sexta-feira, 11 de novembro de 2011

Jesús M. Usunáriz. Siglo de Oro. Relações Hispano-Portuguesas no século XVII. «Juventud, imprudencia, presuntuosos deseos de gloria, malos consejeros, improvisación, tuvieron una consecuencia anunciada: el desastre y la desolación. Tras llegar a Lisboa las negras noticias del norte de África, la desesperación se apoderó del reino»


Cortesia de fcg

NOTA: Texto na versão original

D. Sebastián, Alcazarquivir, la unión de las Coronas y el conflicto internacional en las crónicas y relaciones de sucesos de la España de los siglos XVI y XVII
«Rodeado de aduladores, empeíado en emular las grandes expediciones de sus antepasados en Asia, algunos consejeros lograron desviar sus brios hacia empresas más cercanas: África. Una propuesta hecha «con poco júcio, porque si bien era difícil apartarlo totalmente de la empresa de la India, y por esto convenir el inclinarle a otra, debieran tener consideración de no quitarle de un mal para metelle en otro mayor».
Una vez tomada la decisión, nadie quiso quitársela de la cabeza para poder contar con el favor real en medio de las luchas cortesanas. «Engañado de sus ministros» fomentado «con el aplauso de los que muriendo por una privanza viven de muchas lisonjas», pudieron más «las lisonjas de algunos suyos a que estuvo rendido»; «pudo tanto la ambición y el temor de perder la gracia del rey, que no solamente los nobles y magistrados, más aun aquellos príncipes que pudieran forzarlo, no osaron hablar, ni oponerse un punto a su voluntad, antes le alababan y engrandecían el pensamiento».

Entre quienes más apoyaron las locas ansias de guerra del rey, estuvieron los clérigos, que no se vieron libres de la crítica:
  • «De qué fruto le fueron al rey Don Sebastián de Portugal los maestros clérigos de ropa larga que las desmamaron y criaron con las guerras de África sobre todas las del mundo peligrosísimas, y que no se contentase con el reino que Dios le había dado, rico y floreciente? No sirvió pues esta su educación sino a su natural braveza, añaderle nueva ferocidad, con que se perdió [...]. Al eclesiástico la paz, policía, reformación de costumbres, premáticas, gobierno suave le son propios; todo lo demás le es impropio, absurdo y ridículo».
Juventud, imprudencia, presuntuosos deseos de gloria, malos consejeros, improvisación, tuvieron una consecuencia anunciada: el desastre y la desolación. Tras llegar a Lisboa las negras noticias del norte de África, la desesperación se apoderó del reino :
  • «de los hombres, muchos se dolían, otros maldecían al rey y a los que le habían dejado pasar a África, quien daba la culpa al próprio rey, quien a sus privados, quien al cardenal, quien a la cámara de Lisboa,porque no habían impedido tan loca determinación».


Cortesia de wikipedia

En medio de este marasmo, antes y después de la campaña, solo un actor recibe alabanzas por su buen juicio: Felipe II. Fue el Habsburgo el que antes y después de la campaña intentó disuadir a su sobrino don Sebastián, y especialmente durante las conversaciones que mantuvieron ambos en el santuário de Guadalupe que todos resaltan. Si se perdió el reino, si se perdió el rey, fue:
  • «por haber tomado empresa tan excusada y no seguido los saludables consejos del rey Filipo, su tío, ni haber querido arrostrar a los prodigios y señales del cielo».
El desastre de Alcazarquivir y la posterior unión de las Coronas, se tiñe también de providencialismo: es el castigo divino el que humilla a los portugueses, «por los pecados del tiempo de la prosperidad:
  • «Pero como quería Dios castigar aquel pueblo, por sus ocultos júcios, ellos mismos se iban a África, con tanto peligro, dejando el reino pobre, por los gastos que se habían originado de esta determinación, sin dinero, sin nobleza, sin heredero, y en manos de cuatro gobernadores malquistos. Lástima de las mayores que han sucedido en el mundo, y particular juicio de Dios, que habiendo ellos sido tan grandes soldados, que tanto supieron de guerra y tantos reyes bárbaros habían domado, en aquella ocasión de tanta importancia le cegó al rey su propia confianza».
Un castigo divino que tuvo como compensación la unión de las Coronas:
  • «Débense dar muchas gracias a Dios por el buen paradero que tuvo una calamidad tan grande, pues teniendo ua Dios, una Fe, un Bautismo, una Iglesia y una naturaleza, ha sido él servido que también estemos todos a la sombra de un rey, que hace con su potencia formidable la nación española en todo el mundo».
El análisis que los autores hicieron del gobierno del rey Sebastián y de su campaña africana ruvo un fin claramente político. Por un lado, la decadência del reino, la imprudencia de su monarca mancebo, las luchas cortesanas y los malos consejeros auguraban un desastre que, una vez sucedido, sólo podia ser superado gracias al gobierno de qúen, según todos ellos, tenía los mejores derechos sucesorios a la corona portuguesa. Fue don Sebastián, no Felipe II, el principal responsable del futuro de su reino». In Jesús M. Usunáriz, Siglo de Oro, Relações Hispano-Portuguesas no século XVII, Fundação Calouste Gulbenkian, Colóqui Letras, 2011.

Cortesia da FCGulbenkian/JDACT