Mostrar mensagens com a etiqueta Festas do Natal. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Festas do Natal. Mostrar todas as mensagens

terça-feira, 23 de dezembro de 2014

Las raíces astronómicas de la Navidad. Rafael Bachiller «La celebración de la Navidad en el solsticio de invierno sería así una coincidencia, pero sin duda una coincidencia sumamente conveniente, pues al solsticio, momento de las noches mínimas en el Hemisferio Norte, se le puede dotar de un simbolismo claro de renacimiento y renovación»

El censo de Belén. Pieter Brueghel, el viejo, 1566
Cortesia de elmundo

Com a devida vénia a El Mundo - Ciência

«El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.  Es una creencia generalizada que la fecha de la Navidad se fijó en el 25 de diciembre para sustituir a celebraciones paganas ligadas al solsticio de invierno. Sin embargo, numerosos estudios muestran que aunque la fecha de la Navidad tiene una raíz astronómica, ésta no se encuentra en el solsticio de invierno, sino que se remonta al equinoccio de primavera.

El laberinto del nacimiento de Cristo
No hay referencias directas en la Biblia sobre la fecha del nacimiento de Cristo, ni siquiera indicaciones aproximadas sobre el momento del año en el que se produjo, y nadie se atrevería a sostener hoy que la fecha del 25 de diciembre tiene una base histórica. A lo largo de los siglos, la Natividad se ha celebrado en fechas diferentes y aún hoy, la Iglesia armenia la celebra el 6 de enero. A pesar de que establecer una fecha precisa para esta celebración ocupó a los cronógrafos cristianos durante siglos, estos esfuerzos condujeron a resultados muy variados.  Por ejemplo, en el século II Clemente de Alejandría se refiere a trabajos anteriores que fijaban el 6 de enero, el 19 de abril y el 20 de mayo, mientras que él mismo proponía el 17 de noviembre. Otras fechas calculadas o adivinadas posteriormente fueron el 25 y el 28 de marzo, el 2 de abril (por Hipólito de Roma), etc. Fue hacia el año 300-330 que la fecha del 25 de diciembre aparece ya en Roma como un día festivo bien establecido para celebrar el nacimiento de Cristo, una tradición que se extendió a Asia Menor hacia el año 380 y a Egipto hacia el 430. Sin embargo, en otras comunidades cristianas, se eligió la fecha del 6 de enero, una opción que con el tiempo fue perdiendo adeptos.
A primera vista parece universalmente aceptado que el 25 de diciembre fue elegido para oponer la celebración cristiana a otras celebraciones paganas. Esas fiestas incluyen por supuesto al solsticio de invierno que, de acuerdo con el calendario Juliano, se celebraba el 25 de diciembre. Además, de acuerdo con el famoso Calendario del 354 (el Calendario de Filócalo), 30 carreras de carros festejaban en ese día Natalis Invictis, el nacimiento de Sol Invictus, una celebración fijada por el emperador Aureliano en el año 274.

Solsticios y equinoccios
Muchos estudios realizados desde principios del século XX cuestionan, sin embargo, esta idea de que los cristianos habrían optado por el 25 de diciembre para sustituir a fiestas paganas, pues no encuentran evidencias históricas que la apoyen. De hecho, los primitivos cristianos ponían mucho más énfasis en la celebración de la pasión y la muerte de Cristo. El escritor cristiano Tertuliano había calculado en el año 200 que la muerte de Cristo tuvo lugar el 25 de marzo (cerca del equinoccio de primavera), mientras que en provincias orientales del Imperio Romano, fijaron la muerte de Cristo en el 6 de abril. En resumen, hacia los siglos II y III se barajaban las fechas del 25 de diciembre y 6 de enero para el nacimiento de Cristo y 25 de marzo y 6 de abril para su muerte. Puede haber una relación entre estas fechas? Son exactamente 9 meses de diferencia. Los cristianos de la época estaban suponiendo que la concepción de Cristo tuvo lugar en el mismo día del año que su muerte. Esta suposición encaja bien con una creencia muy generalizada en aquellos tiempos de que los grandes sucesos de la creación y la salvación habían sucedido en la misma fecha del año. Por ejemplo, según el Talmud babilónico, la creación, el nacimiento de los patriarcas y la redención del mundo, todo tuvo lugar en el mes hebreo de Nisan. En el mundo judío de aquellos tiempos también estaba extendida la idea de que todos los grandes profetas de Israel habían vivido con una edad íntegra, un número exacto de años, es decir que morían en la misma fecha del año en la que habían nacido o habían sido concebidos. Parece plausible que, siguiendo esta creencia, los cristianos de los siglos II y III adoptasen la idea de que Jesús fue concebido en el mismo día del año en que moriría (el 25 de marzo), y que nació 9 meses más tarde (el 25 de diciembre).
Con el tiempo, el 25 de diciembre como fecha de la Natividad se extendió mucho más que el 6 de enero, fecha que, no obstante fue conservada en la inmensa mayoría de los lugares para celebrar la Epifanía. Pero no habría habido una intención deliberada en los antiguos cristianos, todavía una comunidad dispersa y poco organizada, de sustituir con la Navidad cristiana las celebraciones paganas ligadas al solsticio. Es más, se ha llegado a proponer que la institución de la fiesta de Sol Invictus, que como hemos mencionado se realizó en el año 274, fue un intento de dar un sentido pagano a la celebración de la Navidad de Cristo que databa de antes y que, en ese tiempo, ya estaba tomando auge en Roma. La celebración de la Navidad en el solsticio de invierno sería así una coincidencia, pero sin duda una coincidencia sumamente conveniente, pues al solsticio, momento de las noches mínimas en el Hemisferio Norte, se le puede dotar de un simbolismo claro de renacimiento y renovación. A partir del solsticio, los días se alargan permitiendo que la actividad humana recupere todo su brío. La realidad cósmica del Sol (un ente ambivalente en la antigua Roma por su doble significado astronómico y divino) quedaba asociada así a un momento de suma importancia en la Historia Sagrada.
Además de asociar el solsticio de invierno al nacimiento de Jesús, la Iglesia asoció el solsticio de verano al nacimiento de Juan Bautista, mientras que los equinoccios quedaron asociados a los momentos de su concepción (y muerte, al menos en el caso de Jesús). La predictibilidad de los fenómenos astronómicos dotan de esta manera a la religión de una simbología que remite al firmamento, arropando así a la liturgia con alegorías celestes de gran dignidad, acreedoras del respeto que inspira la repetición de los ciclos cósmicos. Vemos pues que aunque la fecha de la Navidad tiene un origen astronómico, la raíz no se encuentra de manera directa en el solsticio de invierno, sino que se remontaría a 9 meses antes, al equinoccio de primavera y a la feliz coincidencia de que la gestación en el seno materno dura aproximadamente tres estaciones, esto es, tres cuartas partes del tiempo empleado por la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol». In Rafael Bachiller, (Director do Observatório Astronómico de Espanha e académico da Real Academia de Doutores de Espanha JDACT), El Mundo, Ciencia, Astronomia, Crónicas del Cosmos, Madrid.

Cortesia de El Mundo/JDACT

quarta-feira, 21 de dezembro de 2011

Feliciano Falcão. Memória Viva. Portalegre: «E eu sentei-me no chão frio, comendo com eles o que levava na minha bolsa. Ainda sinto, a tantos anos de distância, o sabor daquele pão comido com os "Musas" sob o céu mágico dessa noite da Natal. Por isso, este, porque outros "Musas" sempre vivem, deu-me desde esses tempos distantes uma atitude de recolhimento e de amargo inconformismo»

jdact

Um Natal Distante… Os "Musas"
«Conheci-os na minha infância longínqua como companheiros de brincadeira. E ora que ora sua lembrança com insistência me volta, numa presença violenta de emoções encadeadas. E uma noite de Natal me acode nítida, passada com eles nesse tempo tão remoto. Tenho nos olhos tudo como se fora hoje. A noite, bela e ríspida, com estrelas e luar, - um luar de brancura líquida a envolver a atmosfera. Na minha rua, na periferia da cidade (chamo-lhe minha, tantas as recordações duras e doces que ainda guardo e por elas modelei esta personalidade simples), era um silêncio rústico quase total. Todos recolhidos, uns, poucos, na unção da grande Noite, outros, a maioria, exaustos e mergulhados num sono fundo, sedante para as frustrações do dia a dia... Na minha casa, lar modesto de camponeses transplantados para a cidade, onde os dias eram iguais uns aos outros, numa suave monotonia, gozava-se um interregno de Felicidade. Meu pai, de olhos azuis e a bondade estampada no rosto, sentava-se, absorto, num banco a um dos cantos da lareira, olhando os grossos tições vermelhos. Minha mãe ocupava o outro canto numa cadeira de bunho, tirando da caçarola com o azeite fumegante as filhós encarquilhadas. Nós - eu e os meus irmãos - ficávamos entre ambos, exultantes e suspensos, num banco rústico, baixo e comprido. Pela chaminé caíam flocos de fuligem sobre o lajedo da lareira. E sentia-se lá fora um vento fino que mais avolumava o senso de conforto da nossa casa pobre.
Nem o meu pai leria naquela noite o folhetim ingénuo do Notícias que o comovia até às lágrimas. Nem a minha mãe levaria o serão ponteando meias como era seu hábito. Em roda tudo era mágico e prenhe de pulcritude, grato à imaginação infantil. Ali vivíamos esses momentos da Noite com uma simplicidade como a dos tempos bíblicos.

Cortesia de cmp

Mas esse contentamento puro de uma família simples (só as almas simples e as crenças podem ter contentamentos puros, integrais) em breve foi perturbado por plangência arrastada, cada vez mais próxima, vindo das costas da rua, para as bandas do jardim. Um soluço de tonalidade infantil com intermitências agudas que punham frémitos nas nossas mentes incipientes. Vidas em botão, sós no mundo, ao deus-dará, sem um amparo, por flébil que fora, os «Musas» faziam o triste deambular costumado, a pôr uma obumbração na Noite festiva e bela.
………………………….

Da mãe só tinham uma memória esfumada. O pai, sob o jugo de uma vida sem grandeza, conformado, umas vezes aqui, outras ali, pária em instabilidade pecuniária crónica, continuava nos filhos quase na origem o seu fado sombrio. (Há certas vidas cínzeas dos homens de pura irracionalidade e adensada torturação. Se tudo lhes é negado e nem o vegetativo satisfazem. Ai, esta ladeira de ascensão para o justo e para o perfeito onde os seres e as coisas se nos espraiam até o âmago, dá-nos outro alento e um vigor novo!).
……………………………………

E assim os "Musas" encetavam no Mundo logo à nascença um drama dos mais tristes. Sujos, cheios de parasitas, descalços e rotos (metidos em calças compridas, safadas...), cobertos de sacos velhos, os vimos nestes dias invernosos, sempre juntos, semelhando dois irmãos siameses. Um, o mais velho, seria da minha idade (João, onde estás?), de um castanho acobreado, de olhos grandes, era o professor do irmão, ele tão necessitado de protecção, também. O outro, fino, linfático, de cabelos louros, parece-me agora de longe um bambino de Fra Angélico... Quantas vezes, quantas, corri com eles a avenida florida, primaveril, num viver despreocupado de almas pequeninas! E quantas, pela madrugada eu os sentia já vagueantes, acordados ao toque de alvorada do Quartel e à hora do almoço, dia após dia, de volta da Escola os encontrava à porta da parada metidos na bicha intérmina (uma fila heterogénea de corpos lassos, homens, mulheres, crianças) cada um com a sua lata ou panela a mendigar as sobras do rancho!
…………………………………………

Cortesia de cmp

E foi assim que a noite cheia de luar me tirou o terror todo e o primeiro anseio de solidariedade nasceu em mim naquele transe. Procurei na arca uma bolsa de chita onde meti uns nacos de pão e um bocado de toucinho também. E juntei, ainda quentes, filhós e azevias. Fugi a porta fora com o assentimento comovido de meu pai, de minha mãe, e o pasmo de meus irmãos, e, banhado de luar, sem medo (que o tocar lúgubre da corneta do sereno nem nessa noite se ouviria) tomei, rua abaixo, o rumo do recanto onde pernoitavam os «Musas». Lembro-me ainda das janelas iluminadas da casa do vizinho em frente, onde viviam duas donzelas bonitas (oh! as coisas impuras que desencantam!: Mais tarde vim a saber como a corrupção minava a face folgazã daquele homem abominável), e de um romântico enamorado, de fato negro, encostado à parede, cor de cera, héctico, morrendo aos poucos com pulmões lacerados, a olhar a namorada também héctica, lá, muito alta, inacessível. Na cidade, muitas luzinhas em emulação pálida com as estrelas e, ao cimo, a ermida de S. Cristóvão e o pinheiro esguio furando para o Céu, persistente, como numa prece estéril. Ao dobrar da esquina havia um recôncavo na parede da igreja e ali estavam os meus amigos agarrados um ao outro, gelados, num choro monocórdico, cobertos com sacos esfarrapados por onde espreitavam as estrelas.

E eu sentei-me no chão frio, comendo com eles o que levava na minha bolsa. Ainda sinto, a tantos anos de distância, o sabor daquele pão comido com os «Musas» sob o céu mágico dessa noite da Natal. Por isso, este, porque outros «Musas» sempre vivem, deu-me desde esses tempos distantes uma atitude de recolhimento e de amargo inconformismo. A Rabeca, nº 1413-1414, de 25-12-1946, pp. 3 e 8». In Feliciano Falcão, Memória Viva, coordenação de António Ventura, Edições Colibri, CM de Portalegre, 2003.

Cortesia de Edições Colibri/JDACT

segunda-feira, 19 de dezembro de 2011

Maria Ana Themudo. O Burrinho do Presépio. Natal. «Sim, porque naquele tempo não havia aquecimento eléctrico! Pois bem, eu sou descendente desse burro! Já vêem que também tenho alguma importância»

Cortesia de tomasallen

O burrinho do Presépio
Dizem que sou burro.
Está certo. E o meu nome.
Sou burro, mas não sou estúpido.
Tenho carácter e forte personalidade.
Lembram-se do burro que viu nascer o menino Jesus? E que o aqueceu com o seu bafo quentinho e ternurento?
Sim, porque naquele tempo não havia aquecimento eléctrico! Pois bem, eu sou descendente desse burro! Já vêem que também tenho alguma importância.
Mas, verdadeiramente, o que me interessava era ter sido eu a viver essa felicidade imensa de ter conhecido Jesus.
E a verdade é que o meu avô, acho que lhe posso chamar assim, ficou muito espantado com tudo o que aconteceu naquela noite.
Já era tarde, estava uma noite fria, mas tão cheia de estrelas que dava gosto olhar para o céu.

Cortesia de tomasallen

Mas à força de olhar para as estrelas, os olhos começaram a picar e deu-lhe um sono... que resolveu deitar-se na palha e dormir uma boa soneca.
Nesse mesmo estábulo havia uma vaca, mas ele não lhe dava muita confiança.
Quando já dormia há um bom bocado, foi acordado por vozes que falavam baixo, mas pelo menos pareceram-lhe um bocadinho aflitas.
Abriu uma nesga de um procurando acolher-se e que por ali abundavam.
Voltou a fechar os olhos e não ligou importância.
Afinal, qualquer um podia abrigar-se do frio da noite naquele estábulo.
Não tinha porta e espaço era o que não faltava.
Mas passado algum tempo voltou a acordar e qual não foi o seu espanto quando viu, deitado num berço feito de palha, o Menino mais lindo que alguma vez, na sua vida de burro, lhe tinha sido dado ver! Mas tinha tão pouca roupa que a mãe, cansada e aflita, tentava cobri-lo com o Seu manto. E foi então que o meu avô acordou a vaca e propôs-lhe aquecerem com os seus bafos quentinhos o doce e lindo bebé.

Cortesia de tomasallen

Como gostava de ter sido eu!
Mas sei que posso fazer alguma coisa para me tornar útil.
Vou oferecer as minhas costas para ajudar alguém que esteja muito cansado a levar o seu fardo.
E, assim, acho que o menino Jesus há-de gostar de mim!». In Maria Ana Allen Themudo, E se Eles contassem Histórias?, ilustrações de Tomás Allen, 1997.

Cortesia de Ana Themudo/JDACT

segunda-feira, 12 de dezembro de 2011

Maria Rosa Colaço. O Mistério da Coisinha Azul. «Tiago pegou numa concha e atirou-a para longe. No momento em que caiu fez - plooock! - e a água abriu-se em círculo. Do meio do último círculo surgiu um homem pequenino. Caminhou sobre as ondas como numa estrada de terra firme»

Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

Com imensa saudade, falo de si Maria Rosa. Descanse...  neste Natal!
Aqui na Terra continuo a contar as suas estórias de encantar!

«Tiago estava sentado na praia. Era o entardecer de um fim de Setembro. As pessoas, carregadas de cestos, toalhas às cores, garrafões, chapéus-de-sol, sacos de plástico, tinham partido no último barco.
Sentindo a praia livre e finalmente sua, chegaram então as gaivotas.
Vinham em grandes bandos, planavam, e depois mergulhavam de repente sobre qualquer coisa que só elas viam. Deixando rastos de espuma, mal pousando as patas no chão com seu ar sempre atarefado, os caranguejos invadiam aquela hora dourada, quase noite, quase dia.
Uma brisa suave que trazia o perfume das camarinhas e da urze do outro lado da serra soprava nos cabelos do Tiago, ali, sentado junto à água.
Pelos ombros descia-lhe uma toalha vermelha e, de longe, era como uma chama ou o último reflexo do Sol. Tiago pegou numa concha e atirou-a para longe. No momento em que caiu fez - plooock! - e a água abriu-se em círculo. Do meio do último círculo surgiu um homem pequenino. Caminhou sobre as ondas como numa estrada de terra firme.

Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

Usava um fato azul-marinho. Depois de se olhar com atenção, todavia, reparávamos que não era bem um fato: parecia feito de escamas porque brilhava, e o mais natural era que fosse de escamas já que vinha da terra dos peixes que é o mar.
Trazia na mão direita uma estrela-do-mar, que usava como uma bússola; a mão esquerda segurava um saco transparente que depois se viu ser uma alforreca. Em vez de cabelos usava um gorro de algas castanhas a que ainda se agarravam pequeníssimos búzios. Tiago estava imóvel. Quase não respirava.
"Aquilo" era tão pequenino que o mínimo movimento o faria desaparecer, de certeza. Sempre a olhar para a estrela-do-mar à procura do caminho certo, naquele deserto enorme de areia que se estendia à sua frente, o pequenino homem passou perto de Tiago, que, nessa altura, por causa do cheiro das algas, deu um grande espirro.
Então, aconteceu uma coisa esquisita:
  • com a força do espirro o homenzinho voou, voou e caiu de repente mesmo no meio da mão de Tiago.

Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

Primeiro, sacudiu-se, atirando gotinhas de água para todos os lados. Com um gesto rápido desviou a cabeleira de algas e mexilhões que lhe tapavam os olhos, de nácar brilhante. Depois, fixou Tiago muito tempo, sem pestanejar, com o seu olhar de concha polida. Mas, o mais espantoso havia de acontecer a seguir, quando a "coisinha" começou a conversa com ele. A conversar e a rir mas sem mexer sequer os lábios, que lembravam uma amêijoa.
Tiago ouvia tudo e respondia-lhe da mesma maneira, como se dentro da sua cabeça houvesse uma boca invisível que falava com a boca invisível da cabeça do outro.
Nessa conversa sem palavras ditas, sem sons, falaram de várias coisas, claro, e o que se ouvia na praia eram gargalhadas pequeninas, secas. Parecia o vento a soprar numa campainha de vidro.
Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

A certa altura, a boca invisível que tinha aparecido na cabeça de Tiago perguntou à boca invisível do outro quem era ele e donde vinha. O homenzinho achou aquela pergunta muito pateta pois Tiago vira muito bem que ele saíra do mar.
E quanto ao nome chamava-se Pfdrrkmliffz.
- O quê?
- Pfdnkmliffz.
- Mas eu não sei pronunciar isso.
- É muito fácil.
- Facílimo! Mas posso antes chamar-te "coisinha azul"?
- "Coisinha azul"!? Porquê? O meu nome é muito mais bonito e diz-se muito mais depressa: Pfdnkmliffz.
- Dizia-se, se eu fosse capaz. Mas isso não é língua de gente fora do mar. E chamo-te coisinha porque és pequenino e muito querido. Azul, porque estás todo vestido de azul. Tal e qual um bocadinho de céu.
- Ah! E tu?
- Eu, o quê?
- Como te chamas?
- Tiago.
- Es muito grande.
- Ainda vou crescer muito mais. Só tenho oito anos.
- Depois cabes na tua gruta?
- Eu vivo numa casa.
- E eu numa gruta com paredes de coral rosado. É bonito, lá.
- E que vieste fazer a esta praia?
- Ah! Isso é um grande segredo que eu não posso contar a ninguém fora da água. Queres ir comigo à minha gruta?
- Só sei nadar poucochinho.
- Não precisas de saber nadar. Se vieres comigo, mal entras na água ela afasta-se e tu caminhas como aqui na areia. E vou dizer-te mais uma coisa...

Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

Nessa altura da conversa, "Coisinha Azul" deu um salto como se fosse um gafanhoto de duas pernas e disse um segredo na orelha de Tiago, que riu à gargalhada.
E não sei explicar mais nada do que aconteceu.
Um zumbido como de cem enxames de abelhas ou de um motor de avião, ao longe, entrou-me na cabeça, que já estava tonta daquela conversa sem bocas de falar e que se ouvia cá dentro tal qual um telefone.
Desviei o olhar para longe, lá para longe onde a noite já vinha cheia de pressa.

Foi neste pequeníssimo instante que eles desapareceram os dois.

Aflito e curioso, percorri toda a praia até o Sol mergulhar completamente no horizonte. Olhei as águas, onda a onda, reflexo a reflexo.
Tinham mesmo desaparecido.

Ilustração de Ana D. de Almeida
Cortesia de platanoeditora

Intervalo breve em que as gaivotas regressaram aos seus ninhos, que ninguém sabe onde fica, e dos caranguejos só restava a espuma da sua respiração.
A praia tinha pousado ali vinda de outro tempo e lugares.
A serra, ao longe, era uma sombra escura. Senti um arrepio. Apeteceu-me gritar para saber que estava acordado.
Pus as mãos em concha: "Estou aqui!"
Os ecos responderam-me: "Estou aqui! Estou aqui! Estou aqui!"

E não posso contar mais nada, absolutamente mais nada porque tudo isto foi também para mim um grande mistério. Maior que o da "Coisinha Azul".
Esquecia-me de dizer que eu estava sentada na ponte velha do cais antigo e foi dali que assisti a tudo, como num filme. Mas não pensem que foi sonho: a toalha vermelha de Tiago ainda está nas minhas costas, como uma chama, pois a noite desceu. E está frio.
Subitamente».
In Maria Rosa Colaço, O Mistério da Coisinha Azul, ilustrações de Ana Duarte de Almeida, Plátano Editora, 1989, ISBN 972-621-494-7.

Cortesia de Plátano Editora/JDACT

domingo, 11 de dezembro de 2011

Andrea Bocelli. Canções tradicionais da época natalícia. «Sempre gostei de músicas de Natal desde criança. São 'notas' que emocionam!»

Cortesia de mayamidiva



 
 
JDACT

A La Nanita Nana. Uma canção tradicional da época de Natal. «Mais tarde tornou-se uma canção de berço no mundo hispânico. Uma canção do século XVIII e de origem equatoriana»

Cortesia de songtekstenovertuin

"A La Nana Nanita" é que uma canção tradicional da época de Natal, que mais tarde se tornou uma canção de berço no mundo hispânico. Algunas fontes indicam que que a canção é de origem espanhola do século XVIII. Segundo uma investigação datada de 2008, afirma-se que o autor e compositor da música associada à canção, é o equatoriano Segundo Cueva Celi da cidade de Loja.

 

Cortesia de cincomisacom

A LA NANITA NANA
A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.
Fuentecilla que corres clara y sonora
ruiseñor en la selva cantando lloras
callad mientras la cuna se balancea
a la nanita nana, nanita ea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.
Manojito de rosas y de alelíes
¿qué es lo que estás soñando que te sonríes?
Cuáles son tus sueños, dilo alma mía, mas
¿qué es lo que murmuras? Eucaristía.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.
Pajaritos y fuentes, auras y brisas
respetad ese sueño y esas sonrisas
callad mientras la cuna se balancea
que el Niño está soñando, bendito sea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.
Autor y compositor: Segundo Cueva Celi (Ecuador)
 








JDACT

quarta-feira, 24 de novembro de 2010

A Flor do Natal: Esta flor pertence à família das Euphorbiaceae e caracteriza-se por largas folhas e pétalas, de um vermelho vivo, rosa ou creme, entre outras atingidas através de manipulação genética, e uma larga área de sementes amarelas ao centro da flor

Cortesia de olharesaeiou

Os conhecedores tratam-na por Euphorbia Pulcherrima mas entre nós é conhecida como flor ou Estrela de Natal.
Esta flor pertence à família das Euphorbiaceae e caracteriza-se por largas folhas e pétalas, de um vermelho vivo, rosa ou creme, entre outras atingidas através de manipulação genética, e uma larga área de sementes amarelas ao centro da flor.

Cortesia de ecofotoacores
Esta flor é originária do México. Conhecida em todo o mundo como a flor do Natal.

É uma planta de interior, mas são necessários alguns cuidados devido ao seu teor tóxico, porque todo o seu conjunto é venenoso.
Cortesia de wikipédia 
No final da Primavera, pode dar um novo cenário à planta, enterrando o vaso  numa área do jardim onde possa receber o Sol, permitindo que ela floresça ainda mais bela, mas retire-a para casa antes dos primeiros frios. Geralmente depois de florescer a planta fica com as folhas muito espaçadas e descaídas. Mantenha-a mais compacta retirando todos os rebentos que se desenvolvam até ao meio de Agosto. E depois é esperar pela altura do Natal para ver esta planta florescer em bonitos tons de vermelho e verde». In Coisas da Terra.
Cortesia de gabi
 
Cortesia de Coisas da Terra/JDACT

O Azevinho: Os ramos cobertos de drupas que persistem durante todo o Inverno, contrastando com a folhagem persistente de cor verde escura, tornam a planta muito procurada por ocasião das festas do Natal. Pode viver 100 anos ou mais

Cortesia de wikipédia

O azevinho (Ilex aquifolium) é um arbusto de folha persistente da família das Aquifoliaceae, cultivado normalmente para efeitos ornamentais devido aos seus frutos vermelhos. Estes frutos também são denominados de azevinhos, ou de bagas.
É uma das numerosas espécies do género Ilex, e a única que nasce espontaneamente na Europa, sendo bastante comum até aos 1500 m de altitude.

Os ramos cobertos de drupas que persistem durante todo o Inverno, contrastando com a folhagem persistente de cor verde escura, tornam a planta muito procurada por ocasião das festas do Natal (um costume popular que, assim como a antiga árvore de Natal germânica, tem as suas origens na práticas do paganismo pré-cristão da Europa).

Cortesia de aquifolium
O azevinho comum é um arbusto de crescimento muito lento, atingindo em adulto de quatro a seis metros de altura. Alguns pés chegam a formar autênticas árvores. Pode viver 100 anos ou mais.

As folhas alternas, inteiras, possuem um pecíolo curto e um limbo de 5 a 7 cm de comprimento, coriáceo, de forma geral ovalada e bordo ondulado e espinhoso, por vezes liso em indivíduos idosos. De um verde brilhante escuro na face superior, mais claras na face inferior, possuem espinhos afiados. As folhas persistem em geral 3 anos. A casca do tronco é cinzenta clara e lisa.
Flores de azevinho comum, masculino em cima, feminino em baixo
Cortesia de wikipédia
É uma espécie dióica (indivíduos masculinos e femininos distintos). Tem flores brancas, de pequena dimensão (cerca de 6 mm de diâmetro).
Os frutos, que aparecem apenas nas plantas femininas, são pequenas drupas esféricas de 7 a 10 mm de diâmetro, de um vermelho brilhante, por vezes amarelas, quando maduras, contendo quatro grainhas lenhosas. Amadurecem no fim do verão, persistindo durante todo o inverno.

Não são comestíveis, chegando mesmo a serem tóxicos. As folhas também são venenosas.

Cortesia de uhmporaki
 
Cortesia de wikipédia/Bitânica/JDACT