguia ingressou no Arquivo Municipal de Lisboa em Junho de 2000, após a derrocada do seu ateliê, um antigo palácio setecentista, situado na Rua de São Pedro de Alcântara, em Lisboa. Este, não resistindo ao duro Inverno de 1999-2000, ruiu colocando em risco a integridade da documentação e, consequentemente, a sua preservação. Em resultado da situação, o arquitecto entregou, a titulo de depósito, o seu espólio à guarda do Arquivo Municipal, não só para ser alvo de restauro, como para ser estudado, inventariado, acondicionado e, futuramente, dado à consulta, num contributo para o estudo do Urbanismo e da Arquitectura Portuguesa do Século XX.
Inicialmente, efectuou-se um primeiro levantamento da documentação existente e uma contagem da totalidade dos documentos, que foram sujeitos a uma limpeza e acondicionamento prévio. Actualmente, procede-se à análise e inventariação de toda a documentação, com vista, por um lado, à elaboração de um Plano de Classificação e, por outro, à catalogação, informatização e acondicionamento. Ruy Jervis Athouguia, visconde de Athouguia, nascido em Macau em 1917, licenciou-se, em 1948, em Arquitectura pela Escola Superior de Belas Artes do Porto. Os seus primeiros trabalhos, encomendas particulares, são pedidos de amigos e familiares que vêm nele um arquitecto que se distancia das tendências nacionalistas da época e que privilegia a modernidade, o requinte, a ordem e que, por isso, opta por soluções de economia e aproveitamento inteligente do espaço.
Estes primeiros trabalhos constituem uma aprendizagem necessária e importante para a tarefa que mais tarde se lhe impõe na cidade de Lisboa. Trabalha como profissional liberal e na Câmara Municipal de Cascais durante 4 anos, tendo realizado trabalhos importantes como o Bairro dos Pobres da responsabilidade da Santa Casa de Misericórdia de Cascais. Durante o seu percurso profissional realiza diversos trabalhos de arquitectura habitacional, moradias, prédios de rendimento e bairros económicos, dos quais se destaca a Célula 8 do Bairro de Alvalade, em 1949-55, designada como Bairro de São João de Deus e, mais tarde conhecido como Bairro das Estacas, com Formosinho Sanches e Maurício Vasconcelos, que mereceu um prémio na bienal de S. Paulo, de 1960. Foi, ainda, distinguido, por este trabalho, com o Prémio Municipal de Arquitectura, em 1954.
Foi autor, juntamente com Alberto Pessoa e Pedro Cid, do Edifício Sede da Fundação Calouste Gulbenkian (1960-69), projecto cujo valor foi reconhecido em 1975, com a atribuição do Prémio Valmor ao conjunto do projecto arquitectónico (sede, museu, auditórios, salas de exposições e de conferências e enquadramento paisagístico).

Enquadramento Histórico
Durante o século XX realizaram-se em Lisboa inúmeras obras de arquitectura e urbanização, motivadas pela necessidade de crescimento e de modernização da cidade, em virtude do aumento populacional causado pelo desenvolvimento da indústria e do comércio. Esta célere renovação urbana e tecnológica do inicio do século dá origem à abertura de dois eixos viários essenciais para o desenvolvimento da cidade: a Av. António Augusto de Aguiar e a Av. Almirante Reis. É também nesta altura, sobretudo na década de trinta, que tem origem o crescimento de uma construção de gosto dúbio que na opinião de Ana Tostões, vai desde o palacete de luxo à moradia medíocre passando pelo prédio de rendimento mais incaracterístico o que, segundo a mesma autora conduziu a uma grande variedade volumétrica e de cérceas (...) imageticamente agravada pela profusão dos eclectismo decorativos. Era, pois, evidente a necessidade de construção de novos equipamentos arquitectónicos.
Estes anos 30 trinta são considerados a década de ouro das obras públicas, expressa na construção de escolas, teatros, bairros sociais, gares marítimas (Alcântara, Rocha do Conde de Óbidos), igrejas e na abertura de vias de comunicação modernas (o viaduto Duarte Pacheco e a ligação à Auto-Estrada do Estoril, a Avenida da Índia, a Avenida Infante D. Henrique, a Avenida do Aeroporto e as circulares de Lisboa), ultrapassando mesmo, nalguns casos, as necessidades da época e, perspectivando um desenvolvimento futuro da cidade. Esta necessidade de construir de forma sistemática dá origem, na expressão de Ana Tostões, ao advento da linguagem modernista portuguesa apoiada nas novas técnicas e materiais industrializados o que vai, claramente forçar a ruptura de linguagem com os padrões passados, acertando curiosamente com o projecto de modernização e eficácia produtiva que o estado novo quis viabilizar a partir de finais dos anos 20 (é a partir do Congresso Nacional de Arquitectura, em 1948, que se sente emergir, segundo os vectores que ensaiámos caracterizar, uma nova geração e, em paralelo, uma vontade colectiva de mudança, de recusa consciente e mais teoricamente alicerçada, da arquitectura do estado novo)». In Mónica Queiroz e Vitória Pinheiro, As Escolas de Ruy Jervis Athouguia no Bairro de Alvalade, Arquitectura Portuguesa do século XX, Cadernos do Arquivo Municipal de Lisboa, 1ª Série, nº 7.

Cortesia de Wikipedia/JDACT

Os Lactários Municipais (1925-1927). Ana Brites. «Os lactários portugueses encontram o seu modelo de funcionamento em instituições similares, surgidas na mesma época por toda a Europa»

Cortesia de wikipedia e jdact

Contextualização e abordagem histórica
«Os lactários municipais surgem numa época em que o Estado desempenhava um papel proeminente na organização da assistência aos indigentes, pelo que os lactários enquadram num conjunto de iniciativas levadas a cabo, desde o final do século XIX, pela monarquia. Recorde-se por exemplo o papel da rainha dona Amélia e da duquesa de Palmela no auxílio aos tuberculosos, na criação das cozinhas económicas (destinadas à alimentação de pobres e mendigos), dos bodos, e na dinamização dos cuidados de higiene e de saúde a prestar aos indigentes. Deve-se igualmente à rainha dona Amélia a criação, em 1903, do primeiro lactário, situado no Largo do Museu da Artilharia. Segue-se, em cooperação com a Santa Casa da Misericórdia de Lisboa, o lactário de S. José, uma iniciativa da Associação Protectora da Primeira Infância, fundada em 1901 com o apoio da Câmara Municipal de Lisboa que nesse mesmo ano concedeu um donativo monetário para a construção das instalações daquele organismo.
Os lactários portugueses encontram o seu modelo de funcionamento em instituições similares, surgidas na mesma época por toda a Europa. Veja-se o caso dos Kindermilch, lactário modelo subsidiado por certas edilidades alemãs, nomeadamente a de Berlim, para distribuição de leite de qualidade às crianças desvalidas; os Infant Milk Depots, em Londres e outras cidades inglesas, leitarias municipais para fornecimento de leite pasteurizado às crianças; ou as Gouttes de Lait, instituições francesas subsidiadas por várias edilidades, como as de Paris, Lion ou Brest, cuja missão era de distribuir leite pasteurizado e controlado laboratorialmente (estas instituições não eram responsáveis pela produção, apenas pela distribuição).

Os Lactários Municipais
Os lactários municipais são entidades orgânicas, directamente dependentes do pelouro de Instrução e Assistência, tendo sido criados em 1925, mediante proposta do vereador responsável do pelouro, Alexandre Ferreira, que no seu relatório de actividades de 1925, o vereador afirmava: propuz a esta câmara a criação de Lactários Municipais, proposta que mereceu o voto unânime da edilidade portuguesa. Em nenhuma outra acta de sessão de Câmara, deste ano e anteriores, se encontra registada uma proposta específica para a criação de um Lactário Municipal, pelo que é este o momento em que o assunto é, pela primeira vez, objecto de debate. Todavia, em sessão de Câmara de 22 de Outubro de 1924, o vereador Alexandre Ferreira havia já lançado para a mesa de trabalho a proposta de criação de um Estábulo Municipal cujo objectivo era fornecer leite na cidade em vários postos lactários à população infantil e a outros adultos doentes, segundo as prescrições médicas. Estes estábulos municipais seriam instalados nos subúrbios de Lisboa e teriam o número de vacas indispensável à produção do leite consumido nos postos lactários.
No final dessa sessão de 22 de Outubro, o mesmo vereador terminava a sua apresentação afirmando sêr necessário combater a mortalidade infantil, que aumentava em Lisboa. A Câmara Municipal têm o dever de cuidar da alimentação lactea das creancinhas, que definham devido á péssima qualidade e falsificação do leite que se vende na cidade. Conclue por declarar que era preciso olhar para o futuro das creanças. Não tendo sido encontrada, como foi já referido, nenhuma outra proposta apresentada anteriormente em acta de Sessão de Câmara e, considerando que o vereador Alexandre Ferreira, no seu relatório de actividades de 1925, afirmava que o propósito dos Lactários Municipais é o de fornecer leite puro de vaca a crianças até à idade de desmamamento, isto é, até aos 18 meses de idade, tendo a preferência, na admissão, os filhos dos indivíduos mais necessitados, e verdadeiramente indigentes, conclui-se que, com a proposta de 22 de Outubro de 1924, que criava os Estábulos Municipais, terão também sido instituídos, em estreita articulação, os referidos lactários, tendo em vista o fornecimento de leite às crianças pobres de Lisboa». In Ana Brites, Os Lactários Municipais (1925-1927), Cadernos do Arquivo Municipal de Lisboa, 1ª Série, nº 7.

Cortesia de Wikipedia/JDACT

segunda-feira, 5 de agosto de 2019

O Jornal 57. História e Memória. Álvaro Costa Matos. «Esta conhece nesta altura uma evolução não menos importante, quer pela consolidação de muitas revistas e jornais, quer pela dinâmica provocada pelo aparecimento de novas publicações periódicas»

Cortesia de wikipedia e jdact

«O jornal 57 surge num ano, 1957, que, no que à imprensa periódica diz respeito, foi um ano historicamente importante. Hoje é até reconhecido pelos especialistas como um ano de viragem, em grande medida protagonizada pelo Diário Ilustrado, que aparece em finais de 1956. Se isto é verdade para a chamada imprensa de referência, para os principais jornais diários portugueses, também o é para a imprensa literária. Esta conhece nesta altura uma evolução não menos importante, quer pela consolidação de muitas revistas e jornais, quer pela dinâmica provocada pelo aparecimento de novas publicações periódicas, ao ponto de se detectar uma efervescência cultural de certo modo atípica, num país sujeito a um regime autoritário, autocrático, que fazia da censura à liberdade de expressão uma das suas traves-mestras. Estas revistas, por sua vez, representavam movimentos políticos, literários, estéticos ou mesmo filosóficos, sendo, portanto, da maior importância conhecê-las para uma melhor contextualização da época que aqui nos interessa, e que enquadra o nosso jornal, o 57.
A Vértice era o órgão por excelência do Neo-Realismo. Representava a militância, a literatura de compromisso, da arte empenhada. Protagonizou importantes tomadas de posição no plano cívico e político, congregando, desde o início (Maio de 1942), uma parte considerável da oposição democrática ao regime, atitude que manteve até 1974. Mas além da Vértice tínhamos a Serpente, de 1951, e as Notícias do Bloqueio, também criada em 1957, e que durou até 1961, ainda que estas duas publicações já representassem a segunda vaga neo-realista. O Globo (1943-1959), o conjunto de cinco números Unicórnio, Bicórnio, Tricórnio, Tetracórnio e Pentacórnio (1951-1956), de José Augusto França, a Anteu (1954) e a Pirâmide (1959) veiculavam as propostas estético-literárias do Surrealismo, movimento que tenta verter para a cultura portuguesa o compromisso com a fealdade, como arma contra a cultura burguesa e as suas formas de censura estética, moral, etc. A Panorama (1941-1973), a Atlântico (1942-1959), ambas editadas pelo Secretariado de Propaganda Nacional (SPN), a Cidade Nova (1941-1961), o Esmeraldo (1954-1956), a Ocidente (1935-1971; 1977-1995) e a Cidadela (1956-1957) defendiam o regime ou um sistema de valores condizente com os do regime: patrióticos, nacionalistas, conservadores e católicos. Algumas destas revistas, como vimos, são mesmo editadas por instituições do Estado Novo. A Ocidente, com a direcção de Manuel Múrias, foi uma apoiante incondicional do salazarismo (não agradável), defensora de um nacionalismo activo, exacerbado, fortemente empenhado, a par da apologia (supremacia) da cultura ocidental sobre todas as outras. A Tempo Presente, revista portuguesa de cultura, que saiu de 1959 a 1961, representava o fascismo puro e duro (maldito), situando-se assim à direita do próprio regime. Segundo Eduardo Lourenço, era o texto fascista em ambiguidade, traduzindo um fascismo nostálgico, duvidoso do regime de Salazar, crítico da decadência das suas instituições e da decrepitude ideológica e política dos dirigentes do Estado Novo. Nas suas páginas, assumiam-se como (…) universalistas, hierarquizadores, totalitariamente compreendentes, intolerantes para o erro, ultrapassantes e dinâmicos. À esquerda do regime tínhamos, além da Vértice, já aqui referida, a Seara Nova, que surge em 1921, ligada à esquerda progressista, republicana, liberal, a Rumo, dos católicos, e a revista O Tempo e o Modo, publicada entre 1961 e 1977, adepta de uma democracia cristã e de um socialismo humanista, isto até à saída de António Alçada Baptista, em Fevereiro de 1969. A partir daqui a revista sofre uma profunda reorientação, no sentido maoísta, e que se traduz também numa oposição mais tenaz ao regime. Depois, existia ainda um conjunto de revistas que testemunhavam o incremento que os estudos filosóficos conheciam nesta altura, tanto dentro como fora da universidade. São disso exemplo, a Revista Portuguesa de Filosofia, da Faculdade de Filosofia de Braga, talvez a mais importante, a Revista Filosófica (1951-1958), fundada e dirigida por Joaquim Carvalho, a Revista da Faculdade de Letras, de Lisboa, a Colectânea de Estudos, Itinerarium a partir de 1955, dos Franciscanos, e a revista Filosofia (1954-1961), órgão do Centro de Estudos Escolásticos de Lisboa. O interesse pelos temas filosóficos em geral, e especificamente portugueses, este ambiente verdadeiramente filosófico, talvez explique o aparecimento do último jornal deste breve inventário, o 57, órgão do Movimento 57, por sua vez inserido no movimento mais amplo da Filosofia Portuguesa. É sobre este jornal que agora nos vamos deter, ou melhor, sobre a sua história e memória». In Álvaro Costa Matos, O Jornal 57. História e Memória, 2008, Coordenador da Hemeroteca Municipal de Lisboa e Investigador do Centro de Investigação Média e Jornalismo, Wikipedia.

Cortesia de Wikipedia/JDACT

quinta-feira, 5 de fevereiro de 2015

Radar Meteorológico. Norte. «É uma ferramenta de observação remota que emitirá um feixe com um alcance de 300 quilómetros, especifica. É automático e, tal como o de Coruche e de Loulé, será gerido em Lisboa»

Cortesia dejpublico

Com a devida vénia ao Jornal Público

«No Pico do Gralheiro, em plena Serra da Freita, em Arouca, a cerca de 1100 metros de altitude, está uma torre com 47 metros e 13 pisos. É o radar meteorológico mais moderno de Portugal, que cobrirá a zona Norte, até agora dependente dos dados de quatro radares espanhóis. É o único radar do país com polarização dupla e com um miradouro à disposição dos visitantes. Vai ser inaugurado dia 18 deste mês, pelo PR, Cavaco Silva, que andará pelo geoparque de Arouca num roteiro que inclui uma visita às pedras parideiras. Ainda em regime experimental, o radar do Norte, que representou um investimento de cerca de três milhões de euros comparticipados em 85% por fundos comunitários, deverá entrar em funcionamento durante este trimestre. É o único radar do país que emite os seus sinais tanto na horizontal como na vertical, o que permite identificar o tipo de partículas de água em diversos estados na atmosfera e, além disso, tem um miradouro à disposição dos visitantes. Portugal passará a ter um terceiro radar com tecnologia mais avançada do que os dois já existentes. O radar de Coruche, que cobre a zona Centro, funciona desde Junho de 1998, e o de Loulé, no Sul, desde Janeiro de 2005. O radar de Arouca distingue-se, desde logo, pela emissão horizontal e verticalmente dos seus sinais (polarização dupla do sinal), o que facilita a classificação do tipo de partículas na atmosfera, de chuva, neve ou granizo, e permite determinar com mais rigor a sua intensidade. Com um radar de polarização dupla podemos ter uma definição mais correcta dos contornos das partículas e, com isso, podemos dizer com boa precisão o tipo de partícula estamos a detectar. Dentro da chuva [por exemplo], se são chuviscos ou é chuva forte, explica o gestor do projecto do radar, o meteorologista Sérgio Barbosa, do Instituto Português do Mar e da Atmosfera (IPMA - ex-IM). Os radares de Coruche e Loulé, acrescenta, são de polarização só horizontal, pelo que permitem dizer que se está a detectar uma mancha forte de partículas, por exemplo, mas não o seu tipo. A tecnologia permite assim detectar alterações meteorológicas e hidrológicas, como fenómenos inesperados e o aumento da intensidade da chuva, além de ocorrências pontuais como nuvens de fumo que se formam nos incêndios florestais. Ou seja, detecta chuva forte e localizada, chuva forte e prolongada, saraiva, granizo, ventos muito fortes e acompanha as suas trajectórias. Os radares de Coruche e de Loulé também o fazem, mas o do Norte será mais eficiente pela tecnologia que incorpora. E a distância de 200 quilómetros entre cada um dos três radares permite desenvolver um padrão espacial da precipitação e medir a velocidade do vento com maior precisão. O receptor do novo radar é mais sensível, por isso detecta partículas mais pequenas. E há um aspecto que Sérgio Barbosa salienta como um contributo valioso na salvaguarda de pessoas e bens: o radar de Arouca fornecerá informações actualizadas e com previsões até um máximo de três horas de fenómenos meteorológicos adversos e perigosos. Será possível detectar e acompanhar esses fenómenos com uma previsão a tempo imediato. Além disso, permitirá melhorar os modelos de previsão meteorológica e, segundo Sérgio Barbosa, será o local ideal para fazer investigação na área da meteorologia. É uma ferramenta de observação remota que emitirá um feixe com um alcance de 300 quilómetros, especifica. É automático e, tal como o de Coruche e de Loulé, será gerido em Lisboa. Desde Outubro que está em regime experimental. Há sempre ajustamentos a fazer, rastreios... Tarefas que incluem reduzir a influência dos parques eólicos. Com o radar de Arouca, a região Norte deixa de depender, como agora acontece, dos radares espanhóis da Corunha, Santander, Valladolid e Cáceres. Estes radares têm sido muito úteis e a colaboração com Espanha continuará, diz Sérgio Barbosa. Os radares espanhóis serão utilizados para cobrir zonas onde se verifiquem ocultações, nomeadamente devido a cadeias montanhosas, e quando o radar de Arouca estiver em manutenção.

Um miradouro para o mar e as serras
E há ainda o miradouro. Não estava programado no projecto inicial, mas quando a torre do radar meteorológico de Arouca começou a ganhar formas percebeu-se que um dos seus varandins daria um belo miradouro. E assim é. A 45 metros de altura, no 10º piso, está um miradouro, um varandim envidraçado, que permite um giro de 360 graus para ver o mar, a ria de Aveiro, o Porto, as serras da Estrela, do Caramulo e de Montemuro e a frecha da Mizarela, uma das cascatas mais altas da Europa, ou seja, toda a paisagem em redor. O acesso é por elevador ou escadas. Depois da inauguração, as visitas podem ser marcadas através do Geoparque de Arouca, que vai gerir o miradouro que será mais um geossítio do seu roteiro. O presidente da Câmara de Arouca, Artur Neves, está feliz com a obra e com a receptividade do IPMA para aí albergar o miradouro. É um exemplo que nem sempre acontece. Trata-se de um investimento da Administração Central que, em boa hora, se disponibilizou para uma concertação com a estratégia local, que assenta no geoparque e nas visitas ao território, frisa. É fantástico. As pessoas têm possibilidade de subir e apreciar a paisagem». In Sara Dias Oliveira, Jornal Público, 5 de Fevereiro de 2015.

Cortesia de Jornal Público

Um abraço, Sérgio! Do amigo JDACT

sábado, 23 de agosto de 2014

Em Ferros d’El-Rei. Paulino Oliveira. «A sua obra é multímoda, espraiando-se por diversas áreas: o jornalismo, a poesia, a ênfase na recuperação de algumas personalidades de inequívoco mérito das letras nacionais, a pedagogia, a valorização dos 'ex-líbris' de Setúbal…»

jdact

Prefácio
«(…) Em Setúbal, o seu quotidiano foi preenchido com o exercício da profissão, guarda-livros, o jornalismo e a divulgação dos princípios do republicanismo. Em 1893, por motivos políticos, conheceu as agruras do despedimento. Em Janeiro do ano seguinte, partiu para o Ambriz, Angola, em busca de um futuro mais risonho. O sonho africano foi obliterado, ao fim de alguns meses, pela doença. De regresso à sua terra natal, como recorda João Francisco Envia, foi industrial de colchoaria. Teve ainda oficina de mobiliário, instalada na Rua de Santo António, e estabelecimento de vendas, na Praça de Bocage, empregando numerosos operários. Mais tarde, fez parte dos quadros da fábrica de conservas Aurora, que pertencia a José Joaquim Fragoso.
No início da década de 90 do século XIX, o juiz João Baptista Castro veio exercer para Setúbal. Ficou nos anais da república portuguesa porque lhe coube assinar, em 1911, a directiva que estipulava a inclusão de Carolina Beatriz Ângelo nas listas de cidadãos que podiam exercer o seu voto para a eleição da Assembleia Constituinte. Esta tarefa ingente impunha-se porquanto era necessário erigir um regime estruturado e alternativo ao da monarquia, pouco antes derrubada. De acordo com a legislação promulgada pelo governo provisório, coordenado por Teófilo Braga, apenas os chefes de família podiam expressar nas urnas as suas opções políticas. Por ter enviuvado, aquela médica reivindicou essa prerrogativa, tornando-se a primeira mulher portuguesa a votar. Abra-se um parêntesis para recordar que, como é do domínio público, só em 1931, foi contemplado o direito de voto para as mulheres, desde que tivessem, no mínimo, o curso secundário completo.
O mencionado magistrado teve pelo menos dois filhos: o poeta e jurista Alberto Osório Castro, cuja obra está injustamente esquecida, e Ana de Castro Osório. A esta escritora muito deve a literatura, designadamente a infantil e a tradicional, a pedagogia, o movimento em prol do divórcio, a edição de obras de vulto e a propaganda republicana. A 10 de Março de 1898, casou-se, na freguesia da Anunciada, com Paulino Oliveira. A respectiva prole chegou pouco depois: João Osório Castro e José Osório Oliveira, nascidos em 1899 e em 1900. Ambos trilharam também a senda das letras, legando-nos uma extensa obra, nomeadamente o último.
Em 1908, Paulino Oliveira, vítima de perseguição política, foi forçado a demandar o exílio em terras brasileiras. O 5 de Outubro de 1910 constituiu um imperativo categórico para regressar ao país. Depois de uma experiência fugaz pelo jornalismo, foi nomeado, em Maio de 1911, cônsul em S. Paulo. A tuberculose, a doença da época, foi inexorável, tendo ali falecido a 13 de Março de 1914. Os seus restos mortais foram trasladados, em 1922, para um jazigo de família que se encontra no cemitério de Setúbal. A obra de Paulo Oliveira é multímoda, espraiando-se por diversas áreas: o jornalismo, a poesia, a ênfase na recuperação de algumas personalidades de inequívoco mérito das letras nacionais, a pedagogia, a valorização dos ex-líbris de Setúbal, bem como a afirmação e a divulgação dos princípios que enformavam o P.R.P., ou seja, o Partido Republicano Português.

O jornalismo
A actividade jornalística constituiu uma das paixões de Paulino Oliveira: estava em sincronia com a sua personalidade e o seu ideário. Dava-lhe, com efeito, a possibilidade de ensaiar os seus voos poéticos, de partilhar as suas crónicas, de manifestar as suas opções literárias, de intervir socialmente e de expressar os princípios do republicanismo, causa que abraçou com entusiasmo.
Na verdade, Paulino é um caso sui generis do jornalismo português. Foram da sua responsabilidade a fundação, edição ou redacção de sete periódicos:
  • A Estreia Literária, quinzenário literário e noticioso (1886), que, ao fim de 12 números, deu lugar à Semana Setubalense, folha independente, política, literária e noticiosa (1886-1887); 
  • A Opinião (9 Junho 1889-31 Agosto 1890); 
  • O Eco de Setúbal: semanário republicano (1893); 
  • O Mês: crónica da vida setubalense (Novembro 1894), que redigiu integralmente quando regressou de África; 
  • O Pregoeiro (1903); 
  • O Radical, na sequência do 5 de Outubro, em 1911, com o intuito de desmascarar os republicanos convertidos à última hora.
Tal como aconteceu com Ana de Castro Osório, a sua colaboração esporádica em jornais e revistas é extensa, sendo consequentemente árdua a respectiva inventariação integral. Recordemos alguns: Branco e Negro, O Perfume, Ave Azul, O Distrito, Gazeta Setubalense, O Elmano, Arrábida, Boémios, Comércio do Vez, Ilustração Portuguesa, Novo Aurora, A Crónica, A Pátria a Garrett, Sociedade Futuro, Garcia de Resende, Limiana e, postumamente, A Voz da Mocidade, Ideia Nova e Descobrimento».
In Paulino de Oliveira, Em Ferros d’El-Rei, Considerações acerca da minha prisão, Typ. Da Companhia Nacional Editora, Lisboa, 1893, Prefácio de Daniel Pires, Centro de Estudos Bocageanos, Setúbal, 2012, ISBN 978-972-8361-45-7.

Cortesia de CEBocageanos/JDACT

segunda-feira, 28 de abril de 2014

O Anacronista. Crónicas. Manuel António Pina. «Sabe, ensinou o professor, eu nunca ganhei nada com o PCP, nem o PCP comigo; o nosso casamento não foi, de todo em todo, um casamento de conveniência; se fosse, seria bem fácil dissolvê-lo, mas um casamento de amor, esse não se dissolve com facilidade...»

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O comunismo acabou?
«(…) O espectáculo da derrocada dos partidos comunistas do Leste europeu e os seus mais recentes episódios, em que o PCUS tem sido o personagem principal, geraram entre nós verdadeiras tragicomédias políticas, capazes de dar o golpe de misericórdia nos restos de confiança que algum ingénuo ainda tivesse na espécie humana, sobretudo a do género político. O PCUS caiu, e um imenso coro cacofónico desatou, com o mais suspeito dos júbilos, na TV, nos jornais, no Parlamento, aos gritos de O comunismo acabou! O comunismo acabou! Afinal N… C... e N… B…, o H… M…, toda a indistinta massa de membros do Governo e do partido do Governo com lugar cativo no Telejornal, díspares e ilustres (por assim dizer) dirigentes do PS, dissidentes não menos ilustres do PCP da UDP e do MRPP herdeiros putativos do marcelismo e cristãos-novos da Democracia, têm-se revelado, no meio da gritaria, inesperadas almas gémeas do PCUS de Estaline e de Brejnev: também para eles PCUS e comunismo são, parece, uma e a mesma simples coisa! Alguma nota de bom senso, aqui e ali, não tem chegado para remar contra a histérica corrente anticomunista que os feitos de Boris I diante do Parlamento da Rússia (e atrás de centenas de milhar de manifestantes e de meia dúzia de batalhões de elite do exército e do KGB) geraram, empolgando as brandas consciências portuguesas que, aliás, nunca se evidenciaram por aí além pela seriedade intelectual. Está contente por o comunismo ter acabado?, perguntava, mais ou menos, o Telejornal ao embaixador Guerasimov. Guerasimov quis saber, antes de responder, se o Telejornal já tinha lido O Capital e outros textos teóricos; o Telejornal, evidentemente, não tinha lido; se tivesse lido, lembrou o embaixador, saberia que o comunismo está cheio de generosas ideias de solidariedade, de liberdade e de igualdade que, se tivessem, de facto, acabado, não seria isso certamente motivo para ninguém, nem mesmo o Telejornal, se congratular. E alguém explicava ao omnipresente C… F…, numa rua de Moscovo: os crimes feitos em nome do comunismo (e não são poucos) não destruirão a utopia comunista, como os crimes feitos, ao longo dos séculos, em nome do cristianismo (e não são igualmente poucos) não destruíram, nem eles, a utopia cristã.
Maiakovski matou-se quando o leninismo matou a Revolução de Outubro. Às mãos de Estaline na Sibéria, de Trotsky em Kronstadt, e de muitos outros um pouco por todo o lado, foram os comunistas, é preciso que se recorde, os primeiros a morrer. Este meio século de História foi testemunha de uma imensa carnificina de gente tocada pela utopia igualitária; e, nessa, matança, é preciso também que se recorde, muitos partidos comunistas, pelo menos a Leste, estiveram do lado dos que dispararam (como outros, a Oeste, e designadamente o PCP, estiveram do lado das vítimas). Se tanto sangue comunista não chegou para matar o comunismo, não se afigura provável que N… C…, com um discurso na Assembleia, ou o C… S…, com uma tirada eleitoral, consigam fazer-lhe o enterro, e muito menos a súbita diligência democrática do J… M… e da Z… S… Nunca militei no PCP. Estou talvez, por isso, à vontade para perceber a resposta de A… H…, ainda e sempre ao fogoso Telejornal, quando lhe perguntavam se iria, também ele, abandonar o PCP: Sabe, ensinou o professor, eu nunca ganhei nada com o PCP, nem o PCP comigo; o nosso casamento não foi, de todo em todo, um casamento de conveniência; se fosse, seria bem fácil dissolvê-lo, mas um casamento de amor, esse não se dissolve com facilidade..., Contrariamente às vedetas da dissidência oportuna, H… optou por se afastar discretamente, para, segundo ele, não se misturar com os ratos que abandonam os navios quando lhes cheira a perigo. A lição fez-me lembrar o inestimável M…, mantendo-se na AR, para onde foi eleito com os votos de milhares de portugueses que acreditam no PCP (e para defender o programa concreto do PCP e as soluções concretas com que este se apresentou ao eleitorado), e passando a defender o contrário e a votar contra os votos que o elegeram... Chegámos, parece, a dias em que vale tudo, até arrancar olhos; e, pior, lucrar com isso, como no magalhânico caso (se são lucro os proveitos parlamentares, uns anos mais para a choruda reforma e um lugar elegível no partido mais à mão de semear).
Grave é se os nossos filhos, em vez da lição de H…, aprenderem antes a torpe lição de M… E julgo que, nos tempos sem grandeza que vivemos, esta é certamente uma tarefa que não podemos recusar: fazer com que os nossos filhos possam escapar à infecção da mediocridade, protegendo a frágil flor da sua juventude da terrível sepultura das ideias e dos ideais que tantos agentes funerários, com o sucesso que se sabe, andam por aí a cavar. E, já agora, se possível, ensiná-los, em tempos de confusão, a distinguir as religiões das igrejas, sobretudo quando estas, como o terá feito a igreja comunista (e como o fazem tantas outras igrejas e semi-igrejas de generosos ideários), fundam os seus alicerces sobre o silêncio e sobre a intolerância». In Jornal de Notícias, 18 / 9 / 1991

In Manuel António Pina, O Anacronista, Crónicas, Edições Afrontamento, 1994, ISBN 972-36-0323-3.

Cortesia de E. Afrontamento/JDACT

quinta-feira, 21 de novembro de 2013

Diálogo de Titãs. Eça de Queirós e Machado de Assis. Adriana Mello Guimarães. «… que Machado utiliza um conceito mais cauteloso, amortecido por expressões como ‘imitação’ e ‘reminiscências’ e que o aproveitamento do texto de Zola está restrito à descrição técnica da liturgia católica»

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Imortais sabem, uns dos outros, os nomes, os feitos e os rostos soberanos, mesmo quando habitam retiros remotos que o Éter e o Mar separam. In Eça de Queirós. A Perfeição

«Que espécie de relação poder-se-ia estabelecer entre dois contemporâneos como Eça de Queirós e Machado de Assis? É comum considerar um em relação ao outro somente em função da crítica que Machado de Assis publicou no jornal carioca O Cruzeiro, nas edições de 16 e 30 de Abril de 1878. Como sabemos, o escritor brasileiro
analisou, sob o pseudónimo de Eleazar, dois romances de Eça de Queirós, O primo Basílio e O crime do padre Amaro, sendo este texto (em sua segunda versão, de 1876) considerado uma imitação de La Faute de l’Abbe Mouret. Seria isto suficiente para criarum abismo entre duas referências de mentalidade e de gosto da língua portuguesa? Pelo contrário.
Não obstante a crítica, Eça de Queirós não só escreveu sobre o Brasil como escreveu para leitores brasileiros, especialmente em colaboração com a Gazeta de Notícias, do Rio de Janeiro, com a Revista Moderna e com a Revista de Portugal, em Paris, sendo importante ressaltar nessa ligação o facto de ele ter conquistado, no mesmo espaço cultural brasileiro em que despontou Machado de Assis, a fidelidade de muitos leitores. Como explicar esta possibilidade de aproximação entre eles? Julgamos que, pelo menos em parte, porque ambos foram jornalistas ao final do século XIX, e porque enquanto cronistas partilharam análogas preocupações. Mas, afinal, o que proferia a tão conhecida crítica de Machado de Assis? Em primeiro lugar, cabe esclarecer que Machado não fala propriamente em plágio. No estudo que serve de introdução a edição crítica do livro O crime do padre Amaro está claro que Machado utiliza um conceito mais cauteloso, amortecido por expressões como imitação e reminiscências e que o aproveitamento do texto de Zola está restrito à descrição técnica da liturgia católica. Tal estudo reforça ainda as teorias desenvolvidas por Alberto Machado Rosa na obra Eça, discípulo de Machado?
Segundo o estudo elaborado por Rosa, a originalidade da análise machadiana incidiria num sistema de ideias em que se fundia uma visão aparentemente pragmática dos movimentos romântico e naturalista com uma penetração excepcional dos fenómenos psicológicos e de verdade moral. Conduzidos por Rosa, constatamos que Eça reconheceu que deveria seguir os conselhos e sugestões de Machado de Assis. Ou seja, ao reescrever o romance O crime do padre Amaro, Eça obedece a cada uma das observações do crítico brasileiro. É assim que Machado Rosa conclui que se a influência de Machado de Assis é mais que uma hipótese […] simboliza a fecundação do mais luminoso artista de Portugal pelo mais profundo espírito do Brasil, e a união das duas pátrias. Apesar de o tema ter sido amplamente analisado no estudo de Alberto Machado Rosa, pensamos que cabe ainda assinalar o seguinte: logo no início da sua crítica, Machado de Assis destaca que já conhecia Eça de Queirós através d’As Farpas. Recordemos, então, resumidamente o que ficou registado na revista As Farpas de Fevereiro de 1872, elaborada por Eça de Queirós e Ramalho Ortigão. O texto, em tom de brincadeira, faz uma grande galhofa com o imperador Pedro II que efectuou uma visita a Portugal e causou uma grande estranheza. Mas, As Farpas não foram irónicas apenas com o Imperador do Brasil e, consequentemente, com a Casa de Bragança (que estava no poder em Portugal). O discurso queirosiano das Farpas fala também sobre o brasileiro de forma mordaz: tudo no brasileiro é motivo de sátira, desde o seu aspecto físico até a sua linguagem. Estaria Machado de Assis magoado com a feroz crítica que Eça escreveu sobre os brasileiros? A crítica machadiana seria uma forma de afirmar que no Brasil existia alguém capaz de pensar e estar atento ao que acontecia na Europa em termos de literatura e jornalismo?
Um outro facto que une os dois mestres lusófonos diz respeito aos direitos autorais do livro O primo Basílio. Na verdade, tudo se resume a uma declaração que surgiu em 1878, na segunda edição do livro, que delegava para todos os efeitos da lei a propriedade literária da obra, no Império do Brasil, ao escritor Machado de Assis. Machado Rosa acredita que poderia ter sido o próprio Eça de Queirós quem sugeriu o nome de Machado, o que demonstraria que Eça não guardou ressentimento contra a crítica elaborada pelo bruxo do Cosme Velho. Inegável é o testemunho deixado por Machado de Assis na altura da morte de Eça de Queirós, onde o escritor brasileiro, após enaltecer o escritor português, destaca que conhecia a crítica e as polémicas suscitadas pelos controversos artigos jornalísticos queirosianos:

Que hei de eu dizer que valha esta calamidade? Para os romancistas é como se perdêssemos o melhor da família, o mais esbelto e o mais válido. […] Tal que começou pela estranheza acabou pela admiração. Os mesmos que ele haverá ferido, quando exercia a crítica directa e quotidiana, perdoaram-lhe o mal da dor pelo mel da língua, pelas novas graças que lhe deu, pelas tradições velhas que conservou, e mais a força que as uniu umas e outras, como só as une a grande arte.

Ao enfatizar as críticas queirosianas, ao conceder-lhe o perdão, estaria Machado a fazer uma referência directa a crónica sobre os brasileiros publicada n’As Farpas? Apesar das interrogações, nesta carta machadiana dá-se a feliz circunstância da absolvição por parte do brasileiro. No entanto, como assinalou Beatriz Berrini, o que importa destacar é que os dois escreveram para o mesmo jornal, a Gazeta de Notícias, do Rio de Janeiro, na mesma altura (entre 1881 e 1897) e que tal facto permite inferir que os textos de um foram certamente lidos pelo outro. Heitor Lyra certifica que Eça possuía, pelo menos, na sua biblioteca um livro (Quincas Borba) enviado por Machado de Assis, cuja dedicatória sintetiza alguma frieza: A Eça de Queirós, Machado de Assis. (1965). Mais uma prova de que os dois grandes vultos da literatura oitocentista lusófona olharam-se de frente e partilharam preocupações comuns. Tanto Eça como Machado seguiram caminhos paralelos: enquanto Eça criticava a decadência da sociedade portuguesa; Machado de Assis procurava a identidade da nova nação brasileira. Lúcia Miguel Pereira, em 1945, comparou os ficcionistas: A visão directa e objectiva no português passava, no brasileiro, pelo ângulo de refracção da subjectividade (1945).
Uma outra observação que comprova uma certa sintonia entre os dois grandes vultos da língua portuguesa é o facto de Eça de Queirós ter sido admitido na Academia Brasileira de Letras (fundada por Machado de Assis) como sócio-correspondente, em 1887. Por seu lado, em 1904, quando Machado de Assis se tornou sócio correspondente da Academia de Ciências de Portugal, Eça de Queirós já tinha falecido. Um aspecto final indicador desta cumplicidade entre os dois autores é o diálogo que propõe o livro da escritora Maria Velho Costa, Madame, de 1999. O texto é fruto de um projecto cénico que reuniu em palco duas grandes actrizes: a portuguesa Eunice Muñoz e a brasileira Eva Wilma. Em cena, as actrizes representam duas personagens femininas imortais e emblemáticas:
  • Capitu eterna oblíqua, dissimulada, com olhos de ressaca e uma arara do Paraíso machadiano;
  • Maria Eduarda, belíssima, inteligente, sublime, requintada como um pavão do reino dos Maias.
É um texto que funciona pelo jogo intertextual e que revela, ainda hoje, a vitalidade do diálogo intercultural luso-brasileiro». In Adriana Mello Guimarães, Diálogo de Titãs. Eça de Queirós e Machado de Assis, Universidade de Évora, Revista Labirintos, Universidade Federal de Feira de Santana.

A amizade de Adriana e Telma
Cortesia da UÉvora/JDACT

sábado, 2 de novembro de 2013

O Jornalismo em Evolução. Adriana Mello Guimarães. Nuno R. Fernandes. «… ‘o jornalismo continua em grande evolução’. No entanto, devemos estar atentos. Afinal, um dos problemas contemporâneos é justamente o excesso de informação que pode provocar a angústia ou até a desinformação»

Cortesia de wikipedia

«(…)
A Internet e o Universo digital
No fim do século XX e à passagem para o século XXI, verificamos que o processo de identidade profissional do jornalista continua em mudança. Com o desenvolvimento da Internet surgiram claros desafios para os órgãos de comunicação social, mas sobretudo surgiram necessidades novas para os jornalistas portugueses de adaptação a novas linguagens. Novas formas de jornalismo surgiram mas a necessidade de criar ou experimentar essas formas não é fazê-lo à toa, como se o futuro nada tivesse a ver com o passado. A maneira mais simples até de se familiarizar com o novo meio é transpor para ele as formas tradicionais e depois, e só depois, começar a experimentar. E esse foi o passo natural dado pelo ciberjornalismo português e pelos ciberjornalistas portugueses. É certo que não podemos esquecer a existência de projectos ciberjornalísticos portugueses totalmente desfasados da realidade e que tiveram uma curta existência. Com a emergência do ciberjornalismo foi rapidamente detectada, no sector empresarial e no campo do ensino, a necessidade de profissionais formados para o jornalismo digital. Os primeiros ciberjornalistas portugueses eram jornalistas transferidos das redacções tradicionais. No contexto académico a formação passou também a olhar para o ciberjornalismo como uma disciplina, a qual surgiu com o nome de ciberjornalismo na Universidade Nova de Lisboa em, Fevereiro de 2000. A partir daí a disciplina passou a integrar as várias licenciaturas de Ciências da Comunicação e Jornalismo das Universidades portuguesas.
As necessidades dos órgãos de comunicação eram assim combatidas já que estes exigiam jornalistas com domínio alargado de múltiplas capacidades, bem como a aptidão para trabalhar em ciclos de notícias de actualização permanente. Em certos casos, o ciberjornalista terá de redigir notícias, produzir fotografia, áudio e vídeo, construir páginas Web, transpor conteúdos impressos ou audiovisuais para a rede, acrescentar hiperligações, fornecer interfaces que permitam aos utilizadores o recurso a bases de dados diversas. Se na imprensa surgiram novas formas de trabalho, nas rádios a história não foi muito diferente. A ligação ao multimédia, transformou a rádio, em claro benefício da interactividade. A TSF, a Antena 1, e a Rádio Renascença, são três exemplos onde a aposta informativa não se fica apenas pelas ondas da rádio. Nos respetivos sites existe um claro intuito interactivo, desenvolvem-se novas linguagens (no caso da RR o vídeo possui um claro espaço) e são potenciados novas formas de apresentar o conteúdo veiculado pelas ondas hertzianas. Isto transforma o ouvinte num utilizador e favorece a fragmentação das audiências, tendo modificado a forma de recepção radiofónica, transformando o conceito de receptor. Hoje para além de se ouvir a rádio podemos consultar o site da estação emissora. Outro desafio nasceu para os jornalistas portugueses, o qual talvez no futuro venha a implicar alterações na forma de ensino: o jornalismo para dispositivos móveis.
Esta nova forma de apresentar os conteúdos jornalísticos está a obrigar, tal como o ciberjonalismo obrigou, a uma adaptação dos conteúdos, num primeiro momento, mas a evolução de uma linguagem e de apresentação dos conteúdos informativos parece-nos ser um passo necessário. Actualmente são várias as investigações académicas em torno deste fenómeno e nas próprias redacções assiste-se ao lançamento de vários projectos para dispositivos móveis. Ou seja, o jornalismo continua em grande evolução. No entanto, devemos estar atentos. Afinal, com tantos avanços na tecnologia de transmissão surgem novas problemáticas. Como afirma Richard Wurman, um dos problemas contemporâneos é justamente o excesso de informação que pode provocar a angústia (típica dos tempos actuais) ou até a desinformação». In Adriana Mello Guimarães e Nuno R. Fernandes, O jornalismo em Evolução, Trabalho apresentado no III Seminário de I&DT, organizado pelo Centro Interdisciplinar de Investigação e Inovação do Instituto Politécnico de Portalegre, Dezembro, 2012.

Cortesia do IPP/JDACT

O Jornalismo em Evolução. Adriana Mello Guimarães. Nuno R. Fernandes. «… a antiga máxima “a televisão mostra, a rádio conta e o jornal explica” atingiu o seu ápice. No entanto, uma mudança no nosso panorama mediático veio a alterar a forma de fazer jornalismo»

Cortesia de wikipedia

A ascensão de uma profissão
«(…) Nesse período destacamos o surgimento do Diário de Notícias (1/1/1865) um jornal barato, acessível que inovou o panorama jornalístico oitocentista. Justamente nessa fase industrial, os jornais passaram a dispor do auxílio do telégrafo e, então, surgiram as agências noticiosas: O progresso das técnicas e o aparecimento de uma imprensa barata, diversificando o seu conteúdo para deixar mais espaço à relação de informações, em vez de se dedicar apenas à expressão de opiniões, permitiram, causa e consequência ao mesmo tempo, a criação das agências. Desta forma, o sistema de comunicações melhorou, tornou-se mais rápida a circulação de notícias e ampliou-se o hábito de ler jornais. Assim, o jornal lançado romanticamente pelo indivíduo isolado que nele fazia quase tudo deixava, passo a passo, de ter condições para competir e subsistir. As redacções alargaram-se. Será útil relembrar, ainda, as influências que o jornalismo luso recebeu: O jornalismo português nasceu e evoluiu sintonizado com o que se fazia na Europa, em particular em França, país que até ao século XIX ditou «as modas» em Portugal. No entanto, as guerras napoleónicas (em que Portugal alinhou pelos britânicos) e, posteriormente, as lutas liberais (…) e o liberalismo permitiram que a imprensa portuguesa se abrisse ao modelo britânico de jornalismo, assente no princípio da liberdade de imprensa. Enfim, não há dúvida de que o século XIX foi um período de expansão da imprensa portuguesa, um legado rico, marcado por um carácter idealista e doutrinário que serviu para o estabelecimento das coordenadas ideológicas de toda uma memória colectiva.

A legitimação do grupo profissional
Passo a passo o jornal torna-se num produto e a informação transforma-se de opinativa para cada vez mais objectiva. Já em pleno século XX, em 1938, Andrade Saraiva, ao falar sobre a missão da imprensa afirma: Em lugar do apostolado, do idealismo e da doutrina, surgiu a empresa. A caixa substituiu a tribuna. (…) A personalidade do director apagou-se e subalternizou-se; em vez de um tributo ou de um apóstolo, tornou-se antes um chefe de escritório sempre atento às condições e desejos do conselho de administração. Ou seja, o ofício de jornalista foi aos poucos transformando-se numa profissão e os jornalistas, enquanto grupo profissional começaram à procura de um espaço autónomo de legitimação. De facto, apesar de ser considerada (durante muitos anos) uma actividade socialmente desvalorizada e intelectualmente desprestigiada, passa a ser socialmente reconhecida e juridicamente legitimada. O jornal torna-se um bem de consumo. Emblemáticos destas alterações são os novos perfis profissionais dos jornalistas: o repórter passa a ser valorizado e surge a figura do correspondente de guerra.
Além da informação geral, aparece a chamada imprensa especializada e nas redacções ocorre a expansão do número de jornalistas. Emerge a fixação de uma hierarquia profissional e a divisão do trabalho no seio da redacção por secções, bem como a fixação de um vocabulário próprio e a definição de competências técnicas associadas à profissão, a diferenciação de estilos, a criação de embriões do que viria a ser o Sindicato dos Jornalistas, e a mobilidade dos jornalistas entre os diversos órgãos de comunicação social. O jornalismo português ao longo do século XX sofreu diversas mutações estruturais e legislativas e vivenciou um longo contexto de privação de liberdade que condicionou a autonomização e profissionalização dos jornalistas. Assistiu-se a massificação do uso da rádio (anos 40-50) que mudou a forma de fazer jornalismo, assim como a implantação da televisão (1957). Nesse tempo a antiga máxima a televisão mostra, a rádio conta e o jornal explica atingiu o seu ápice. No entanto, uma mudança no nosso panorama mediático veio a alterar a forma de fazer jornalismo. Os jornais deixaram de explicar e passaram a contar e com um dia de atraso. As estratégias dos proprietários dos media levaram a que os nossos jornais perdessem a sua principal característica, o aprofundamento das peças jornalísticas, para passarem a ter a mesma característica dos outros meios. Será a morte anunciada do jornalismo impresso? Fica a questão que não cabe aqui tentar responder». In Adriana Mello Guimarães e Nuno R. Fernandes, O jornalismo em Evolução, Trabalho apresentado no III Seminário de I&DT, organizado pelo Centro Interdisciplinar de Investigação e Inovação do Instituto Politécnico de Portalegre, Dezembro, 2012.

Cortesia do IPP/JDACT

quinta-feira, 31 de outubro de 2013

O Jornalismo em Evolução. Adriana Mello Guimarães. Nuno R. Fernandes. «Ora, tais ideias compõem uma verdadeira teoria do jornalismo, na medida em que evidenciam as principais funções da imprensa: ‘informar; interpretar; actuar e intervir’»

Cortesia de wikipedia

Resumo
Que mudanças ocorreram no jornalismo? É a pergunta que procuramos responder. Para tanto, pretendemos realizar uma análise sobre o desenvolvimento do jornalismo. A nossa análise parte do século XIX, pois foi um período de expansão da imprensa portuguesa, um legado rico, marcado por um carácter idealista e doutrinário que serviu para o estabelecimento das coordenadas ideológicas de toda uma memória colectiva até chegar ao jornalismo on-line, que proporciona rapidez para informar, mas também para desinformar.

A ascensão de uma profissão
«Ao longo do século XIX, numa época em que só a imprensa escrita existia como meio de comunicação de massa, os jornais desempenharam um papel revolucionário na vida social. Em Portugal, um artigo da Revista Universal Lisbonense registava a seguinte observação: A imprensa cinge o mundo. Dantes reinava a espada – hoje governa a pena (…) A antiga civilização estava nas guerras, a nova está na imprensa, que chama a atenção para o poder da imprensa enquanto difusora de ideias que suscita a discussão. Nesse contexto oitocentista, marcado pela exigência de uma consciência social, cabe a interrogação: qual era o conceito de jornalismo? No mundo europeu industrializado, a melhoria dos transportes, o alargamento da vida escolar e a evolução das técnicas gráficas foram determinantes para fazer do jornalismo uma actividade sustentável. A inserção da acção jornalística como factor de produção cultural na vida moderna logo se fez reflectir em Portugal: O jornalismo desempenhava na difusão das atitudes inovadoras papel de relevo, condicionado embora pelo analfabetismo generalizado e pelo baixo poder de compra dos possíveis leitores. Mas a imprensa de então é, apesar de tudo, uma realidade cultural de peso (…) só de 1869 a 1871 surgiram em todo o país, 45 novas tentativas. São, sobretudo, folhas políticas, literárias, de anúncios, religiosas, humorísticas, pedagógicas. De facto, o jornalismo oitocentista conferiu à vida do espírito uma presença social mais intensa, e marcou a mentalidade nacional de toda uma geração como um espaço de formação da opinião e da consciência do cidadão.
Nesse espaço, os literatos ocuparam, desde sempre, um lugar de destaque:
Os jornais eram, à época, importantes centros sociais. Era ali – e Eça recordá-lo-á em várias obras – que se faziam amigos, se discutia política, se ficava a par das intrigas do dia. Um periódico oitocentista era o centro do mundo. (Mónica, 2001,p.33) Ao longo dessa fase da chamada “imprensa de opinião”, as empresas jornalísticas contaram com a participação de grandes nomes da literatura e caracterizaram-se por manter, em termos de recursos humanos, uma estrutura centralizada:
O chefe da redacção era o verdadeiro espírito e a alma da publicação. O jornal, geralmente, era um homem, mais até do que um partido. (…) Era o redactor responsável com a sua personalidade, quem, dentro das coordenadas gerais, imprimia ao jornal uma vida própria. Ideologicamente, devemos lembrar que a imprensa da época é, em primeiro lugar política, em segundo lugar, literária e só acidentalmente noticiosa dos acontecimentos da vida quotidiana. No que diz respeito à circulação da informação, uma característica importante desta fase é assinalada por Tengarrinha: Em voz alta liam-se (…) os editoriais dos jornais mais importantes: de tal maneira, assim, a Imprensa e a oratória andavam intimamente ligadas. Entre os múltiplos escritores que emprestaram a sua pena a imprensa, destacamos o crítico alentejano Fialho Almeida que, conforme o espírito da época, entendia o jornalismo como uma missão pedagógica de intervenção e, sobretudo, como um meio para a circulação de ideias. Daí afirmar: Da imprensa deriva toda a espécie de incentivo e de energia fecunda e transformável que vai depois propulsar em todos os distritos gerais da actividade, moral e ciência, indústria e arte, política e religião. Na sequência deste pensamento, Fialho defende o interesse da esfera pública, o chamado espírito públicoÉ a imprensa que reforça e purifica a voz da opinião.
Outro grande escritor oitocentista, Eça de Queirós, concebia um jornalismo de projecção para o futuro, onde era necessário relacionar os factos para melhor compreender e fazer entender. Vejamos, logo no primeiro número de O Distrito de Évora, que fora posto a circular no dia 6 de Janeiro de 1867, o que Queirós afirma:
O jornalismo na sua justa e verdadeira atitude, seria a intervenção permanente do país na sua própria vida política, moral, religiosa, literária e industrial. […] É o grande dever do jornalismo fazer conhecer o estado das coisas públicas, ensinar ao povo os seus direitos e as garantias da sua segurança, estar atento às atitudes que toma a política estrangeira, protestar com justa violência contra os actos culposos, frouxos, nocivos, velar pelo poder interior da pátria, pela grandeza moral, intelectual e material em presença das outras nações, pelo progresso que fazem os espíritos, pela conservação da justiça, pelo direito, da família, do trabalho, pelo melhoramento das classes infelizes.
Ora, tais ideias compõem uma verdadeira teoria do jornalismo, na medida em que evidenciam as principais funções da imprensa: informar; interpretar; actuar e intervir. Por outro lado, cabe assinalar o surgimento de novos processos comunicacionais que deram origem à chamada fase da imprensa industrial. De facto, segundo José Tengarrinha, só entre 1865 e 1885 é que se estabeleceram em Portugal as condições propícias à transformação industrial da imprensa, o que deu ênfase à informação como preocupação e objectivo». In Adriana Mello Guimarães e Nuno R. Fernandes, O jornalismo em Evolução, Trabalho apresentado no III Seminário de I&DT, organizado pelo Centro Interdisciplinar de Investigação e Inovação do Instituto Politécnico de Portalegre, Dezembro, 2012.

Cortesia do IPP/JDACT

Notas sobre Jornalismo e História em Eça de Queirós. Adriana Mello Guimarães. «O jornalismo ensina, professa, alumia sobretudo; é ele o grande constituidor do futuro [...] A história leal, verdadeira e elevada, pela filosofia que encerra, pelos métodos políticos que esclarece…»

Cortesia de wikipedia e jdact

Resumo: Breves anotações sobre a relação entre jornalismo e história na obra de Eça de Queirós como jornalista.

Era aos mass media que começava a pertencer o monopólio da história. A partir de agora, pertence-lhes. Nas nossas sociedades contemporâneas é através deles, e só através deles, que o acontecimento nos toca e não pode evitar-nos.

«A questão do conhecimento histórico na cultura de um povo, com seus desdobramentos na vida individual, tornou-se um tema recorrente na obra de importantes pensadores a partir do século XIX. No actual mundo globalizado é impossível darmos conta da existência humana em bases sustentáveis sem considerá-la em sua condicionalidade histórica. Se tomarmos como premissa a moderna compreensão de que toda a actividade humana é parte de um projecto, tudo pressupõe factores históricos: a actividade económica, política, social, artística, científica, e até mesmo a actividade filosófica. Mas a actividade jornalística aparentemente tem uma relação especial com o conhecimento histórico: o jornalismo, a partir do final do século XIX, passa a reflectir historicamente a vida dos povos em seus mais diferentes sectores de actividade. Mas qual a relação entre a história e o jornalismo? Como é que a história tem visto os media na sua actividade de promover a interacção do indivíduo com os acontecimentos da vida em sociedade?
Ora, no nosso mundo contemporâneo, hipermoderno, já se considera o jornalista como um historiador do tempo presente. De facto, existe uma espécie de partilha entre esses dois lugares de produção do saber, pois se o jornalismo conta histórias do acontecimento presente, o historiador também não cria factos, mas os descortina, fazendo-os sair da sua invisibilidade. Entre os pensadores oitocentistas que abordaram a problemática, e assinalando uma visão histórica da questão, destacamos o escritor-jornalista Eça de Queirós que, no nosso entender, nas suas crónicas para a imprensa, sentiu alguma familiaridade entre o jornalismo e a história. Afinal, importa observar que Eça viveu num mundo sob o forte impacto do surgimento das ciências do espírito, por oposição às ciências da natureza, mundo esse em que se destaca a influência do pensamento de Hegel, nomeadamente no seu estudo A razão na história, para quem a verdade está na sua história, e esta história encontra-se em transformação perpétua. Tal indicação nos parece clara, pois se, no primeiro número de O Distrito de Évora, Eça de Queirós procura um conceito de jornalismo, no segundo número ele subordina seu pensamento ao título As ciências históricas. Em Eça, as atitudes do jornalista e do historiador são partes de uma mesma intenção informativa. Ambos têm uma grande preocupação com a procura da verdade.
Para ele, as ciências históricas são a base das ciências sociais. Ou seja, para o escritor, como acaba de se tornar patente, não se pode compreender nada da realidade, não se pode conhecer fora do âmbito da história, porque tudo o que é real e existe tem história, é histórico. De acordo com esse viés, tanto o saber quanto a divulgação do saber estão subordinados à historicidade dos factos. Seria, assim, do ponto de vista da história, que o jornalista adquire uma visão global dos acontecimentos, e procura, como numa investigação, aqueles factos que são considerados os mais importantes na ordem causal. Sem o sentido da historicidade dos factos, faltaria ao jornalista esta visão global do tempo, e ele se perderia na superficialidade e no impressionismo dos factos ditos interessantes:
  • O jornalismo ensina, professa, alumia sobretudo; é ele o grande constituidor do futuro [...] A história leal, verdadeira e elevada, pela filosofia que encerra, pelos métodos políticos que esclarece, pelas tradições que destrói e que consagra, pelas individualidades cujas influências estuda e penetra, esclarece e funda a política do futuro.
Problemáticas oitocentistas que ainda hoje permanecem actuais. Além desta interdisciplinaridade, as fronteiras dessas duas áreas também se cruzam na narrativa. Afinal, nos dois campos temos também um narrador, o historiador e o jornalista, que têm empreitadas narrativas a cumprir. Tanto o jornalista como o historiador devem reunir os dados, seleccionar, constituir conexões e intersecções entre eles, elaborar um enredo, apresentar soluções para decifrar uma trama e utilizar estratégias de retórica para convencer o leitor, com vistas a oferecer uma versão o mais possível aproximada do real acontecido. Enfim, ambos trabalham sobre os factos sociais (acontecimentos) e organizam uma memória colectiva. Sobre essa sobreposição de papéis, Cádima vai mais longe e alerta:
  • No passado, o poder tinha a palavra. Hoje, a História é o discurso, e a palavra tem o poder. No limite poder-se-ia dizer que o que resta de histórico na História é o sujeito da enunciação, o historiador, e o discurso por ele produzido. Mas se há um século atrás cabia aos historiadores a legitimação do passado, hoje é o jornalista e o campo dos media que ocupam o lugar do historiador.
Cabe, ainda, destacar o seguinte: é verdade que o objecto de estudo do historiador está no passado, mas o historiador vive no presente e esse presente é construído pelos jornalistas. Hoje, não só se reconhece essa interdisciplinaridade como também se assume que divergências entre as duas disciplinas não fazem sentido:
  • Seja qual for o ponto de partida, torna-se necessário que aqueles que se preocupam com a história e a comunicação e a cultura, tema que cada dia ganha mais adeptos, levem com mais seriedade e atenção a história, e os historiadores, seja qual for o tema ou período que estudem, considerem de maneira mais cuidadosa em seus estudos a comunicação.
Enfim, para enfrentar esta a aproximação entre estas formas de conhecimento ou discursos sobre o mundo, é preciso assumir, em uma primeira instância, posturas epistemológicas que diluam fronteiras e que, em parte, relativizem a dualidade jornalismo / história ou actualidade / passado. Podemos afirmar que as duas instâncias de conhecimento, apesar de suas diferenças, realizam abordagens e interpretações que, quando entram em sintonia, se enriquecem na compreensão dos factos e nas repercussões destes na sociedade. Em suma, entendemos que estas questões revelam a riqueza de uma antiga questão. No entanto, estas preocupações podem proporcionar uma abertura dos campos de pesquisa para a utilização de novas fontes e objectos, e enriquecer o campo jornalístico». In Adriana Mello Guimarães, Notas sobre Jornalismo e História em Eça de Queirós, Escola Superior de Educação de Portalegre, Universidade de Évora, Média e Comunicação. Aprender, 2012.

Cortesia da ESEP/JDACT