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domingo, 31 de agosto de 2014

The Best Of no 31. Serra da Arrábida na Poesia Portuguesa. «Que vento atravessa a fortaleza? Perto (muito perto) a gruta, sem vento, acolhe poeira, vestígios de ouro e de sangue, por entre o lixo e os musgos enegrecidos»

jdact


«Do meio desta Serra derramando
a saudosa vista nas salgadas
águas humildes, quando e quando inchadas,
conforme o vário vento vai soprando,
estou comigo só considerando,
donde foram passar coisas passadas,
e donde irão presentes mal fundadas,
pois pelos mesmos passos vão passando.
Oh qual se representa nesta parte
aquela derradeira hora de vida
tão devida, tão certa e tão incerta!
Em quantas tristes partes se reparte,
dentro nest’alma minha entristecida,
a dor, que em tais extremos me desperta!»


JDACT

Flamengo no 31. Lágrimas de Ametista. «Ó tu que me esperas além… Não sei quem és. Não vejo teu rosto. És o desconhecido, o outro, o outro lado da face imediata do quotidiano. Quem dera celebrar-te como o ópio da vida! E não pensar, fechar os olhos e não acordar»

jdact e wikipedia


«Não quero estar só!
Vem comigo ver o túnel das estrelas.
Vem ver como sorri o amanhã.
Vê como dançam as flores
e como bailam
as belas borboletas de mil cores!
Olha o sonho encantado,
o coelho que salta do chapéu,
e o arco-íris que com o seu manto
me transporta desta terra ao céu!»
(…)


A Voz
«Quando estou só, no silêncio amargo,
na solidão que me pesa enfim,
ouço uma voz que sempre me fala,
toca-me a mão e segreda assim:
porque estás triste, se eu estou aqui,
minha menina, como tu és louca!
Fixa aquele ponto, estou pensado em ti,
para te amar é esta vida pouca!
E ao mesmo tempo que a voz se apaga,
sobe uma onda de estranha magia,
eu fico leve como urn ser etéreo,
que em si possui o dom da harmonia.
A voz sumiu deste lugar vazio,
e eu olho em frente e já não te vejo
só o meu corpo fica unido ao teu,
pela saudade de um antigo beijo.
Depois, memórias passadas
de uma lembrança meio indefinida
traz-me contigo imagens adiadas,
de qualquer coisa há muito vivida.
E a tua voz, no silêncio amargo,
rompe de novo minha solidão,
conta-me histórias de que não me lembro
e me transportam noutra dimensão.
E este tu que eu não entendo,
e esta voz sempre a segredar
chamam-me a um lado novo da vida
aonde agora, eu já posso entrar»


JDACT

Cartas de Amor no 31. Cartas a Katherine Whitmore. Pedro Salinas († 1951). «Paz hacia el futuro, sabes? Muchas, todas las palabras de tu carta me han conmovido este libro representa tantísimo en mi vida... Lloro sin querer... Wonder, beauty, terror..., lo mismo que yo te decía, coincidencia milagrosa…»

jdact e wikipedia

Madrid, 24 de Janeiro de 1934
«Katherine, bendita mía, día bendito para mí, hoy. Llegó tu carta del 11, la de la recepción del libro. Toda, toda, sin palabra perdida, me ha ido derecha al corazón, donde tú querías, verdad? Cómo te agradezco, alma, la falta de preparación de esa carta, su brotar como de manantial, su veracidad continua! Prueba de amor, de confianza en mí y conmigo la que me das al escribir así. Haces muy bien en fiarte de ti entera. Si tú hubieses encargado esa carta a tu inteligencia, a tu juicio, a tu deseo de agradarme, de decirme cosas bonitas de mis poemas, hubiese apreciado tu carta, de seguro, pero jamás como aprecio ésta, escrita sobre la inteligencia y los juicios, escrita con tu vida en acción. Tú sabes lo que te mandaba, vida. Lo has sabido perfectamente. Mi libro no era mi libro. Lo que yo te he mandado no eran poemas, no poesía, sino sobre eso, puesto encima de todo, sirviendo la poesía y el libro únicamente como apoyo, como punto de arranque, algo más entrañablemente tuyo y mío, sólo tuyo y mío, de nadie más, el amor de nuestra vida. No es un libro: es una prenda, una señal material, una memoria, una promesa del amor de nuestras vidas. Y qué bien lo ves tu, Katherine! No es mi poesía lo que alabas apenas, no: es mi amor, lo que sientes, es lo que te mandaba. Qué error hubiese sido contestar al poeta y no al enamorado! Y tu inteligencia de amor ha acertado, como siempre. Toda la emoción que tú sentiste esa noche vuelve a mí, se me comunica, regresa. Me dices cosas tan elementalmente sencillas y directas que me quedo ante ti, ante ellas, como purificado y renovado. Katherine, me canta en el alma el contento de ti, la satisfacción de ti, el orgullo de ti. Cuanto más agradeces tú mi libro, en tus frases, más agradezco yo tu amor tras ellas. No he leído tu carta pasivamente, no. No me he dejado querer por ti, sino que sentía, paralelamente, a cada expresión de amor tuya, subir en mí, en vez del simple agrado, del simple gusto de recibirla, como mi ola de amor equivalente, respondiéndote. Era una respuesta inmediata, como la luz al dar en un cuerpo que suscita en el acto su sombra. Comprendes, Katherine, lo más hermoso del efecto de tu carta? Que me hacías quererte conforme me querías. Que tu misma te ganabas tu amor, con tus actos, con tus palabras, y que yo sentía lo más hermoso que se puede sentir: el acorde perfecto, el funcionamiento sin falta de un amor que da y reciba vida y provoca con cada uno de sus movimientos el movimiento responsivo (relativo à resposta) correspondiente. Katherine, hay alegrías inmensas en la vida, oyes? De dos clases, para mí, nada más. Una cuando estás conmigo, otra cuando estamos separados. De esta segunda, la de hoy no reconoce igual. Sólo podría aumentarse – y cómo, hasta qué cielos! – con tu estar aquí o con mi estar allí. Pero de no ser así, mi alegría de hoy es inmensa. Es de esos días en que se siente la alegría de ser, de haber sido, de seguir siendo. En que todo, inquietud, dolor, temores, ansia, hace tregua y se nos abre como una inmensa paz, pero no paz quieta, inmóvil, sino una paz dinámica, que empuja, que nos alza. Paz hacia el futuro, sabes? Muchas, todas las palabras de tu carta me han conmovido este libro representa  tantísimo en mi vida... Lloro sin querer... Wonder, beauty, terror..., lo mismo que yo te decía, coincidencia milagrosa, en mi carta de ayer pero lo que me vuelve serenamente loco de gozo es que sientas mi libro, as if were the beginning of another book (como se fosse o princípio de outro livro) Cuando me dices: Let’s live another book beginning now (vivamos outro livro que começa agora), siento que no se puede decir más. Me llenas de fuerza, de energía, de ánimos de vivir, de ser y hacer más, y todo a ti debido. Y aún hay otra cosa, tan profundamente emocionante: hablas, al paso – y muy bien – de mis poemas y de pronto dices, con tu modestia: And who am I to judge? (e quem sou eu para julgar?). Pero inmediatamente, Katherine, sin vacilar, escribes, con un orgullo que me llena de orgullo: Who else can judge so well, Pedro? (quem mais pode julgar também, Pedro?). Eso es, alma, eso es. Eso quiero. En esta frase aceptas mi libro, lo haces tuyo, lo das máximo valor nuestro. Eso es. No es poesía, sólo, no, es literatura, no es vida, vida vivida, y ni críticos, ni historias, ni años, podrán jamás juzgar mejor que la criatura por quien esa vida fue vivida, a cuyo lado fue vivida. Ese orgullo de tu esencial colaboración en mi libro, ese Sí, Pedro, ese sí, soy yo, ese reconocerse en él. Eso salvaremos, oyes?, alma, siempre. Leerán ese libro otros ojos, otros seres, pasarán los poemas por otras manos, pero en el fondo primero de todo, vistos por todos y no vistos por nadie, presentes para todos, estaremos abrazados, sin que nadie nos desuna jamás, tú y yo. Katherine? Pedro? No sé. El amante, la amada? No sé. Tú y yo, sí sé. Dos seres que se aman desesperada y esperadamente, y han buscado antes de tener espacio en la tierra, espacio más allá! Me alegro de ser poeta, de haber escrito versos, de todo lo que me ha llevado a este libro. Pero no me engaño: yo solo no lo hubiese escrito. Sin un alma tan hermosa como la tuya no habría sido. Gratitud? Más que gratitud. Conciencia clara, radiante, de que toda la hermosura que puede haber en mi libro me une a ti, me enlaza a ti. Y no podré jamás sentir que el libro es mío. No me sentiré nunca solo, en él».

Pedro

In Pedro Salinas, (1891-1951), Cartas a Katherine Whitmore de 1932 a 1947, de Amor e Desamor, Marco Contextual, Geração de 27, Wikipédia.

Cortesia de Wikipédia/JDACT

Música Celta no 31. Salette Tavares. «No surgir da manhã chamei-te imagem na ternura maravilha do meu olhar de sede recolhi-te gota de desejo canto encontrado na sombra de meus dedos»

jdact


«O poço não é o mar
a rua não é o rio
janela não é castelo
o frio não vazio.
O olho não é a lua
o barco não é o peixe
caranguejo não é beijo
caravela não é vela.
A neve não é o lírio
o sorvete não é mel
sintoma não é suspiro
e folha não é papel.
Mariposa não é cor
laranja não é limão
ilusão não é amor
favo não é coração»


«No surgir da manhã chamei-te imagem
na ternura maravilha do meu olhar de sede
recolhi-te gota de desejo
canto encontrado na sombra de meus dedos.
De sonho te vesti.
Fui eu que te inventei os gestos, o sorriso,
o porte que te moves e respiras,
e, lentamente no meu seio atento,
todo o resto de calor que em mim trazia
foi sol que se vai pôr
multiplicado de volúpia e de fulgor»

JDACT

segunda-feira, 2 de junho de 2014

História Alegre de Portugal. Pinheiro Chagas. «Melhor para elas, ouviu!, redarguiu a velha. Que pena que não vivesses nesse tempo para atares os cabelos com uma fita, quando fosses para a guerra! Como o Zé Caneira era calvo, uma gargalhada geral acolheu a observação da tia Margarida»

jdact e elenakukanova

Primeiro Serão
«Meus amigos, começou o João da Agualva, é de saber que esta terra em que nós vivemos nem sempre foi Portugal, e, se alguém se lembrasse de falar, aqui há coisa de uns três ou quatro mil anos ou mesmo só de mil anos, em Portugal e em portugueses, havia de ver como todos ficavam embasbacados sem perceber patavina. Isto lá para os antigos era tudo Espanha, desde os cocurutos dos Pirenéus, que são uns montes que separam a Espanha da França, até essas águas do mar que cercam por todos os lados a nossa terra, mais a dos espanhóis, e até por estar este pedação de terra cercado de água por toda a parte, menos pela banda dos Pirenéus, é que se chama a isto península, que quer dizer uma coisa que é quase uma ilha, mas que o não vem a ser de todo. - Bem sei, bem sei!, península é onde houve uma guerra em que entrou meu avô!, exclamou o falador do Manuel da Idanha. - Mete a viola no saco, Manuel, quem muito fala pouco acerta. Lá chegaremos á guerra da península. Roma e Pavia não se fez num dia. Pois então, vá lá vossemecê contando a sua história. Como eu ia dizendo, esta península, a que se chama Espanha e Portugal, era então só Espanha. Espanhóis éramos nós todos... - Menos eu!, acudiu o Bartolomeu, levantando-se todo furioso, espanhol é que nunca fui, nem sou, nem serei, vai aqui tudo raso, se... Espera, homem de Deus! Que tem que tudo isto fosse espanhol se nunca mais o há de ser? Também a Espanha, e a França, e a Inglaterra, e a Itália, e a Grécia, e o Egipto foi tudo império romano, e vai lá dizer agora a essas nações todas que se sujeitem ao mesmo governo! Também a França dantes se chamava Gália e estendia-se pela Bélgica fora, e mais pela Suíça, e, se o Gambeta, ou quem é que governa lá na França, quisesse por isso empolgar a Suíça e a Bélgica, ia aí em toda a Europa uma berraria de seiscentos demónios.
Pois sim, resmungou o Bartolomeu sentando-se de mau humor, mas não me digam a mim que eu fui espanhol. Ora, meus amigos, quem foram os que primeiro moraram cá neste canto de terra é que ninguém sabe. Seriam uns iberos, que falavam uma língua arrevesada, assim a modo semelhante á que falam hoje os espanhóis das Vascongadas que nem o demo entende? Isso é que lhes não posso dizer. O que sei é que, quando a Espanha começou a ser conhecida, havia aqui uma sucia de povos que era uma coisa por demais, turdetanos para um lado, celtiberos para outro, ilergetes para aqui, bastetanos para acolá. Estava até amanhã a dizer-lhes nomes estrambóticos, se não preferisse falar-lhes só nos nossos avós, cá nos que moraram na nossa terra. Isso é que é!, bradaram todos em côro. Pois muito bem! Saibam vocês que não era um povo só. No Algarve e num pedaço do Alentejo havia os cuneenses, no resto do Alentejo, na Estremadura e na Beira moravam os lusitanos, e lá para cima para o Douro, para o Minho e mais para Trás-os-Montes moravam os galegos. Os galegos!, exclamou o irritável Bartolomeu, veja lá como fala, João da Agualva, olhe que o pai da minha mulher veio de Trás-os-Montes, e os meus sogro não era nenhum galego, ouviu?
Valha-te Deus, Bartolomeu, então tu pensas que os galegos andam todos com o barril ás costas, e são todos uns grosseirões como os aguadeiros dos chafarizes de Lisboa? Pois digo-te, e depois to mostrarei, que de todos os povos lá das Espanhas foram os galegos os que mais depressa se poliram. Mas, cala-te boca, não vá o carro adiante dos bois, e, como tu não queres ser genro de um galego, sempre te direi que os que moravam para cá do Minho não eram da mesma casta que os de lá. Os nossos chamavam-se Brácaros e os galegos da Galiza chamavam-se Lucenses. Ainda bem!, murmurou o Bartolomeu, isso de Brácaros até parece que dá ideia de Braga. E é verdade que dá, Bartolomeu, lavre lá dois tentos. Todos se riram, e o João da Agualva continuou: Mas não imaginem que os nossos antepassados eram assim como nós, que viviam em cidades, vilas e aldeias, que andavam vestidos dos pés até á cabeça, que tinham espingardas para a caça e para a guerra. Qual carapuça! Eram uns selvagens, uns lapuzes. As armas eram lanças de cobre, e o amante pedregulho, mais uns dardos e uma espécie de escudo para se defenderem; fato pouco havia, cabelo comprido como o das mulheres, que atavam com uma fita quando tinham de ir para a guerra. As mulheres é que tinham os seus enfeites e os seus bordados, os seus vestidos compridos, etc. Pois já se vê que lá as meninas nunca podem passar sem arrebiques!, disse o Zé Caneira, relanceando um olhar malicioso para a boa tia Margarida que fiava na sua roca ao pé da lareira. Melhor para elas, ouviu!, redarguiu a velha. Que pena que não vivesses nesse tempo para atares os cabelos com uma fita, quando fosses para a guerra! Como o Zé Caneira era calvo, uma gargalhada geral acolheu a observação da tia Margarida». In Manuel Pinheiro Chagas, História Alegre de Portugal.

JDACT

terça-feira, 28 de maio de 2013

Almocreve de Petas ou Moral Disfarçada, para Correcção das Miudezas da Vida. José Rodrigues da Costa. Entre os Pastores do Tejo. Josino Leiriense. «… achara hum sugeito de sã consciência hum papel de poesia, que mostra ser muito antigo, e traducção muito rara pela energia da sua locução, armonia, e suavidade de seus versos, e o quer restituir a quem o perdesse…»

jdact

De arêa, cal, e pedra os que edifícão baixas, mas necessárias miudezas, as Torres erguem, que tão altas ficão.

Arroios 17 de Abril
«Avisão do Lumiar, que na estrada do Campo Grande da parte do Ferrador, que fica ao Norte, achara hum sugeito de sã consciência hum papel de poesia, que mostra ser muito antigo, e traducção muito rara pela energia da sua locução, armonia, e suavidade de seus versos, e o quer restituir a quem o perdesse, logo que mostre com testemunhas ter possuído o original da presente Obra». In Almocreve de Petas ou Moral Disfarçada, para Correcção das Miudezas da Vida.

A Aranha da boa flor faz má peçonha; o estomago damnado, em mal converte, qualquer, que nelle bom licor suponha.

Ao rio de Lessa
Ó Rio de Lessa,
Como corres manso;
Se eu tiver descanço,
Em ti se começa.
Sempre socegados
Vão teus movimentos:
Não te turhão ventos,
Nem tempos mudado.

Corres por arêas,
E bosques sombrios:
Não te turbão rios,
Nem fontes alhêas.
Nasces de hum penedo
Tosco, e descomposto:
A ti mostra o rosto
A manhã mais cedo.

A Aurora em nascendo,
Quando estás mais liso,
Com alegre riso,
Em ti se está vendo.
Quando o mar não sôa,
E passão mil vélas,
Em ti faz capelas
Com- que se coroa.

De álamos cercados
De viçosa hera,
Sempre a Primavera
Coroa teus prados.
Logrem teus salgueiros
Mil tempos serenos:
Nunca serão menos
Os teus amieiros.

Por ti cantão aves
Só por te ver quedas,
Mil cantigas ledas,
E versos suaves.
De laços, e redes
Crião sem receio;
Seguras no seio
De teus bosques verdes.

Dem-te as noites somno,
E com larga mão
Flores o Verão,
Fructos o Outono.
Sombra no Estio,
Sem nenhum resguardo;
Neves dê ao prado
O Inverno frio.

Por ti canta Abril,
Quanto cuida, e sonha,
Ora com sanfonha,
Ora com rabil.
Quando se levanta,
Quando o Sol mais arde,
Assim canta á tarde,
A noite assim canta.

Para que são, Maio ,
Tantas alegrias,
Pois teus longos dias
Passão como raio?
Por muito que tardes,
São tardanças vãs:
Forão-se as manhãs,
Ir-se-hão as tardes.

Para que te gabas
De teus vãos amores?
Para que são flores,
Pois tão cedo acabas?
Em espaço breve
Chega ao mar o Douro:
Os cabellos de ouro
Se fazem de neve.

Ò rio de Lessa,
Fructos em Janeiro
Nascerão primeiro
Que de ti me esqueça.
Primeiro era Agosto
Nevará sem calma,
Que o tempo desta alma
Aparte teu rosto.

Algum tempo manso,
Deos o ordene assi,
Em que torne a ti
Com algum descanço.

In José Daniel Rodrigues da Costa, Entre os Pastores do Tejo, Josino Leiriense, Almocreve de Petas ou Moral Disfarçada, para Correcção das Miudezas da Vida, Com licença do Desembargo do Paço, Officina de J. F. M. de Campos, Alfredo David, Encadernador, Lisboa, 1819.

Cortesia de Alfredo David/JDACT