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quinta-feira, 12 de janeiro de 2012

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «Estas manifestaciones novelescas fueron recogidas por buena parte de los autores. Los capítulos XI y XII de su obra los dedica Baena precisamente a contar las historias de los dos ermitaños y el pastelero que se hicieron pasar por el rey Sebastián, y realiza un repaso histórico de ‘semejantes ficciones’»


Cortesia de fcg e wikipedia

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Según describe Baena, unos soldados Portugueses intentaron refugiarse en la villa de Arcilla y para que les abrieran las puertas, uno de ellos, embozado, se hizo pasar por el rey; «falsa voz» que dio lugar «para que algunos se atreviesen a fingir su personas, y alborotar con esto el mundo, y dar que discurrir noveleros juicios tanto como temerários».
Por eso, uno de los argumentos de los autores de los siglos XVI y XVII contra el sebastianismo fue el desprecio, el rechazo de unos rumores nacidos de la ignorancia y de la superstición del vulgo. Bavia, al hablar del caso de un ermitaño que se hizo pasar por el rey difunto (1585) revela que fue creído gracias a que el vulgo se fundaba «en una hablilla de las que suelen correr entre la inorante gente, que el rey que pierde batalla debe hacer siete años penitencia, y que así lo hacía don Sebastián por la pérdida de la batalla de África».

Estas manifestaciones novelescas fueron recogidas por buena parte de los autores. Los capítulos XI y XII de su obra los dedica Baena precisamente a contar las historias de los dos ermitaños y el pastelero que se hicieron pasar por el rey Sebastián, y realiza un repaso histórico de «semejantes ficciones», como también lo habían relatado con anterioridad Cabrera Córdoba, Faria y Sousa, Bavia o Herrera.
Como gentes ignorantes y crédulas fueron objeto de la burla. En los comentarios a la obra de Camoens, Faria y Sousa dice:
  • «debe él de ser como nuestro rey don Sebastián y el ave Fénix, de quien dicen muchos que los hay y nadie los ve».
Cuenta el casode la representación de una comedia sobre el rey don Sebastián, en donde un actor que hacía de moro disparó un arcabuzazo al personaje del rey y lo mato realmente, «por malicia o for descuido» y uno de los espectadores, «algún sutil, de los de buen estómago, que dicen gracias sobre las desgracias», dijo:
  • «Agora no dirán los portugueses que no es muerto el rey don Sebastián».
No falta tampoco cierro tono burlesco enla “Historia de Gabriel de Espinosa” o en la comedia “El pastelero de Madrigal” -atribuida a Jerónimo de Cuéllar e impresa a mediados del XVII, en donde tras convencer a los caballeros portugueses el falso monarca dice:
Los portugueses
van hechos de mermerada
creyendo que soy su rey
Sebastián a quien aguardan.

Sus protagonistas eran, además, «sujetos viles y atrevidos», «hombres bajos», pasteleros, labradores, ermitaños…, en nada comparables a la grandeza del rey Felipe, como confiesa el pastelero:

Corona que es de Filipo
rey tan sagaz y tan grande,
cetro que no es de derecho,
de conquista ni de sangre
mío, siendo un hombre yo
de tan obscuro linaje
cómo es posible que el cielo
permita que yo le mande.

Sin embargo,ninguno de ellos obviaba el peligro subyacente de tales manifestaciones. El carácter novelesco y el rraigo popular de aquellas fantasias tenía un trasfondo político y también social. Cuando Herrera describía el caso del ermitaño Gonzalo Álvarez y de su general, el labrador Pedro Alfonso, no olvidaba las amenazas de éste hacia los señores diciéndoles «que se fuesen donde no los mandaría matar; viéronle que algunas veces cortaba las espigas de los trigos y decía que así se había de hacer de las cabezas de los señores; y cogía las rosas de los trigos, que llaman amapolas, y decía que se había de ver las calles de Lisboa de aquella color».

Cortesia de wikipedia

En su confesión, el fìngido rey, Ávarez, reveló que pensaba ir a Lisboa y allí «ponerse a una ventana y decir al pueblo: ‘veisme aquí, que no soy don Sebastián, sino un hombre que ha venido a libraros de la tiranía de los castellanos. Ahora hace rey a quien quisiéredes». En laconfesión bajo tormento de fray Miguel, descrita en la “Historia de Gabriel Espinosa”, este afirmaba «que él nunca había podido tragar que su nación y reino estuviese en poder de quien estaba», y se preparo una conspiración para buscar un imitador y poner en el trono después a don Antonio. Y en los versos de la comedia un caballero português se dirige al pastelero:

Para que la Lusitania
sacuda el acerbo yugo
con que Castilla le ultraja.

Pero el peligro no era sólo para Castilla, sino que auguraba, amenazaba, la destrucción del reino, según Faria y Sousa:
  • Cuatro o cinco Sebastianes se levantaron y perecieron a vueltas de muchas inquietudes en ánimos grandes y en los inferiores no pocas muertes [...]. No pudiendo nadie destruir a los portugueses, era menester que ellos se destruyesen a sí mismos, así como ellos mismos se habían hecho.
Era obvio, por tanto, que había que acallar rumores y sediciones que se ampararan en un Sebastián revivido. Había que constatar la muerte de don Sebastián en el campo de batalla, y de ahí que ocupen parte importante de sus relaciones en este tema». In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FCGulbenkian/JDACT

quinta-feira, 24 de novembro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «La muerte del rey luso dio lugar a munerosas relaciones y rumores sobre la batalla, con versiones discordantes sobre la supervivencia del monarca, y estimuló la aparición de este movimiento de gran influencia y trascendencia en la vida portuguesa como fue el sebastianismos»


Cortesia de fcg e wikipedia

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Por un lado, la decadencia del reino, la imprudencia de su monarca mancebo, las luchas cortesanas y los malos consejeros auguraban un desastre que, una vez sucedido, sólo podia ser superado gracias al gobierno de qúen, según todos ellos, tenía los mejores derechos sucesorios a la corona portuguesa. Fue don Sebastián, no Felipe II, el principal responsable del futuro de su reino:
  • si el rey mozo Don sebastián de Portugal, en la jornada de África (donde murió) hubiera tenido espera antes de empredella, para hacer en su imaginación una clara y viva representación de las consecuencias que de su muerte resultaron de entrar los castellanos mano armada en su reino, pudiera ser que no aventurara tan fácil o tan temerariamente la sangre y fuerzas de sus portugueses fidalgos contra el moluco, sino que los qúsiera conservar enteras...”.
En la historia del pastelero Gabriel Espinosa, un fingido don Sebastián, se transcriben las declaraciones de fray Miguel de los Santos, inspirador de la farsa. según é1, fue el supuesto monarca qúen dio dos razones para justificar su ausencia del reino: «por haber quedado tan corrido después de la batalla, a que quiso ir con solo su parecer, contra el de todos» y porque había decidido peregrinar por el mundo «haciendo penitencia del general dúo que por su culpa había venido a todo su reino».
Todas las críticas hacia el monarca portugués fueron también un intento de dar respuesta a los opositores que en tiempos de la conquista y a lo largo del siglo XVII pusieron en duda las intenciones de los Austrias.

Cortesia de wikipedia

Primero contra los eclesiásticos, no en vano fueron muchos clérigos los que tuyieron un papel no poco importante en la oposición a los castellanos y en la difusión del sebastianismo. También contra todos aquellos que años ampararon la secesión portuguesa en la actitud del rey Felipe II: «si bien no falta quien escriba permitió la pérdida de su sobrino el rey don Sebastián, hurtando el cuerpo a los socorros que pudiera darle, para ocasionarle la ruína». Los textos, especialmente las repetidas advertencias de Felipe II a su sobrino, sirvieron también para acallar las voces que le hacían responsable de la derrota de la muerte del monarca portugués.
  • Mas como las buenas obras casi siempre las juzgan a mala pane, decían algunos que todas estas demostraciones del rey católico eran fingidas, porque deseaba que Sebastián fuese, porque sucediendo bien o mal le había de resultar utilidad grande, porque si sucedía que tomase Larache, o algún otro lugar marítimo, era mas utilidad del rey Filipo que suya, como quien tenía sus tierras más enfrente de África que ningún otro, y si sucedía que muriese en la empresa era la utilidad mayor porque heredaba el reino”.
La percepción del sebastianismo; burla e crítica de los autores españoles
La muerte del rey luso dio lugar a munerosas relaciones y rumores sobre la batalla, con versiones discordantes sobre la supervivencia del monarca, y estimuló la aparición de este movimiento de gran influencia y trascendencia en la vida portuguesa como fue el sebastianismos.

Cortesia de wikipedia

Si bien tiene razón Teruelo cuando afirma que el fenómeno no tuvo el mismo valor en la literatura española, y añadiría yo, en la historiografia española, que en la lusa, no hay que olvidar que los cronisras hispanos, los portugueses que escribieron en castellano, y las obras traducidas de extranjeros, todos ellos al servicio de la monarquía, procuraron que su obra apagara las llamas de la confusión, acallara todo aquello que pudiese alimentar las murmuraciones que tenían eco entre los pomtugueses, y despreciaron la aparición de «sebastianes» que contribuían, como movimiento político que era, a desestabilizar el dominio castellano. Pero también, con ello, quisieron refutar las voces extranjeras como las de Agrippa d'Augbigné, que afirmaba que la muerte del rey convenía a los españoles, dejando en duda la autenticidad de la desaparición del monarca luso. De hecho Baena, en 1642, justificaba su obra por esta razon: «El motivo que tuve para desear saber el trágico fin del rey don Sebastián de Portugal fue curiosidad de desvanecer las ficciones del vulgo sobre suceso tan lamentable».
La difusión de estos rumores era conocida por los cronistas «estando aquella gente con pensamientos fáciles para imprimir cualquiera cosa que quisieran». Las visiones de beatas y monjas «habidas por santas», de frailes y predicadores, encontraban el terreno abonado de la gente común. Herrera, poco tiempo después de los sucesos, describía muy bien este estado de ánimo.
  • Y muchas mujeres mucho tiempo después [de la batalla] estuvieron incrédulas de la muerte de sus maridos. Y esta ceguedad se extendió en el pueblo de Lisboa y después en todo el reino, no queriendo creer que el rey fuese muerto, conservando la esperanza de que había de parecer. Pero el tiempo, que todo lo cura, los desengañó desta inorancia”.
La confirsión había nacido en el mismo descalabro de la batalla. Ninguno de los suyos, escribe Cabrera Córdoba, vio muerto al rey ‘porque era infamia donde su rey quedaba muerto, quedar caballero vivo que pudiese referir la pérdida’». In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.
Cortesia da FCGulbenkian/JDACT

sexta-feira, 11 de novembro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «Juventud, imprudencia, presuntuosos deseos de gloria, malos consejeros, improvisación, tuvieron una consecuencia anunciada: el desastre y la desolación. Tras llegar a Lisboa las negras noticias del norte de África, la desesperación se apoderó del reino»


Cortesia de fcg

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Rodeado de aduladores, empeíado en emular las grandes expediciones de sus antepasados en Asia, algunos consejeros lograron desviar sus brios hacia empresas más cercanas: África. Una propuesta hecha «con poco júcio, porque si bien era difícil apartarlo totalmente de la empresa de la India, y por esto convenir el inclinarle a otra, debieran tener consideración de no quitarle de un mal para metelle en otro mayor».
Una vez tomada la decisión, nadie quiso quitársela de la cabeza para poder contar con el favor real en medio de las luchas cortesanas. «Engañado de sus ministros» fomentado «con el aplauso de los que muriendo por una privanza viven de muchas lisonjas», pudieron más «las lisonjas de algunos suyos a que estuvo rendido»; «pudo tanto la ambición y el temor de perder la gracia del rey, que no solamente los nobles y magistrados, más aun aquellos príncipes que pudieran forzarlo, no osaron hablar, ni oponerse un punto a su voluntad, antes le alababan y engrandecían el pensamiento».

Entre quienes más apoyaron las locas ansias de guerra del rey, estuvieron los clérigos, que no se vieron libres de la crítica:
  • «De qué fruto le fueron al rey Don Sebastián de Portugal los maestros clérigos de ropa larga que las desmamaron y criaron con las guerras de África sobre todas las del mundo peligrosísimas, y que no se contentase con el reino que Dios le había dado, rico y floreciente? No sirvió pues esta su educación sino a su natural braveza, añaderle nueva ferocidad, con que se perdió [...]. Al eclesiástico la paz, policía, reformación de costumbres, premáticas, gobierno suave le son propios; todo lo demás le es impropio, absurdo y ridículo».
Juventud, imprudencia, presuntuosos deseos de gloria, malos consejeros, improvisación, tuvieron una consecuencia anunciada: el desastre y la desolación. Tras llegar a Lisboa las negras noticias del norte de África, la desesperación se apoderó del reino :
  • «de los hombres, muchos se dolían, otros maldecían al rey y a los que le habían dejado pasar a África, quien daba la culpa al próprio rey, quien a sus privados, quien al cardenal, quien a la cámara de Lisboa,porque no habían impedido tan loca determinación».


Cortesia de wikipedia

En medio de este marasmo, antes y después de la campaña, solo un actor recibe alabanzas por su buen juicio: Felipe II. Fue el Habsburgo el que antes y después de la campaña intentó disuadir a su sobrino don Sebastián, y especialmente durante las conversaciones que mantuvieron ambos en el santuário de Guadalupe que todos resaltan. Si se perdió el reino, si se perdió el rey, fue:
  • «por haber tomado empresa tan excusada y no seguido los saludables consejos del rey Filipo, su tío, ni haber querido arrostrar a los prodigios y señales del cielo».
El desastre de Alcazarquivir y la posterior unión de las Coronas, se tiñe también de providencialismo: es el castigo divino el que humilla a los portugueses, «por los pecados del tiempo de la prosperidad:
  • «Pero como quería Dios castigar aquel pueblo, por sus ocultos júcios, ellos mismos se iban a África, con tanto peligro, dejando el reino pobre, por los gastos que se habían originado de esta determinación, sin dinero, sin nobleza, sin heredero, y en manos de cuatro gobernadores malquistos. Lástima de las mayores que han sucedido en el mundo, y particular juicio de Dios, que habiendo ellos sido tan grandes soldados, que tanto supieron de guerra y tantos reyes bárbaros habían domado, en aquella ocasión de tanta importancia le cegó al rey su propia confianza».
Un castigo divino que tuvo como compensación la unión de las Coronas:
  • «Débense dar muchas gracias a Dios por el buen paradero que tuvo una calamidad tan grande, pues teniendo ua Dios, una Fe, un Bautismo, una Iglesia y una naturaleza, ha sido él servido que también estemos todos a la sombra de un rey, que hace con su potencia formidable la nación española en todo el mundo».
El análisis que los autores hicieron del gobierno del rey Sebastián y de su campaña africana ruvo un fin claramente político. Por un lado, la decadência del reino, la imprudencia de su monarca mancebo, las luchas cortesanas y los malos consejeros auguraban un desastre que, una vez sucedido, sólo podia ser superado gracias al gobierno de qúen, según todos ellos, tenía los mejores derechos sucesorios a la corona portuguesa. Fue don Sebastián, no Felipe II, el principal responsable del futuro de su reino». In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FCGulbenkian/JDACT

sábado, 22 de outubro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «La aportación pecuniaria solicitada a los cristianos nueyos “fue, según Faria, uno de los auspicios de desventura del viaje”. En definitiva, una empresa “en que no se dio paso acertado, ni faltó desorden, confusión, ni prodigios que no anunciasen mucho antes el lastimoso fin que tuvo”»

Cortesia de fcg

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Según Herrera; …en lugar de proveer de buenas armas, todo era galas; y en lugar de vitualla, todo era conservas y delicadezas, y a los caballeros no faltaba nada, pero los soldados morían de hambre…». Y, en esto, el español sigue a Conestaggio: los portugueses hicieron todo «contra el parecer de los verdaderos soldados, los cuales creen que cuando el hombre va a combatir vestido de seda y oro, queda muerto o cargado de hierro, y cuando va cargado de hierro, vuelve vitorioso y cargado de oro». Un ejército, escribía Cabrera de Córdoba, de «miserables», «menestrales, cabreros, labradores, listados por fuerza», mal disciplinados. Faria y Sousa se dolía, asimismo, del alistamiento obligado de las gentes; de los caballeros que lo acompañaban que «parecían que iban a algún festín», de tal forma que al partir la flota «más parecía lleyar despojos al campo que fuerzas a la pelea, o por lo menos que no iban a la guerra».

Cortesia de fcg

A las levas obligatorias se sumó la siempre temida subida de impuestos. según Conestaggio, la mala administración y los excesivos gastos incrementaron las imposiciones, «causa de maldiciones y exclamaciones en los pueblos». El dinero era escaso por causa de «un rey tan gastador y pródigãr» y de unos privados que se habían apoderado de las rentas reales. Para Herrera, las exacciones, aplicadas a todos, hicieron «opresión al pueblo». Ni siqúera tenía una justificación religiosa:
  • «mayormente no siendo esta guerra a favor de la religión cristiana, ni tan justificada que por ley alguna quedase Don Sebastián obligado a seguirla con su persona».
Los gobernantes portugueses optaron, además, por buscar apoyos interiores y exteriores sospechosos. La aportación pecuniaria solicitada a los cristianos nueyos «fue, según Faria, uno de los auspicios de desventura del viaje». El perdón que se había dado «a los de la nación hebrea [...] por ciertas cantidades con que sirvieron para el apresto de la Armada» fue una decisión fatal. No había que olvidar tampoco el apoyo logrado por don Sebastián por parte del rebelde príncipe de Orange, gue le facilitó la llegada de un contingente de 2800 alemanes, holandeses y valones, con gran asombro y disgusto de Felipe II. En definitiva, una empresa «en que no se dio paso acertado, ni faltó desorden, confusión, ni prodigios que no anunciasen mucho antes el lastimoso fin que tuvo».

Cortesia de enwikipedia

Mas la responsabilidad no fue solo del monarca mozo. Los malos consejeros fueron decisivos. Primero, en su formación: para Luis de Bavia, traductor de Conestaggio, don Sebastián, a pesar de los consejos de su tío Enrique:
  • todo el gusto del rey era tratar de guerra, hacer jornadas, ganar reinos, ensanchar el suyo por este medio, ejercitándose solamente en lo que para esto podía ser necesario, en que no tenían poca culpa los que andaban más cerca de su persona, no reprimiendo tan alrivos y aun dañosos pensamientos, antes los fomentaban con esperanzas de grandes vitorias, queriendo por este camino adelantarse cada uno en su gracia, desdicha común de príncipes, que raras veces oyen lo que les importa y muchas lo que no les va mucho en oírlo.
Cuando don Sebastián, con catorce años, se hizo con el gobierno de reino:
  • en el tiempo que más se había de ocupar en las letras y ejercicios con que se aprende el gobierno político, le inclinaban los que andaban cerca de sus personas a guerras y novedades, y siendo como era de espíritu levantado, imprimían en él fácilmente este deseo...
In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FCGulbenkian/JDACT

sábado, 15 de outubro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «La derota fue, en definitiva, el “castigo de quien se arroja temerario a los riesgos y aventura las vidas de sus vasallos” por solo el fìn de hacerse memorable»

Cortesia defcg

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Fueron sin embargo la personalidad y la imprudencia temeraria del monarca las que, sin duda, marcaron el destino de la nación portuguesa. «Rey mozo, pequeño, pobre y arriscado», «más brioso que cuerdo», faltábale «por su poca edad, la prudencia, que modera nuestras acciones». «Vanidad e intempestiva celeridad» fue lo que, según Barbosa, «1e quitó [al rey] de las manos un cierto y casi conquistado Imperio en África». Conestaggio 1o califica como «mozo de ánimo belicoso», «poco experimentado, [que] pensaba más de lo que podia».

Para el cronista Herrera don Sebastián perseveraba en sus propósitos de conqústar el Norte de Áfr iça, «sin medirlos con la razón» e inqúetaba su reinoy le apartaba del sosiego y paz que gozaba». Por eso la derrota de Alcazarquivir fue fruto de una «guerra guiada de una.parte de un desordenado y ambicioso deseo de gloria». Imprudencia juvenil es también el argumento de Baena: «oh cuánto pronostica la experiencia de los años! Cuántos ejemplos desperdicia la juventud y cuántos enemigos convoca contra sí la confianza!». El mismo Baena, tras repasar las razones que hizo el monarca portugués a sus vasallos para justificar su empeño, reflexiona de esta manera sobre la responsabilidad del desastre:
  • «Es la república un cuerpo místico, cuya cabeza es el rey' y los vasallos los demás miembros. Cada miembro particular se debe a la utilidad de todo el compuesto. Bien es que todos obedezcan a la cabeza, porque en ella está vinculado el gobierno de todos; pêro no es justo que esta los encamine al.precipicio; y como tengan obligación las partes, en razón natural y política (según doctrina de Aristóteles) a conservar su todo, de aquí es, que ni el rey es de sí mismo, ni los vasallos son dél para arriesgarse ni arriesgarlos, si no es en ocasión tan precisa que sea conveniencia de todos…».
La derota fue, en definitiva, el «castigo de quien se arroja temerario a los riesgos y aventura las vidas de sus vasallos por solo el fìn de hacerse memorable».
A la imprudencia se sumó, además, la improvisación. La exqedición africana estuvo malpreparada desde el principio: no se valoró en su justa medida la fuerza del contrincante, no fueron aceptadas sus ofertas de paz, no se formo un cuerpo de ejército capaz, se procuro la ayuda de aliados impropios». In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FCGulbenkian/JDACT

quinta-feira, 6 de outubro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «La Batalla de Alcazarquivir; “una jornada tan inconsiderada no podia tener feliz suceso”. En el fin deste año de1577, junto a la estrella de Marte, se vio en el ciel un grandísimo cometa que iba derechamente caminando al mediodía, y por largo rato se mostraba cada noche con una larga y resplandeciente cola»

Cortesia de fcg

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII.
«La sucesión de Felipe II en el reino de Portugal, en 1580, fue uno de los hitos de su reinado: con Portugal el monarca hispano se hacía con un império ultramarino de primer orden, unia los reinos de la península bajo un-solo cetro, abría posibilidades de vencer a los rebeldes flamencos y de emprender la lucha contra Francia e Inglaterra. Todo esto estuvo precedido y rodeado de unas circunstancias novelrscas:
  • La trágica muerte de Don Sebastián en una fantasiosa campña en el Norte fue objeto de atención de los cronistas de los siglos XVI y XVII, com repercusión en toda Europa; la aparición de sebastianes fingidos que reclamaban su trono frente a la autoridad castellana se menciona en no poças ocasiones; el impacto internaciuonal de la unión de las Coronas estuvo presente en buena parte de las historias.
Si bien la historiografía portuguesa ha puesto un énfasis especial en su estúdio, son menores las referencias al impacto que la batalla, la muerte y la union tuvieron en la historiografia castellana y publicada en español durante los siglos XVI y XVII.

La Batalla de Alcazarquivir; «una jornada tan inconsiderada no podia tener feliz suceso»
En el fin deste año de1577, junto a la estrella de Marte, se vio en el ciel un grandísimo cometa que iba derechamente caminando al mediodía, y por largo rato se mostraba cada noche con una larga y resplandeciente cola. Y porque Nuetro Señor, por sus secretos juicios, tenía dispuesto lo que fue del rey don Sebastián.

Cortesia de aesperadengodo e fcg

La muerte el 4 de Agosto de 1578 del rey don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir llenó numerosas páginas de las obras de los historiadores y cronistas españoles del Siglo de Oro. Es cierto que la mayor parte de los autores alabó la rotunda defensa de la religión del rey, su valor, «su ardimiento».

Conestaggio no dejó de resaltar sus «excelentes calidades, su magnanimidad, su liberalidad, su celo de la religión, su deseo de la gloria militar, la gallardía de su cuerpo, su fortaleza de ánimo. Gómez Miedes se mostraba comprensivo hacia la campaña, al menos en un primer momento, tanto por razones estratégicas, era una oportunidad para mejorar la defensa de las plazas portuguesas en Marruecos, como por las honorables ansias de gloria:
  • «deseosísimo de aventajar con esta guerra su nombre y fama a todas las victorias y triunfos ganados en la África por sus antepasados».
Para el padre Mariana don Sebastián se guió del «fervor de su mocedad y del deseo encendido que tenía de extender en África el nombre de Cristiano».
Pero en la balanza del júcio político la figura del rey sebastirin fue duramente criticada, especialmente a partir del trabajo del genovés Gerolamo Conestaggio de Franchi (1530-16??), que vivió de primera mano los acontecimientos portugueses cuando residía en Lisboa y escribió su “Dell’unione del regno di Portogallo alla corona di Castiglia”, publicada en Génova en 1585, de gran influencia posterior tanto para cronistas como para dramaturgos. De hecho, el libro de Conestaggio, que fue traducido al español en 1610, llegó a ser prohibido:
  • El Conestagio, genovés, en la historia del rey Don Sebastián de Portugal, de tal manera profesa sacrificar a la neutralidad, que dice ser lo contrario en el histórico, vicio de idolatría, y con todo eso sus libros fueron recogidos en España, de mandado del rey Don Felipe Segundo, por descubierta pasión contra portugueses.
Portugal vivia, ya en los inicios del reinado de Sebastián, un período de decadencia en sus costumbres. Para Conestaggio la «corrupción de costumbres y delicadeza del reino, introducida de los regalos de la Asia», estaba presente en el reinado de don Sebastián, quien, a pesar de la acción de los padres jesuitas, «no supieron aplicar remedio conveniente a un cuerpo tan enfermo».Juicio compartido por el portugués Pedro Homem Barbosa:
  • En tiempos del rey D. Sebastián, empezó a cundir lo principal y más dañoso desta pestilencia. Entonces se admitieron por primera vez las galas extranjeras, cosa que algunos quisieron después convertir a pronóstico de la unión que en breve se vidó destas dos Coronas, y aun lo pusieron por escrito…
In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FC Gulbenkian/JDACT